Piratas y mercado financiero
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Acaba de publicarse en italiano The Invisible Hook. The Hidden Economics Of Pirates, un curioso libro de Peter Leeson en el que el autor, historiador estadounidense del capitalismo, explica los principios fundamentales de la economía y de la democracia modernas tomando como modelo la tripulación de los barcos piratas del siglo XVII (sí, justo esos del Corsario Negro o de François l'Olonnais que llevaban la bandera con la calavera y que al principio no era negra sino roja, de ahí que se denominara Jolie Rouge, término que luego fue malinterpretado en su adaptación al inglés como Jolly Roger).
Leeson demuestra que, con sus leyes férreas, a las que cada pirata se adhería de buena fe, la de los bucaneros era una organización "iluminada", democrática, igualitaria y abierta a la diversidad. En pocas palabras: era un modelo perfecto de sociedad capitalista. Giulio Giorello también menciona estos temas en el prólogo y, por lo tanto, no me quiero centrar en lo que dice el libro de Leeson, sino en la asociación de ideas que me vino a la mente. ¡Cielos! El primero que había trazado un paralelismo entre piratas y mercantes -como empresarios libres, modelos del capitalismo-, sin poder saber nada del capitalismo, había sido Aristóteles.
Aristóteles tiene el mérito de haber sido el primero que definió la metáfora, ya sea en la Poética o en la Retórica. Y en sus primeras definiciones sostenía que no es sólo un adorno, sino una forma de conocimiento. No parece una tontería, porque en los siglos sucesivos la metáfora fue vista durante mucho tiempo como una manera de embellecer el discurso sin alterar su esencia. Y aún hoy hay quien piensa así. En la Poética decía que entender las buenas metáforas quiere decir "saber escoger el símil o el concepto afín". El verbo que utilizaba era theoreîn, que significa escoger, investigar, comparar o juzgar. Aristóteles vuelve a esta función cognoscitiva de la metáfora en la Retórica, donde decía que una cosa que suscita admiración es agradable porque nos hace descubrir una analogía insospechada. Es decir, nos "pone delante de los ojos" (así se expresaba) algo en lo que no habíamos reparado nunca, que nos lleva a pensar "mira, es justo así y no tenía ni idea".
Como habrán comprobado, Aristóteles asignaba a las metáforas buenas una función casi científica. Incluso si no se trataba de una ciencia que consistía en descubrir una cosa que ya estaba allí, sino, por decirlo de algún modo, en hacerlo aparecer por primera vez, en crear una forma nueva de ver las cosas. ¿Y cuál es uno de los ejemplos más convincentes que nos hace darnos cuenta de algo por primera vez? Una metáfora (que no sé dónde pudo haberla encontrado Aristóteles) por la que los piratas eran denominados "proveedores" o "suministradores". Como hacía con otras metáforas, Aristóteles sugería que, de entre dos cosas aparentemente distintas e incompatibles, se buscara, al menos, una propiedad en común y después se observaran ambas cosas como especies de ese mismo género.
Si bien los mercantes eran considerados normalmente como personas valientes que viajaban por mar transportando y vendiendo legalmente sus mercancías, y los piratas eran unos granujas que asaltaban y saqueaban los barcos de esos mismos comerciantes, la metáfora sugería que piratas y comerciantes tenían en común el hecho de trasladar las mercancías de un productor al consumidor. Es indudable que, después de haber saqueado a sus víctimas, los piratas vendían los bienes conquistados y entonces se convertían en transportistas, en proveedores y suministradores de mercancías -incluso si a sus clientes se les podía imputar probablemente por apropiación indebida. En cualquier caso, esa asombrosa semejanza entre comerciantes y asaltadores daba como resultado toda una serie de sospechas-, de manera que lleva al lector a decir: "Era así y estaba equivocado".
Por una parte, la metáfora obligaba a reconsiderar el papel del pirata en la economía mediterránea, pero, por otra, nos llevaba a una reflexión un tanto sospechosa sobre el papel de los mercantes. En pocas palabras, esa metáfora, desde el punto de vista de Aristóteles, anticipaba aquello que diría después Brecht,
que el verdadero crimen no era atracar un banco sino poseerlo -y naturalmente el buen estagirita no podía saber que la aparente broma de Brecht sería tan inquietante a la vista de todo lo que ha ocurrido en los últimos tiempos en el mercado financiero internacional-. Además, no se puede hacer como si Aristóteles pensara como Marx, él que era consejero de un monarca, pero entenderán que me hiciera tanta gracia esta historieta de los piratas. Un endiablado este Aristóteles.
Léspresso, distribuido por The New York Times Syndicate
*ILUSTRACIÓN: Federico Yankelevich
10 Comentarios
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Bajo la necesaria redundancia del título, un texto delicioso.
La única diferencia entre los mercados y los piratas que vendían lo robado, es que los mercados te obligan a comprar sus préstamos cuando no los necesitas y te los niegan cuando los necesitas.
El Capitalismo, como los piratas, expolia, esa es su cara más visible
Lean: "No expolies mañana lo que puedas expoliar hoy"
http://impresionesmias.com/2010/11/20/no-expolies-manana-lo-que-puedas-expoliar-hoy/
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Comparto el artículo, estamos en manos de piratas económicos que son quienes mandan en el mundo haciendo y deshaciendo la economía a su antojo, dejando a todos los gobiernos sin excepción con el trasero al aire con su nula influencia en defendernos a los ciudadanos de semejantes personajes nefastos, cosa que todos los gobiernos se esfuerzan en impedir que nos enteremos, lo cual equivale a un engaño masivo que pasa desapercibido por la mayoría de ciudadanos.
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¿Nos está diciendo que piratas y mercaderes son lo mismo,o quizás preferibles?¿ Y además inspirado por Aristóteles? ¿ Me pueden decir cuanto cobra este buen hombre por tan brillante aportación a la semiología?
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Exquisito estilo y conceptualmente impecable. No es lo mismo un mercader que un pirata, pero algo tienen en común. Lo diferente es el precio de adquisición, que unos pagaban, inevitablemente lo más barato posible, y los piratas no pagaban precio ni monetario ni en especies al propietario. Es decir, uno compra y el otro expolia y saquea. Uno negocia y hasta engaña si puede, o sea, convence, y el otro no lo necesita porque vence con el uso de la fuerza. De todos es sabido que incluso contaban con la complicidad y apoyo de élites de las monarquías que controlaban el poder.
Después los dos colocaban sus productos en el "mercado", de forma similar.
¿Cuál es el que más se asemeja en métodos a aquellos que han realizado esta tremenda estafa que estamos sufriendo, eufemísticamente llamada crisis?
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#3 Mercurio era el dios protector de mercaderes y ladrones, cosa que no es de extrañar porque a veces la zona de transición entre ambas queda bastante diluida.
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No es lo mismo comerciar o intercambiar bienes y servicios libremente cumpliendo con la normativa jurídica que robar con violencia e intimidación como un vulgar pirata. Es obvio.
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La piratería más exitosa ha sido y es, históricamente, la anglosajona. Antaño utilizaba sus barcos; hogaño, sus bancos. Incluso muchos de sus paraísos fiscales están ubicados en islas que eran refugio de piratas hace cuatro siglos, no por casualidad sino por causalidad.
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Eco es uno de mis autores preferidos, no sé si será por su formación semiológica o por su formidable erudición o por su categoría como pensador universal, capaz de ir al fondo de las cosas, en cualquier materia.
Su novela El nombre de la rosa, es una auténtica obra de arte que enriquece de manera decisiva al que la lee.
También como filósofo, dentro de la corriente del llamado "pensamiento débil" es un autor importante.
En cuanto al tema que nos traslada hoy, estoy de acuerdo con todo lo que dice excepto cuando afirma que Aristóteles no puede ser antecedente filosófico de Marx porque era consejero de su rey.
Yo creo que Eco que es profesor de una universidad italiana, o sea que trabaja para el Estado italiano, cuya cumbre ejecutiva es Berlusconi no puede ser depreciado por ello, porque él lo sabe mejor que nadie "primum vivere, deinde filosofare" y todos, incluso los genios, como él mismo y Aristóteles, tenemos que vivir.
En fin, Umberto, que me agrada mucho leerte porque siempre me enseñas algo nuevo y me haces reflexionar, que es lo más importante,
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Es tan buena la metáfora que hoy existen serias dudas sobre a quien debemos aplicar el término mercante y a quien el de pirata. En la explotación de recursos pesqueros africanos, ¿quiénes merecen el calificativo de piratas, los que capturan los peces en aguas jurisdiccionales gracias a concesiones de gobernantes corruptos a su servicio o los que aplican un impuesto revolucionario para que parte de esos recursos o su equivalente permanezcan en poder del pueblo expoliado?
En una interpretación extensiva del término, pirata es una metáfora que sienta muy bien a cualquier empresario neoliberal, para quien la libertad (su libertad) es el valor supremo y el saqueo su representación suprema.
Brecht llevaba toda la razón: el crimen supremo es fundar un banco. Si lo robas, corres el riesgo de que el peso de la ley del gremio de banqueros condene tu intrusión, mientras que si logras la aceptación como miembro de pleno derecho del mismo puedes robar a tus clientes y a la sociedad en la más absoluta impunidad.
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Malicioso, inteligente y oportuno. La metáfora es una herramienta, capaz de hacernos ver lo que se oculta en la realidad expresada pero que anida en ella. El exceso de fe en las apariencias nos hace ciegos a lo que ocultan. Un pequeño giro lingüístico desvela otra cosa, rompe su encriptación, para permitir que se desvanezca el dogma de las apariencias. Las cosas no son lo que son, menos lo que parecen. La realidad encierra una metáfora, otro modo de ver las cosas. La crisis económica encierra una metáfora que permite el acceso a una comprensión distinta, una apertura de entendimiento. ¿Acaso el dogma mercantil no alumbra una percepción de los activos piratas que lo alimenta? Y esta metáfora puede sugerir otra y otra más? La realidad es una convención, la imaginación y la inteligencia que la perciben constituyen las realidades maleables de que está hecha. Pues no importa tanto lo percibido como sus percepciones. Así cobra sentido no tanto la realidad como la realidad y sus metáforas, "las palabras y las cosas".



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