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Acuerdo político en Bélgica para reformar el Estado federal

Los derechos lingüísticos y el traspaso de competencias marcan el pacto

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Bélgica amaneció este sábado con posibilidades reales de formar gobierno 482 días después de que se celebrasen las últimas elecciones generales. De madrugada, los ocho partidos que negociaban una profunda reforma del Estado anunciaron un acuerdo, visto como una precondición imprescindible para la formación de un nuevo Ejecutivo.

El acuerdo incluye tres aspectos clave: un trasvase de competencias a las regiones, una renovada ley de financiación de las administraciones públicas y un nuevo estatus lingüístico para la periferia de Bruselas, que habla mayoritariamente francés en un territorio perteneciente a la región de Flandes, donde sólo es oficial el flamenco.

Los detalles del acuerdo se harán públicos el martes, momento en el que será presentado a los diputados del Parlamento federal. Las líneas maestras incluyen la escisión de los distritos de Bruselas- Halle-Vilvoorde, una circunscripción electoral y judicial a caballo entre la región de la capital, bilingüe, y Flandes.

Los partidos flamencos llevaban décadas reclamando acabar con los privilegios lingüísticos, judiciales y electorales de los alrededor de 100.000 francófonos que viven en territorio flamenco. Con este acuerdo, la mayoría los perderán en la práctica.

Además, la nueva Ley de Financiación confiere a las tres regiones del país (Valonia, francófona, Bruselas, bilingüe y Flandes, flamenca), autonomía fiscal para recaudar parte del impuesto de la renta. Esta competencia, hasta ahora reservada al Gobierno federal, transferirá unos 11.000 millones de euros al año a las regiones, otra de las reivindicaciones de los partidos flamencos, que exigen mayor autogobierno económico.

A cambio, la región de Bruselas, eminentemente francófona, contará con 500 millones más al año. Las regiones pasarán a tener también el control de ciertos cuerpos de funcionarios públicos y de seguridad. Por último, el acuerdo uniformiza las legislaturas a todos los niveles, haciéndolas de cinco años y coincidiendo con las europeas. Se pretende evitar así que un continuo ambiente electoral impida la gobernabilidad.

'Es la reforma más importante desde la Segunda Guerra Mundial', aseguró Charles Michel, presidente del partido liberal francófono. Paradójicamente, el adelgazamiento del Estado no contó con su mayor defensor, el partido separatista flamenco liderado por Bart de Wever, que se quedó fuera al considerar insuficiente la negociación. Según una encuesta de la radiotelevisión flamenca, la Nueva Alianza Flamenca de De Wever sigue siendo a pesar de todo el primer partido del país, con una intención de voto del 35%.

En la reforma participaron ocho partidos, cuatro flamencos y cuatro francófonos, entre socialistas, democristianos, liberales y ecologistas a ambos lados de la frontera lingüística.

Con la reforma, el líder de los socialistas francófonos, Elio di Rupo, tiene por fin posibilidades reales de convertirse en primer ministro. Di Rupo, que dirige el partido hegemónico en Valonia, podría ser investido en noviembre, una vez que concluyan las negociaciones sobre el presupuesto y el programa de Gobierno, que será integrado por una coalición.

Se acabará así, según los partidos protagonistas del acuerdo, con el limbo institucional en el que vivía el país, acorralado también por los mercados debido a su altísima deuda pública (el 100% de su PIB) y la fragilidad de su sistema financiero, con entidades como Dexia al borde de la quiebra.

Bélgica amaneció este sábado con posibilidades reales de formar gobierno 482 días después de que se celebrasen las últimas elecciones generales. De madrugada, los ocho partidos que negociaban una profunda reforma del Estado anunciaron un acuerdo, visto como una precondición imprescindible para la formación de un nuevo Ejecutivo.

El acuerdo incluye tres aspectos clave: un trasvase de competencias a las regiones, una renovada ley de financiación de las administraciones públicas y un nuevo estatus lingüístico para la periferia de Bruselas, que habla mayoritariamente francés en un territorio perteneciente a la región de Flandes, donde sólo es oficial el flamenco.

Los detalles del acuerdo se harán públicos el martes, momento en el que será presentado a los diputados del Parlamento federal. Las líneas maestras incluyen la escisión de los distritos de Bruselas- Halle-Vilvoorde, una circunscripción electoral y judicial a caballo entre la región de la capital, bilingüe, y Flandes.

Los partidos flamencos llevaban décadas reclamando acabar con los privilegios lingüísticos, judiciales y electorales de los alrededor de 100.000 francófonos que viven en territorio flamenco. Con este acuerdo, la mayoría los perderán en la práctica.

Además, la nueva Ley de Financiación confiere a las tres regiones del país (Valonia, francófona, Bruselas, bilingüe y Flandes, flamenca), autonomía fiscal para recaudar parte del impuesto de la renta. Esta competencia, hasta ahora reservada al Gobierno federal, transferirá unos 11.000 millones de euros al año a las regiones, otra de las reivindicaciones de los partidos flamencos, que exigen mayor autogobierno económico.

A cambio, la región de Bruselas, eminentemente francófona, contará con 500 millones más al año. Las regiones pasarán a tener también el control de ciertos cuerpos de funcionarios públicos y de seguridad. Por último, el acuerdo uniformiza las legislaturas a todos los niveles, haciéndolas de cinco años y coincidiendo con las europeas. Se pretende evitar así que un continuo ambiente electoral impida la gobernabilidad.

'Es la reforma más importante desde la Segunda Guerra Mundial', aseguró Charles Michel, presidente del partido liberal francófono. Paradójicamente, el adelgazamiento del Estado no contó con su mayor defensor, el partido separatista flamenco liderado por Bart de Wever, que se quedó fuera al considerar insuficiente la negociación. Según una encuesta de la radiotelevisión flamenca, la Nueva Alianza Flamenca de De Wever sigue siendo a pesar de todo el primer partido del país, con una intención de voto del 35%.

En la reforma participaron ocho partidos, cuatro flamencos y cuatro francófonos, entre socialistas, democristianos, liberales y ecologistas a ambos lados de la frontera lingüística.

Con la reforma, el líder de los socialistas francófonos, Elio di Rupo, tiene por fin posibilidades reales de convertirse en primer ministro. Di Rupo, que dirige el partido hegemónico en Valonia, podría ser investido en noviembre, una vez que concluyan las negociaciones sobre el presupuesto y el programa de Gobierno, que será integrado por una coalición.

Se acabará así, según los partidos protagonistas del acuerdo, con el limbo institucional en el que vivía el país, acorralado también por los mercados debido a su altísima deuda pública (el 100% de su PIB) y la fragilidad de su sistema financiero, con entidades como Dexia al borde de la quiebra.