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La acusación por abusos sexuales contra Strauss-Kahn se desmorona

El tribunal lo deja en libertad sin fianza porque la Fiscalía ya no confía en el testimonio de la presunta víctima

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Libre. O casi. Con una gran sonrisa, Dominique Strauss-Kahn salió ayer del tribunal de Manhattan en libertad condicional sin fianza, después de que la Fiscalía de Nueva York reconociera serias inconsistencias en el testimonio y la credibilidad de la empleada de hotel que el 14 de mayo acusó al exdirector del FMI de violación y agresión.

El vuelco inesperado del caso que ha conmocionado las finanzas mundiales y la vida política francesa fue muy rápido. El jueves por la noche la Fiscalía mandaba a los abogados de Strauss-Kahn un documento en el que listaba algunas declaraciones dudosas de la presunta víctima sobre lo ocurrido y sobre su propio pasado.

Ayer, ante los nuevos elementos del dossier, el juez Michael Obus, del Tribunal Supremo de Nueva York, decretaba la inmediata puesta en libertad provisional. “Entiendo que las circunstancias del caso han cambiado sustancialmente”, reconocía Obus. La Fiscalía mantiene de momento su acusación y la próxima vista tendrá lugar el día 18, como estaba previsto.

Desde el pasado 25 de mayo, el exjefe del FMI vivía en arresto domiciliario en una lujosa residencia del barrio de Tribeca, que, entre alquiler y medidas de seguridad (estaba continuamente vigilado por un circuito cerrado de televisión), le costaba a su mujer, la periodista y millonaria Anne Sinclair, unos 200.00 dólares al mes. Ayer se le quitó el grillete electrónico que llevaba en el tobillo y se le devolvió la fianza de un millón de dólares y el aval bancario de otros cinco.

El tribunal se queda con su pasaporte. Strauss-Kahn no podrá salir de EEUU, pero podrá viajar por el país y se especulaba ayer con la posibilidad de que regresara a su casa de Washington, una lujosa mansión de cuatro millones de dólares, también comprada por su mujer.

“Hace seis semanas, encarcelaban a Dominique Strauss-Kahn en la prisión de Rikers Island”, declaraba a la salida del tribunal William Taylor, uno de los abogados del político francés. “El señor Strauss-Kahn es inocente y estas nuevas revelaciones” lo confirman, aseguró el letrado.

En el documento que el fiscal de Nueva York, Cyrus Vance, mandó el jueves por la tarde a la defensa aparece una nueva versión de los hechos. La empleada, después de la agresión, no avisó enseguida a su supervisor, como se dijo en un momento, sino que fue a un suite adyacente “para seguir limpiando”. Luego volvió a la suite del exdirector del FMI, y sólo entonces y dio la alerta sobre lo ocurrido.

El abogado de la víctima, Kenneth Thompson, explicó que su clienta “dejó la habitación 2806 (donde presuntamente se produjo la agresión) y fue a la 2820 para arreglarse y recomponerse”, porque “no sabía qué hacer”, dado que en aquel momento “sólo pensaba en que podía perder su trabajo”. Al regresar al escenario del presunto crimen, ya acompañada por el supervisor, “le preguntó si los clientes del hotel podían hacer cualquier cosa con las empleadas” y pasó a relatar la presunta violación.

Pero los nuevos detalles revelados por la Fiscalía, y que primero aparecieron en The New York Times, merman considerablemente la credibilidad de la presunta víctima y por tanto su testimonio.

La mujer guineana de 32 años, madre soltera de una adolescente de 15, no parece ser la empleada ejemplar de la que se ha hablado hasta ahora. Según el diario neoyorquino, la acusadora, poco después del suceso, llamó a un amigo suyo, encarcelado por posesión de 180 kilos de marihuana, y le habló del dinero que podría sacar del caso. No sabía que la conversación estaba siendo grabada, lo normal en las prisiones estadounidenses. El amigo en cuestión es uno de los individuos que en los últimos dos años había transferido unos 100.000 dólares a la cuenta bancaria de la empleada.

Pero, como insistió Thompson, “el hecho de que cometiera un error” al mentir en su petición de visado o en las circunstancias de su vida, “no significa que no haya sido víctima de una violación”.

A las puertas del tribunal, Thompson, airado, volvió a contar el suceso ocurrido el pasado 14 de mayo en la suite del hotel Sofitel de Manhattan, con abundantes detalles gráficos. El letrado negó la versión de la defensa según la cual se trató de un encuentro consentido por ambas partes. El ataque fue tan brutal, dijo Thompson, que el exdirector del FMI “primero le agarró uno de los pechos”, luego “le provocó moratones en la vagina al agarrarla con fuerza”, “le desgarró un ligamento en la espalda”, cuando luego la tiró por el suelo, y le “rompió las medias”.

Cuando la empleada, “que estaba de rodillas, consiguió finalmente ponerse de pie, empezó a escupir semen en el suelo y por toda la habitación”, contó Thomspon. Elementos forenses que el supervisor de la presunta víctima, y luego la Policía de Nueva York, pudieron comprobar y recoger. “Todas estas pruebas –insistió el letrado– confirman el relato” de su defendida.

La empleada, que los medios franceses han identificado como Nafissatou Diallo, no va a rendirse, “está decidida” a continuar y “se presentará ante todos ustedes para deciros lo que le hizo Strauss-Kahn y lo que le hizo el fiscal”, dijo Thompson sin especificar fechas, dirigiéndose a todos los periodistas que se agolpaban a la puerta del tribunal, intentando escuchar sus palabras en el tremendo barullo del tráfico neoyorquino.

En su petición de visado, Diallo aseguró que había sido violada por los soldados de su país y mutilada genitalmente, versión que cuestiona la Fiscalía pero que siguió defendiendo su abogado, quien admitió sin embargo que su cliente había “exagerado” su situación para estar segura de ser acogida en EEUU y evitar “que su hija pasara por lo mismo”.

Thompson también acusó a la Fiscalía de “haber maltratado a su cliente”, al forzar su testimonio, y declaró que Cyrus Vance tenía miedo “de seguir con el caso”. Diallo, aseguró, “tiene la impresión de que no le queda nada” y que “el mundo entero piensa que ha mentido”.