"Nuestro hijo ha desaparecido; creemos que ha intentado huir"
El éxodo masivo de alemanes del este a través de paÃses terceros en verano y otoño de 1989 precipitó el fin de la RDA
Unos 200 alemanes del este huyeron a través de la frontera austro-húngara el dÃa 19 de agosto de 1989. Les seguirÃan muchos más. - AP
En diciembre de 1988 tuve la primera noción de que algo raro estaba pasando en la República Democrática Alemana. En un hotel en las afueras de Praga, capital de la Checoslovaquia comunista, un grupo de cuatro adolescentes alemanes del oeste en viaje turÃstico-festivo escuchamos en una emisora de la Alemania oriental a Erich Honecker, jefe de Estado de la RDA, hablar sobre los preparativos del 40 aniversario del paÃs que se iba a celebrar el año siguiente. Al terminar el espeso discurso, sonó L.A. is my Lady de Frank Sinatra. Entre el asombro y las risas casi se nos atragantó la Pilsener. Subrayar el relato de los logros del socialismo real con la oda a una de las ciudades iconos del capitalismo parecÃa una fina ironÃa por parte del programador de aquella radio.
Tres dÃas más tarde, en Nochevieja, conocimos a un grupo de cuatro alemanes del este. No entendÃan por qué habÃamos elegido el mismo destino turÃstico que ellos para pasar el fin de año. "Pero si vosotros podéis viajar a ParÃs o Londres o Nueva York", decÃan incrédulos. Soñaban con conocer los Campos ElÃseos, Hollywood o la vida nocturna londinense. Por ahora, Praga era la mejor alternativa a la RDA, donde se respiraba un ambiente bastante más represivo. Frank Grünwald y sus tres amigos de Leipzig no se imaginaban que faltaba menos de un año para la caÃda del Muro de BerlÃn y el fin del encierro de 16 millones de personas.
En la Nochevieja de 1988, Frank sólo podÃa soñar con conocer ParÃs o LA
Cuando el vetusto reloj astronómico en el centro de Praga tocaba las doce, los ocho alemanes formamos un cÃrculo con varios checos para celebrar el año nuevo. Ellos empezaron a tararear el himno europeo: no la Oda a la AlegrÃa de Beethoven, sino la sintonÃa de Eurovisión. Muchos hogares de la RDA podÃan recibir la televisión occidental y las imágenes sugerÃan un mundo de luces y abundancia que fomentaba los deseos de irse a la otra parte. A final de la noche, nos pasamos nuestras direcciones postales. TenÃamos curiosidad por ver Leipzig y conocer la vida real en la otra Alemania que nuestros medios pintaban en colores oscuros. Sin embargo, para los nuevos amigos del este una visita a Düsseldorf, por entonces, seguÃa siendo un sueño.
Nueve meses después me llegó una carta sellada en Leipzig. "Estimado Señor Schäfer. Disculpe que me dirija a usted sin conocerle. Nuestro hijo Frank hadesaparecido y estamos muy preocupados. Hemos encontrado su dirección entre sus papeles. Sospechamos que ha intentado huir al oeste y quizás se dirigirá a usted. Por favor, dÃganle que se ponga en contacto con nosotros, que estamos desesperados".
El padre de Frank, al igual que todos los alemanes, habÃa visto las imágenes de centenares de ciudadanos de la RDA que escaparon al socialismo real por un agujero en la frontera entre HungrÃa y Austria en verano. El telón de acero estaba cada vez más poroso. La última vÃctima mortal del llamado "muro de defensa antifascista" se habÃa producido el 6 de febrero del mismo año, cuando los guardias fronterizos de la RDA mataron a un joven.
Los refugiados «han pisoteado nuestros valores», dijo Erich Honecker
La apertura del régimen en HungrÃa ofrecÃa a decenas de miles de alemanes orientales una vÃa de escape segura. Los soldados húngaros simplemente miraban para el otro lado cuando familias enteras de alemanes se escabullÃan entre los huecos de la valla de alambre que separaba los dos bloques. Mientras, miles de alemanes orientales se refugiaron en la Embajada de la RFA en Praga para exigir su salida al oeste, que consiguieron a los pocos dÃas de la caÃda del Muro.
Protestas callejeras
Los lÃderes de la RDA respondieron al éxodo masivo con un aumento considerable de los permisos para salir del paÃs. Calcularon que de esta forma se librarÃan de los descontentos y los crÃticos, gente "que ha pisoteado nuestros valores y se ha autoexcluido de nuestra sociedad", según dijo Honecker. Pero una vez más, el Comité Central estaba equivocado. La inmensa mayorÃa de los que se iban lo hacÃan en búsqueda de una vida mejor. Aquellos que luchaban por reformar la RDA desde dentro se quedaron.
"Por favor, dÃganle a Frank que las cosas están cambiando rápido aquÃ", seguÃa la carta del señor Grünwald. "Las protestas en la calle meten mucha presión al Gobierno y se dice que pronto podrÃan permitirnos viajar".
La fuga masiva de ciudadanos y las manifestaciones cada vez más multitudinarias en la RDA, finalmente, dejaron al Gobierno sin otra opción que abrir todas las fronteras sin condiciones en aquella noche histórica del 9 de noviembre de 1989.
Un mes después de esos eventos recibà otra carta. El señor Grünwald contaba que Frank les habÃa llamado hacÃa unas semanas. VivÃa en un pueblo del sur de la RFA donde habÃa encontrado trabajo. Pronto visitarÃa a su familia en Leipzig.
3 Comentarios
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En la españa de Franco no habÃa muro,asà salieron mas de un milln de españoles,y los que no pudieron escapar por Portugal o Francia por estar perseguidos.La paja en el ojo ajeno....
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¿Quieres saber donde hay una dictadura? Allà donde la gente huye en masa.
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Que salieran más de un millón de españoles de España no me extraña, huÃan de una dictadura y de la miseria, pero dejaban salir y una gran mayorÃa volvÃa, y también les dejaban Quizás era una dictablanda. Lo que me extraña es huir del "paraiso comunista", con riesgo de morir a ir a la carcel en el intento, y que no volvÃa ni el tato. A ver si no es tan paradisÃaco el socialismo real, y sà una férrea dictadura.

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