
Barack Husein Obama desembarcó en la Casa Blanca el 20 de enero. El primer presidente negro de EEUU despertó unas expectativas descomunales y casi imposibles de satisfacer. Obama dio un giro radical a la política belicista de George Bush y ganó adeptos con sus discursos, como aquel famoso en El Cairo en junio en el que tendió una mano al mundo islámico. Para restablecer la imagen de EEUU en el mundo canalizó todos sus esfuerzos en dos sentidos: por un lado impulsó las conversaciones de paz entre Israel y Palestina; por otro, prometió que la cárcel de Guantánamo echaría el cierre en enero de 2010. Pese a que ninguno de esos propósitos se ha cumplido, a Obama se le concedió el Premio Nobel de la Paz. La decisión fue controvertida y sorprendió al propio galardonado. Pocos días antes de recoger el premio en Oslo, el comandante en jefe de EEUU ordenó mandar 30.000 soldados más a Afganistán.

La Unión Europea sacó adelante de una vez por todas el Tratado de Lisboa. Tras el no de Irlanda en junio de 2008, se abrió un periodo de incertidumbre que se cerró con la ratificación de Dublín un año después. Los países reticentes como Polonia y, sobre todo, la República Checa, acabaron por dar el visto bueno a un texto que dota a los 27 de dos caras visibles. El 1 de enero, el belga Martin Van Rompuy y la británica Catherin Ashton comenzarán a trabajar como presidente del Consejo Europeo y líder de la Diplomacia Europea respectivamente. Los jefes de Gobierno europeos escogieron a dos desconocidos para guiar la Europa que lucha por salir de la crisis. Además, las elecciones al Parlamento Europeo del pasado mes de junio dieron un gran triunfo a la derecha europea que, a pesar de la crisis, ha conseguido afianzarse. Jose Manuel Durao Barroso seguirá siendo el presidente de la Comisión esta legislatura.

El año comenzó con una nueva Guerra en Oriente Medio. En diciembre, Israel invadió la franja de Gaza. El uno de enero de este año, Nizar Rayyan, un dirigente de la organización extremista Hamás, estaba rodeado de la familia cuando una bomba de una tonelada cayó sobre su casa de cuatro plantas en Gaza. En aquel ataque de la aviación israelí murieron 11 personas, entre ellos mujeres y niños. La operación Plomo fundido duró tres semanas y acabó con la vida de 1.400 personas, la gran mayoría civiles. La situación humanitaria en Gaza es desesperada un año después. Palestinos e Israelíes no han avanzado en las conversaciones de paz. Israel prosigue con los asentamientos y se niega a la division en dos estados. Mahmud Abás anunció que no sepresentará a la reelección. Se teme que Hamás aproveche la situación para dividir aún más a los palestinos. Tanto la organización islamista como Israel están acusados de crímenes de Guerra.

El tiempo se agota para las tropas de la OTAN. Ocho años después de que comenzara la Guerra en Afganistán, los talibanes siguen controlando la mayor parte del territorio, atemorizan a la población y discriminan a las mujeres. Los atentados contra las tropas internacionales se intensificaron este año, que fue especialmente nefasto para los soldados británicos. Los civiles han perdido la poca confianza que tenían en la ISAF. Los constantes bombardeos contra civiles han acabado por dar una Buena excusa a la insurgencia. El general Stanley McChrystal, jefe de los aliados pidió 30.000 soldados más para ganar la guerra. Obama se los concedió. En Afganistán cambiaron tan pocas cosas este 2009, que hasta Hamid Karzai sigue gobernando. El pasado mes de agosto tuvieron lugar las segundas elecciones democráticas. El pucherazo demostrado en las urnas no fue suficiente para un cambio en el Gobierno. Occidente siguió contando con Karzai, a pesar de que la corrupción parece a veces un peligro mayor que los propios talibanes.

La victoria fraudulenta de Mahmud Ahmadineyad en Irán en junio originó las mayores protestas desde la revolución de los ayatolás en 1979, que fueron reprimidas brutalmente por las fuerzas del orden. Así, durante la fiesta de Ashura en diciembre se reprodujeron las cargas policiales contra los manifestantes iraníes que se saldaron con ocho muertos y hasta 300 detenidos, según los manifestantes, entre los que se encontraba el sobrino del líder opositor Mir Husein Musaví. Mientras, las restricciones impuestas a los medios de comunicación impiden a menudo contrastar la información obtenida de fuentes oficiales o webs reformistas. El verde, el color de la protesta Irán seguirá siendo protagonista en el país hasta que se tengan en cuenta reivindicaciones que van mucho más allá de las estructuras que mantienen al régimen en pie. Por otro lado, Irán mantiene su pulso con la comunidad internacional a través de su programa nuclear. La tensión ha aumentado después de que algunas informes apuntan a que el Gobierno de Ahmadineyad tiene capacidad para crear una bomba atómica y de una prueba de un nuevos misil iraní de largo alcance con un recorrido de más de 2.000 kilómetros.

En América Latina volvieron los fantasmas de un pasado que se creía superado en forma del derrocamiento del presidente Manuel Zelaya en Honduras a manos de la oligarquía del país. Fue uno de los fracasos más sonados de la comunidad internacional, empezando por Washington, que no consiguió torcer el brazo a los golpistas que pudieron celebrar elecciones sin haber restablecido el orden constitucional. El golpe en Honduras acentuó la brecha entre los países latinamericanos que se había abierto con el acuerdo entre Bogotá y Washington para instalar siete bases militares de EEUU en Colombia. El plan del presidente colombiano Álvaro Uribe ha empeorado las ya muy tensas relaciones con Venezuela y los tambores de guerra suenan cada vez más fuertes.

En Sri Lanka terminó una guerra después de 26 años, el conflicto más antiguo de Asia. Pero la victoria del Gobierno ceilandés sobre la guerrilla de los tamiles tuvo un precio muy alto. Unos 300.000 tamiles, la inmensa mayoría civiles, fueron encarcelados en campos y sólo la presión internacional ha logrado que sean liberados poco a poco. La guerra ha dejado centenares de miles de heridas abiertas y a un país que debe afrontar su reconstrucción política y social bajo el yugo de una grave crisis humanitaria.

Más de 30 mandatarios mundiales de ayer y hoy se reunieron en Berlín para conmemorar el 20 aniversario de la caída del Muro. Del mismo modo, decenas de miles de personas se concentraron bajo una fuerte lluvia el 9 de noviembre frente a la Puerta de Brandeburgo para derrumbar los últimos restos simbólicos de una barrera simbólica que separó en dos bloques al mundo: mil piezas de dominó de más de 2 metros de altura colocadas sobre el antiguo trazado fronterizo. Los líderes de la UE se reunieron bajo el amparo de un acto multitudinario buenas palabras y propósitos para exaltar el valor de la libertad y no olvidar todos los muros que aún quedan por derrumbar.

La ONU advirtió en septiembre de la gran crisis alimentaria que asola a las partes más desprotegidas del mundo y de las consecuencias del “mínimo histórico” en el flujo de ayuda humanitaria, situado en su nivel más bajo en 20 años. 2009 era el año para poner sobre la mesa soluciones al respeto, pero una vez más los países ricos han fracasado por su falta de compromiso en el documento final de la cumbre sobre Seguridad Alimentaria celebrada en la sede de la FAO en Roma en noviembre. Mientras tanto, el hambre en el mundo afecta ya a más de mil millones de personas (20 millones padecen hambre severa con peligro de muerte inmediata), con especial incidencia en el África subsahariana y en el sureste asiático. La ONU ha vuelto a exigir a las grandes economías mundiales que coloquen la agricultura en el centro de la agenda política para erradicar el problema.

Silvio Berlusconi fue agredido con una miniatura del Duomo de Milán al finalizar un mitin. El Gobierno italiano no perdió el tiempo y en seguida acusó a la izquierda del suceso y de sembrar la crispación en la sociedad. Por su parte, la oposición se defendía aduciendo que ha sido el propio Berlusconi quien ha llevado a Italia a su situación actual. Sea como fuere, Il Cavaliere aprovechaba la agresión para convertirla en una oportunidad política para renovar la confianza de su electorado y, así, de paso, allanar el camino para aprobar un escudo judicial para protegerse de sus juicios pendientes. Las imágenes del primer ministro italiano ensangrentado y con dos dientes partidos ya han empezado a tener sus consecuencias. Y es que mientras su popularidad frena su caída e, incluso, recupera puntos en las encuestas, un sector de la oposición ya ha dado signos de querer ayudarlo a eludir la Justicia. Por si fuera poco, se ha abierto la veda para discutir una reforma constitucional con la que el líder de la derecha italiana pretende aumentar su poder.