México responde a los narcos prometiendo una "ofensiva total"
El Gobierno dice que esta ganando la guerra contra los cárteles "aunque no lo parezca".
Dos policías mexicanos observan el cadáver de un hombre que apareció carbonizado hace una semana en el estado de Guerrero.
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Una "ofensiva total contra el crimen organizado". Ésta ha sido la promesa del Gobierno mexicano, anunciada ayer por el ministro de Seguridad Pública, Gerardo García Luna, ante la nueva demostración de poder de los cárteles de la droga en México, que el martes asesinaron a siete federales durante un tiroteo en una casa que los agentes pretendían registrar en Culiacán, la capital del estado de Sinaloa.
Otra batalla perdida en la guerra contra el narcotráfico -el diario El Universal la definía ayer como el mayor golpe asestado hasta ahora a las fuerzas federales- que las autoridades mexicanas no quieren asimilar a una derrota definitiva.
Sin embargo, su estrategia de lucha contra los señores de la droga está lejos de dar fruto. Bien al contrario, 2008 está siendo un año especialmente violento. Desde enero 1.461 personas han muerto asesinadas, según El Universal.
"Aunque no lo parezca, México va ganando la lucha contra el narcotráfico", defendió ayer el fiscal general de México, Eduardo Molina Mora, en una entrevista con la cadena de televisión Televisa.
La estrategia del Gobierno federal "va por buen camino", sostuvo este alto responsable. Quizás en el intento de conciliar esta afirmación con el elevado número de muertes, el fiscal explicó que "es evidente que cuando se le quitan recursos al narcotráfico y bajan sus ingresos se genera una descomposición que se expresa con violencia".
Un pastel más pequeño
Los narcotraficantes "tienen que competir ahora por un pastel más pequeño", recalcó el fiscal, y criticó "la falta de comprensión de los partidos de oposición y de los medios de comunicación sobre esta estrategia del Estado".
Esta crítica explícita del jefe de la Fiscalía aludía a las crecientes dudas sobre la eficacia de la guerra oficial contra el narcotráfico. Uno de sus aspectos más controvertidos es el escaso resultado que de momento ofrece el despliegue de 36.000 soldados en los estados bajo control de los cárteles, entre ellos el de Sinaloa.
Molina Mora justificó el envío del Ejército a las zonas controladas por los narcos. "No había otra opción", dijo. Calculó en "dos años o más" o "el tiempo que sea necesario" la duración del despliegue.Desde su llegada al poder en diciembre de 2006, la guerra contra los narcos ha sido una prioridad para el presidente Felipe Calderón.
En un momento en el que arrecian las críticas, el tiroteo en el que murieron el martes los siete policías pone al Gobierno mexicano en una situación aun más delicada.
Se imponía una respuesta del Ejecutivo a la violencia de los narcos y ésta ha sido la promesa de "ofensiva total" que el ministro García Luna anunció ayer.
El titular de Seguridad Pública se comprometió a reforzar las fuerzas federales desplegadas en Sinaloa, donde campa el cártel del mismo nombre a quien se atribuye el asesinato de los federales.
El ministro detalló, por ejemplo, que "se harán vuelos de reconocimiento, se aumentarán las patrullas y se mejorará la coordinación entre las autoridades federales, estatales y municipales para garantizar la seguridad".
Pero para los críticos de la estrategia oficial para esta guerra, esto no es suficiente. En el editorial de ayer de El Universal, se aludía a la "urgente necesidad de replantear la estrategia del combate" contra los cárteles.
El diario, uno de los más influyentes del país, no cuestionaba la "indispensable acción de la fuerza pública", pero instaba a que se tuviera en cuenta que esta actuación "no basta por sí sola para ganar esta guerra".
El editorialista censuraba que el combate contra los sicarios y los narcos no se extendiera "con igual energía" contra "quienes manejan las redes del blanqueo de dinero ni contra las cadenas de corrupción policial y judicial que favorece a los delincuentes".
Y proseguía: "Menos se ejerce acción alguna contra quienes desde el poder publico y económico protegen indudablemente a los magnates del tráfico criminal de estupefacientes, armas y personas".
La escasa colaboración de Estados Unidos, destino de la droga y origen de las potentes armas de los narcos, mereció también las críticas del diario.
"El 90% de las armas que llegan a los narcotraficantes mexicanos procede de EEUU pero son invisibles para unas autoridades estadounidenses muy ocupadas en perseguir indocumentados", concluye el editorial.
Asesinos a sueldo que dejan su firma
El tiro en la cabeza es una de las firmas que dejan los asesinos a sueldo que trabajan para los cárteles. Este método de ejecución sirve a veces para atribuirles los muertos. Como los cuatro policías que aparecieron asesinados el lunes en un coche en la zona de Culiacancito, en el estado de Sinaloa.
Otro de los métodos utilizados por los cárteles para intimidarse entre ellos es el de decapitar a sus víctimas y dejar junto a las cabezas cartulinas con mensajes de amenaza a sus rivales. Sólo el pasado 23 de mayo, doce personas aparecieron asesinadas en Ciudad Juárez y Durango. Seis de ellos habían sido decapitados.
Un día antes, el 22 de mayo, en la zona controlada por el cártel del Golfo, se hallaron tres cadáveres en una fosa común donde ya habían aparecido otros dos muertos.

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