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Los 12 apóstoles y 10 mandamientos del Tea Party

Pese a no tener una ideología definida, el movimiento ultraderechista de EEUU se guía por los principios individualistas que comparten sus líderes

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El movimiento Tea Party ha hecho del respeto literal de la Constitución la base de su plataforma electoral. Las ideas difieren mucho según los candidatos, pero una de las que mas enardece a sus seguidores es la reforma sanitaria de Barack Obama, que consideran un ataque directo a sus libertades personales y el primer paso hacia lo que ven como un

'Estado socialista'. Wahington 'está roto', según el Tea Party, y le toca a una nueva generación de políticos arreglarlo y ponerlo al servicio de los ciudadanos. Estos son sus principios, que llegan al sector más derechista del electorado del Partido Republicano:

El Tea Party toma su nombre de la rebelión de los colonos estadounidenses contra el Reino Unido que tuvo lugar en Boston en 1773 tras la aprobación del Acta del Té, que gravaba la importación a la metrópoli de distintos productos para beneficiar a la Compañía Británica de las Indias Orientales. Eliminar los impuestos es, por tanto, uno de sus puntos fundamentales. El movimiento quiere en particular mantener el llamado Bush tax que Obama ha decidido no renovar y que otorga generosas ventajas fiscales a los más ricos.

El que llaman Obama care (la sanidad de Obama) es la medida que más odio genera entre los simpatizantes. Los Tea Party piensan que las medidas del Gobierno precipitarán la burocratización de la sanidad. Estiman que los ciudadanos deben poder elegir tener o no seguro médico y que no le toca a Washington tomar decisiones en algo que consideran como un asunto exclusivamente personal.

Los Tea Party consideran cualquier injerencia del Gobierno perjudicial para la libre empresa. Estiman que la privatización de los servicios mejorará las prestaciones para los ciudadanos. En un país donde los estados mandan mucho, se desconfía de la autoridad federal de Washington.

La rebelión Tea Party odia a los políticos. Incluso a los republicanos. Es el aspecto más populista de los programas de los distintos candidatos que piden un mandato para cambiar las cosas en Washington. Aseguran que los congresistas están más preocupados en sus batallas partidistas que en el bienestar de los estadounidenses.

Los Tea Party quieren volver a los textos de los padres fundadores, la Constitución de 1787 y sus consiguientes enmiendas, para recuperar los auténticos valores de EEUU.

Estados Unidos, como todos los países occidentales, se enfrenta a una crisis de las pensiones. La solución de los Tea Party es promover seguros privados para reducir el déficit del Gobierno. Lo malo es que muchos fondos de pensiones han perdido millones en la crisis financiera.

Algunos candidatos, no todos, han pedido que se suprima el Ministerio de Educación y se permita la privatización de las escuelas. En todo caso, piensan que las políticas educativas deben competer a los estados, no al Gobierno federal.

El aborto es siempre un tema extremadamente conflictivo en Estados Unidos. Los Tea Party, al igual que la mayoría de los republicanos y algunos demócratas, quieren abolir la decisión de 1973 de la Corte Suprema, Roe versus Wade, que permite el aborto.

Algunos candidatos -es el caso de Sharron Angle en Nevada- quieren eliminar las leyes medioambientales porque estiman que perjudican a las empresas. Organizaciones cercanas al Tea Party, como la fundación Americans for Prosperity, ponen en duda que el calentamiento global sea consecuencia de las acciones del hombre y lo achacan a un fenómeno natural.

No son sólo los Tea Party, también los republicanos, pero la defensa de la segunda enmienda (el derecho a llevar armas) es una de las principales reivindicaciones de los candidatos, sobre todo en los estados del sur y del oeste.