En el paÃs de los sótanos
Austria teme por su imagen, pero los vieneses se lo toman a broma
Cuando logró escapar en agosto de 2006 de manos de un depravado, la joven Natasha Kampusch habÃa sobrevivido ocho años de su adolescencia en un zulo minúsculo a 2,5 metros bajo tierra. Elisabeth Fritzl pasó 24 años en una mazmorra secreta en Amstetten, violada y preñada repetidamente por su propio padre. ¿Qué está pasando en los sótanos de este paÃs?
"No hay duda: es Austria". Éste es el eslogan publicitario de una república de montañas y cabritas, de emperatrices y valses, que se alegraba ya de recibir este mes de junio a miles de visitantes de todo el mundo para la Eurocopa de fútbol. Los austrÃacos esperaban un subidón de imagen parecido al que experimentó Alemania con el Mundial de 2006. Y justo en este momento les sale un monstruo del sótano. Ahora, hasta el jefe del gobierno, Alfred Gusenbauer, está preocupado por la imagen del paÃs. "No vamos a permitir que el paÃs entero se convierta en rehén de un solo hombre", dijo el canciller a la agencia austrÃaca APA.
Los casos Kampush y Fritzl sucedieron en Baja Austria, el Estado federado que rodea Viena. AllÃ, los vecinos tuercen el gesto cuando se les pregunta por el monstruo de Amstetten. "Horrible, horrible", comenta entre grandes aspavientos la madura propietaria del kiosco de la estación de St. Pölten. "Horrible, horrible", alcanza a repetir, porque no encuentra otra palabra, a la pregunta de cómo cree que Josef Fritzl pudo mantener durante décadas semejante existencia de Dr. Jekyll y Mr. Hyde. En Viena, en cambio, se lo toman todo mucho más a la ligera. Por los cafés de la ciudad circula ya una nueva versión del himno nacional, en la que el Land der Berge ("el paÃs de las montañas") del primer verso ha mutado en Land der Keller, el paÃs de los sótanos.
Esconder cosas bajo la alfombra
Y no es para menos. Aunque todo depende, por supuesto, del uso que se haga de los mismos. La Asociación de Protección Civil calcula que hay en Austria alrededor de dos millones de sótanos en casas particulares. Estos refugios subterráneos estaban pensados para proteger de apocalipsis atómicos a los habitantes de un paÃs gravemente aquejado de paranoia durante la Guerra FrÃa. No existe un registro del número exacto y ubicación de estos búnkers caseros, que el Estado subvencionó sobre todo en la década de los setenta.
Por otro lado, es muy tentador recurrir al mito del subconsciente para explicar sucesos macabros en el paÃs de Sigmund Freud. El contraste entre la cara amable del pequeño burgués y una vida privada llena de monstruosidades es un motivo clásico de la literatura austrÃaca. Pero si hay en este paÃs una tendencia más acusada que en otros a mirar para otro lado, seguramente no tenga que ver con la época del cocainómano padre del psicoanálisis, sino más bien con la posguerra.
En Austria hay una "fatal tradición de esconder las cosas debajo de la alfombra", señaló ayer a la emisora alemana Deutschlandradio el novelista Josef Haslinger, nacido en Baja Austria. "No podemos hacer como si esto no tuviera nada que ver con Austria, como si hubiera podido suceder en cualquier otro paÃs", advirtió este autor, que en 1995 retrató a la sociedad de su paÃs en un best-seller sobre un atentado en el baile de la ópera de Viena.
No hubo testigos, ya veremos
Haslinger basa su explicación en el "deficiente proceso de desnazificación" de Austria. A diferencia de los alemanes, los austrÃacos no vivieron un debate público sobre el papel de sus abuelos en la Segunda Guerra Mundial hasta 1986, cuando estalló el "caso Waldheim". El semanario vienés Profil destapó entonces que Kurt Waldheim, secretario general de la ONU (1972-1981) y presidente de Austria (1986-1992), habÃa "maquillado" su pasado en su autobiografÃa. Asociaciones judÃas le acusaron de criminal de guerra, y de haber deportado a 40.000 judÃos de Salónica. Sólo después de ese caso empezó Austria a pagar indemnizaciones a trabajadores forzados del nazismo. Nadie habÃa querido ver el pasado de Waldheim a pesar del escándalo. Prueba de ello es que este candidato del Partido Popular AustrÃaco ganó la elección a la jefatura del Estado.
Las autoridades que investigan el caso Fritzl insisten en que ningún familiar o vecino, como tampoco ninguno de los 100 inquilinos que ocuparon habitaciones de la casa a lo largo de 24 años, se dio cuenta de nada. ¿Seguro? La PolicÃa hablará con todos ellos. Ya veremos, pero la mentalidad del paÃs permite albergar dudas.
2 Comentarios
-
ya. salen ahora, ...pero, 28 y 8 años, no es ahora...., es, desde hace mucho. (¿y si los dos secuestradores/violadores de los dos casos se conociesen, pero como uno murió...? ...y si ese otro era su complice?). En ese caso no parece que haya mas.
-
Muy interesante. De lo mejor que he leÃdo sobre el tema. Saludos.

Cargando...