Los libaneses firman un pacto para impedir la guerra
El acuerdo beneficia a Hizbolá al reintegrarla al Gobierno, garantizándole el derecho de veto
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Tras seis días de intensas negociaciones en Doha, la capital de Qatar, los grupos libaneses prooccidentales y prosirios lograron ayer un acuerdo con el que esperan superar una prolongada crisis política que la semana pasada se manifestó en un conato de guerra civil.
Aunque el acuerdo aborda casi todas las cuestiones clave, lo más destacado es que otorga a la oposición liderada por Hizbolá el derecho de veto en las decisiones del Gobierno. Con esta decisión, la coalición del primer ministro suní, Fuad Siniora, cede a las demandas de la oposición.
Precisamente, la crisis estalló hace 18 meses cuando la oposición, que contaba con seis carteras en el Gobierno de unidad, abandonó la coalición porque se le negó el derecho de veto que sólo podía obtenerse con diez ministros.
El acuerdo de Doha establece que el nuevo Gobierno contará con 16 ministros de la mayoría, once de la oposición y tres que serán designados por el presidente. Esos once ministros son suficientes para vetar las decisiones del Gabinete. Un segundo punto estipula que en las próximas horas se convocará al Parlamento para elegir al presidente del país. La mayoría y la oposición ya han consensuado el candidato, Michel Suleyman, jefe del Ejército, quien llenará la vacante que dejó Emile Lahoud cuando expiró su mandato en noviembre.
Arsenal de Hizbolá
El nuevo presidente convocará un diálogo sobre el arsenal de Hizbolá, aunque parece muy dudoso que ese diálogo fuerce a los islamistas a deponer las armas, máxime si se tiene en cuenta que la oposición cuenta con derecho a veto. De cara a las elecciones legislativas de 2009, se ha decidido modificar algunas circunscripciones de manera que se dé mayor representatividad a las minorías.
El censo en vigor fue realizado por los franceses en 1932 y no se ha renovado desde entonces por la oposición de los cristianos. Aquel censo penaliza a las minorías que más han crecido desde 1932, y muy especialmente a los chiíes.La mayoría de los analistas subraya que se trata de una victoria clara de Hizbolá, sobre todo porque ha conseguido el derecho de veto que reclamaba para la oposición. En la práctica, esto significa que el Gobierno sólo podrá tomar decisiones por consenso.
Los políticos libaneses reaccionaron con satisfacción, aunque es evidente que la oposición tenía más motivos para alegrarse. Hizbolá prefirió mantener un perfil bajo. Un portavoz del grupo chií manifestó que el acuerdo "refuerza la coexistencia para construir el Estado". El primer ministro Siniora dijo lacónicamente que se trata de "un acuerdo excepcional para un momento excepcional", insinuando que la mayoría no ha tenido más remedio que ceder.
Siria e Irán destacaron que se trata de un acuerdo que dará estabilidad a Líbano y que se ha conseguido sin necesidad de recurrir a las potencias occidentales. Francia no se dio por aludida. Fue el primer país occidental en felicitarse con el deseo de que sirva de base para la "reconciliación nacional".
1 Comentario
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Ante un acuerdo tan importante me extraña el silencio de quienes desean el exterminio de los chiitas y su brazo politico militar. Que decimos ahora cuando los terroristas firman acuerdos con el gobierno y estos les parecen bien a los Estados Unidos, alguién ha quedado descolocado,

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