Publicado: 24.01.2016 08:36 |Actualizado: 24.01.2016 08:36

Unos 4.000 refugiados se hacinan en un antiguo aeropuerto de Berlín en condiciones casi insalubres

Con su capacidad sobrepasada, sin duchas y sin cocina, el antiguo aeropuerto de Tempelhof acoge a miles de refugiados en el frío invierno de la capital alemana.

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Las Fuerzas Armadas alemanas preparan el aeropuerto de Tempelhof, en Berlín, para recibir a los refugiados. REUTERS

Las Fuerzas Armadas alemanas preparan el aeropuerto de Tempelhof, en Berlín, para recibir a los refugiados. REUTERS

BERLÍN.- El 25 de mayo de 2014, el mismo día de las elecciones europeas, hubo un referéndum en Berlín para que los ciudadanos decidiesen si querían que Tempelhofer Feld (un antiguo aeropuerto en el centro de la ciudad, que quedó inactivo en 2008) siguiese como parque, conservando sus pistas intactas y su principal edificio, o que se construyesen viviendas en ese espacio. Finalmente ganó la opción de dejarlo como espacio libre en el que los habitantes de Berlín usualmente pasean en bicicleta o incluso hacen windsurf en las pistas de aterrizaje.

Este otoño, debido a la llegada de refugiados procedentes de Siria, se decidió utilizar el edificio como vivienda para algunas familias que iban llegando. Lo que inicialmente sería un espacio de acogida para unas 600 personas, con el paso de los meses se ha convertido en un improvisado albergue que aloja ya a unas 4.000. Según denuncian desde el Consejo de Refugiados de Berlín en sus periódicos informes sobre la situación, los refugiados en el aeropuerto de Tempelhof se hacinan en condiciones de insalubridad, ya que no cuentan con duchas en el propio edificio y tienen que trasladarse en autobuses fletados en grupos de 60 personas a gimnasios y polideportivos para poder asearse.



Los vecinos piensan que el proyecto de construir viviendas en el aeropuerto es una estratagema para invalidar la consulta ciudadana de 2014, que se considera uno de los mayores triunfos ciudadanos de Berlín

El gobierno berlinés planea ahora construir una superficie de 225.000 metros cuadrados en el propio parque para dar acogida a 7.300 personas más, con una escuela sólo para refugiados, algo que desde las asociaciones de ayuda a refugiados y movimientos sociales de la ciudad se ve como un intento de creación de gueto para aislarlos de la sociedad alemana. Es por eso que los vecinos del barrio, el Consejo de refugiados, asociaciones y algunos partidos políticos se han puesto a trabajar para paralizar este proyecto, alegando que están a favor de la acogida pero en condiciones dignas y sin que sean apartados socialmente. Además piensan que este proyecto es una estratagema para invalidar la consulta ciudadana de 2014, que se considera uno de los mayores triunfos ciudadanos que Berlín recuerda en los últimos años.

Otro factor importante a destacar es el diseño de los nuevos edificios, que contarán solamente con una cocina y carecen de salidas de emergencia adecuadas o áreas de evacuación, algo que estos agentes sociales creen peligroso e indigno. El pasado jueves se reunieron en una asamblea de 1400 personas para decidir las acciones concretas que van a llevar a cabo. En este foro se propusieron alternativas al uso del edificio ya existente, como que se convierta en un centro para la integración de los refugiados, centro de deporte para estas mismas familias o sitio de ocio en el que puedan interactuar con los vecinos, mientras son trasladados a edificios más preparados para las duras condiciones climáticas del invierno berlinés, que amanece nevado desde hace más de una semana.

“Berlín es una ciudad que cuenta con múltiples edificios vacíos que pueden rehabilitarse para acoger a refugiados, sin necesidad de construir nuevos inmuebles que destruyan parques como el de Tempelhof”, alegan desde el movimiento 100 % Tempelhofer Feld, uno de los que más campaña hicieron para mantener el aeropuerto como espacio verde antes del referéndum.

Las carencias en el actual edificio son preocupantes. La falta de duchas en las instalaciones ha supuesto que se produzca una epidemia de piojos. Tampoco cuentan con lavandería. Además para entrar a las estancias del aeropuerto hay que pasar por seis puertas de seguridad, lo cuál hace de este edificio un lugar poco práctico en el que vivir. No disponen de cocina propia, así que tienen que alimentarse a través de caterings organizados, sin posibilidad de poder cocinar sus propios alimentos. No se les permite trabajar legalmente, sólo un máximo de tres horas al día, por el que reciben un salario de 1,5 euros la hora, según denuncia el Consejo de Refugiados.

“Berlín es una ciudad que cuenta con múltiples edificios vacíos que pueden rehabilitarse para acoger a refugiados, sin necesidad de construir nuevos inmuebles que destruyan parques como el de Tempelhof”

Uno de los que se oponen a la construcción del nuevo edificio es Daniel Motino, activista catalán afincado en Berlín desde hace 11 años. Denuncia que “se quiere utilizar a los refugiados como tapadera para abrir la puerta a la especulación inmobiliaria y alimentar la burbuja urbanística que se está creando, alimentada por las políticas del senado berlinés y gobernadas por la Gran Coalición que capitanea Angela Merkel”.

Al mismo tiempo, también aumenta el racismo por otra parte de la sociedad alemana. A los ataques a centros de refugiados registrados el pasado año, hay que sumar la mala prensa que se está dando a esta acogida desde otros sectores. La cadena pública alemana ARD exhibe en su página web una guía de comportamiento para los refugiados en Alemania, en la que la mayoría de situaciones son absurdas e iguales en el resto del mundo, como que no se debe recurrir a la violencia o que se puede acabar en prisión si se comete un delito.

Tampoco se han mostrado muy favorables a la integración los socios de Merkel, el partido socialdemócrata alemán. Su líder, Sigmar Gabriel, declaraba hace pocos días que “hay que evitar una acogida masiva de refugiados para que se pueda garantizar una buena integración”. No se quedó corto el presidente alemán, el independiente Joachim Gauck, que dijo que “no es inmoral establecer una cuota máxima de refugiados”, en vista de que la política de reparto por países, por la que abogaba Angela Merkel, ha fracasado.

En Baviera ya han empezado a requisar bienes a los refugiados. Las pertenencias que sobrepasen los 750 euros podrán ser requisadas por la policía federal

El ministro de finanzas, que fue pieza clave en las negociaciones de la deuda de Grecia, argumenta que el tiempo se acaba y hay que tomar una decisión para “evitar el desborde”. La canciller Merkel veía cómo la semana pasada 44 de los parlamentarios de su partido firmaba una carta para pedirle un cambio en la política migratoria. Uno de los que más están presionando es su partido hermano, el bávaro CSU. Sumándose a las iniciativas de Suiza y Dinamarca, en Baviera ya han empezado a requisar bienes a los refugiados. Las pertenencias que sobrepasen los 750 euros podrán ser requisadas por la policía federal.

También en Baden-Württemberg, estado sureño gobernado por el Partido Socialdemócrata y los Verdes, se está ejecutando esta orden con bienes que sobrepasen los 350 euros. Se amparan en la legalidad de esta medida como cumplimiento de una ley nacional, que dice que toda persona solicitante de la ayuda social tiene que consumir primeramente sus propios bienes antes de recibir apoyo económico del estado.
El tiempo se agota también para miles de demandantes de asilo que esperan su aceptación para poder residir en Alemania. Mientras el hacinamiento, la insalubridad y el despojo de la dignidad de estas personas siga conviviendo con la xenofobia y la hostilidad política, no habrá espacio para cumplir los derechos humanos.