La barbarie somos nosotros
Lo primero que sorprende al llegar al destartalado aeropuerto de Goma, la capital del coltán y de la muerte en la República Democrática del Congo, es el trajín de aviones pintados de blanco.
Ninguna señal externa ayuda a identificarlos, pero todo el mundo sabe qué se traen entre manos: sacan ilegalmente del país, con destino final a Occidente, la gran cantidad de minerales preciosos que alberga esta región de paisajes suizos y vida infernal: diamantes, oro, cobalto, estaño, manganeso... Y, sobre todo, coltán, imprescindible para nuestros móviles y nuestras videoconsolas.
De tanto querer a enseñar a pescar, se nos olvida muy a menudo lo esencial: que su miseria sólo se explica por los destrozos de la mano occidental. Si ésta desapareciera, nuestras cañas de pescar no les harían ninguna falta.
A los occidentales nos fascinan esas imágenes terribles de guerras tribales como las que han destrozado Congo. Pero basta con tirar un poco del hilo para descubrir —¡oh, horror!— que las guerras las hacen ellos con nuestras armas. Y que lo que se dirime al final de la cadena inextricable de señores de la guerra es la cuenta de resultados de nuestras empresas y nuestra comodidad. La barbarie somos nosotros.
4 Comentarios
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La barbarie es el capitalismo.
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La maldición de los paises "pobres" es tener grandes riquezas, ya sean petroleo, diamantes, oro, tantalio, etc...
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Totalmente de acuerdo. Es este el "progreso" que lleva el primer mundo al tercero. Que, hasta el momento, parecía ser el único que pagaba las consecuencias por la voracidad capitalista. Ahora, que los empresarios han decidido acabar con el Estado del Bienestar (con el que nos tenían sobornados haciéndonos creer que éramos sus socios) iremos a aprender. Aunque por ahora no se nota: los europeos seguimos votando a la derecha, según pudo verificarse en las elecciones al parlamento europeo. Habrá que sufrir más para que la mayoría (de ignorantes) se dé cuenta.
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¿Cómo evitarlo? ¿Dejaremos en verdad de vivir como reyes? Lo dudo. Tendrán que venir a quitarnos del trono y cortarnos la cabeza.

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