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Los afganos votan bajo la sombra de los talibanes

La desesperanza marca unos comicios en los que se espera una participación inferior al 40%

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Si se tiene en cuenta la guerra casi abierta que vive Afganistán, la jornada electoral de este sábado en este país no fue especialmente violenta. Los 42 muertos registrados durante todo el día, de los que 27 eran supuestos talibanes, no son una cifra extraordinaria en este país que no cesa de contar muertos. Más que por la violencia, los comicios se vieron marcados por el hastío de una población cada vez más confusa y desengañada con sus propios representantes políticos.

A falta de los datos preliminares, que empezarán a conocerse el miércoles, la participación en los comicios para la Wolesi Jirga (cámara baja del parlamento) podría quedarse muy por debajo de la mitad de los cerca de diez millones de ciudadanos llamados a votar. Según datos de la agencia Reuters, que citaba a responsables electorales afganos, la afluencia a las urnas se calculaba anoche a última hora en sólo 3,6 millones de votantes: menos del 40% del electorado.

Al desencanto de los afganos hacia unos políticos que no les traen la tan anhelada paz, hay que sumar las amenazas de la insurgencia, que impidieron que casi la cuarta parte (unos 1.500) de los 6.800 colegios electorales que se habían dispuesto abrieran sus puertas.

A pesar de ello, en los puntos de votación de Kabul se respiraba un ambiente tranquilo. El tiempo ayudó con un día soleado y plácido que hacía lucir aún más las omnipresentes cometas en el cielo de la ciudad. En el barrio de Koshal Khan, de mayoría pastún, los electores no tenían que esperar para depositar su voto; al contrario.

A mediodía, la escuela Gulam Gubar era un hervidero de representantes de los candidatos; votantes, había más bien pocos. Momin era uno de los responsables de mesa y parecía uno de los más ilusionados con las nuevas costumbres democráticas, en parte por los 20 dólares que iba a recibir por un día de trabajo. 'Sólo hemos tenido 220 votantes en seis horas y no ha habido ningún problema, aunque a muchos les tenemos que explicar cómo votar'.

La falta de cultura, democrática y general, de la mayoría del electorado es un obstáculo que tiene que afrontar la democracia afgana. Con un analfabetismo que supera el 70% de la población, el proceso de votar se complica.

Zapatos, caballos, campanas, palmeras, un pez, un ordenador y hasta los anillos olímpicos. Cualquier símbolo valía para identificar a cada uno de los más de 2.500 candidatos. No es algo inusual en otros países de zona, pero generalmente es cada partido y no cada uno de los candidatos el que tiene un icono. En Afganistán no hay partidos políticos, así que cada candidato se presentaba con su propia identidad, lo cual ha obligado a recurrir a símbolos tan peculiares como candados, camiones y hasta regaderas.

La falta de cultura democrática entendida al modo occidental, que es el modelo que ha dado forma a los comicios en países como Afganistán o Irak, se hace patente tanto en los discursos de muchos de los candidatos como en las motivaciones de la mayoría de los electores que acudieron a los colegios de Kabul. 'He escogido a este candidato porque es un deportista', explicaba Mahmud tras votar en un barrio al oeste de la ciudad. Aunque luego añadía un argumento de más peso: 'Ya es rico porque es ministro, así que a lo mejor se preocupa un poco más de nosotros y menos de su bolsillo'.

Los intentos de fraude no faltaron tampoco a su cita. A media tarde corrió como la pólvora por los móviles de Kabul un vídeo en el que unos jóvenes intentaban introducir numerosas papeletas de un candidato en una urna de la ciudad. En el céntrico colegio electoral de Shar-e Nao, Ahmed Khalil, responsable de la supervisión de mesas, explicaba al cierre del colegio que habían detectado unos cuantos carnés falsos, 'pero muchos menos que en las últimas elecciones'.

Diversos medios recogieron otros episodios más graves, como el de una trabajadora de la Comisión Electoral que fue detenida en la provincia de Helmand, al sur, con 1500 tarjetas de votante (el documento necesario para poder emitir el voto) falsas. Según el portavoz del gobernador de la provincia, la detenida era hija de una candidata local. Un caso similar fue detectado en la provincia de Paktika, al este, cuando un hombre intentaba utilizar 1600 tarjetas de votante para favorecer a su candidato.

El escepticismo reinante lo expresaba muy bien Hassan desde su puesto de fruta en el barrio hazara de Pul-e Sojtá. 'A lo mejor después de comer voto, aunque ni he pensado a quién porque no servirá de nada, como no ha servido de nada las dos veces anteriores'.

En ese mismo barrio, Sunia, que no tiene aún los 18 años necesarios para votar, estaba en el puesto de votación como representante de uno de los candidatos. 'Claro que votaré en cuanto pueda, hay candidatos que no piensan en su bolsillo sino en mejorar la situación de todos y yo misma voy a estudiar mucho y a trabajar duro para poder ser elegida algún día y ayudar a mejorar la situación de las mujeres y de todos los afganos'.