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Al Asad reafirma su línea dura y los sirios se echan a las calles

El dictador no ve nada malo en la represión de las fuerzas de seguridad, que ha costado la vida de 1.300 civiles, y habla de "conspiraciones"

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En un desesperado intento de huir hacia delante, el presidente sirio, Bashar al Asad, presentó ayer en el auditorio de la Universidad de Damasco un impreciso calendario de reformas que incluye la celebración de elecciones legislativas en agosto aunque los comicios podrían aplazarse si se considera necesario y la preparación de un paquete de medidas adicionales en septiembre. Sus propuestas no convencieron a la oposición, que se lanzó a la calle al finalizar el discurso para manifestarse en su contra.

En los 70 minutos que duró el discurso, Al Asad, que lleva once años en el poder,reafirmó su línea dura y se esforzó por presentar las revueltas populares iniciadas a mediados de marzo, como el resultado de 'conspiraciones' internacionales contra el régimen, y pidió a su pueblo que se mantenga unido para hacer frente a las fuerzas extranjeras que se han empeñado en conducir el país hacia el 'caos'.

En varias ocasiones se refirió al 'pequeño grupo' de 'saboteadores' que desde el interior del país trabajan, supuestamente, con las fuerzas extranjeras que alimentan los desórdenes para Siria se vea sumida en la anarquía.

Las autoridades de Damasco han mantenido esta versión desde que se iniciaron las protestas y, aunque no han aportado pruebas que la justifiquen, sus palabras aluden a Estados Unidos e Israel.

En su primer discurso en dos meses, Al Asad se presentó como un líder que comprende las demandas del pueblo, destacando una y otra vez que los 'saboteadores' apenas constituyen una 'pequeña parte' de la población. 'Lo que está ocurriendo hoy no tiene nada que ver con las reformas, sino con el vandalismo', señaló el presidente sirio.

También se refirió a quienes siembran el caos 'en nombre de la religión', una expresión que parece aludir a los Hermanos Musulmanes, una asociación que en Siria se mantiene en la clandestinidad y cuyos líderes se encuentran en prisión o en el exilio.

Como consecuencia de las protestas, desde marzo han muerto al menos 1.300 civiles y unos 300 miembros de las fuerzas de seguridad, según distintos activistas y ONG.

El mismo hecho de que inmediatamente después de la alocución se registraran protestas en importantes ciudades como Damasco, Alepo, Latakía, Homs y Derá, indica que hay muchos millares de manifestantes que no aceptan las promesas del presidente y que a estas alturas ya no exigen reformas políticas sino un cambio de régimen.

En Damasco también se celebró una concentración de apoyo a Al Asad. El país está profundamente dividido y el régimen juega con el miedo de la gente a que se pueda crear un vacío de poder que conduzca a una situación caótica similar a la de Irak, si el Ejército, que está a las órdenes de la minoría alauí, a la que pertenece Al Asad, deja de controlar la situación. El peligro islamista es real, los sirios lo saben y el régimen utiliza el temor de la gente para perpetuarse.

La diferencia principal entre este discurso y los dos anteriores es que por primera vez Al Asad ha reconocido la necesidad de llevar a cabo reformas políticas de gran calado, antes que las reformas económicas que adelantó en sus discursos anteriores. Este es un paso adelante, aunque la oposición señaló que el hecho de que no haga responsable de las muertes de civiles a las fuerzas de seguridad es un paso atrás.

Al Asad hizo un llamamiento al 'diálogo nacional' con el fin de reformar la Constitución, o incluso con el fin preparar una nueva Carta Magna, e instó a los más de 10.000 sirios que han buscado refugio en Turquía a que regresen a sus pueblos, porque las Fuerzas Armadas están para defenderlos. Sugirió que las reformas que piensa promover comprenden un cambio de la ley que autorizará que se constituyan partidos políticos de la oposición, una circunstancia que el régimen del Partido Baaz no ha permitido durante décadas.

Para la oposición, las palabras de Al Asad, de 45 años, contienen promesas vagas que, como otras que se han hecho en el pasado, no se traducirán en hechos. El presidente ya prometió reformas políticas y económicas cuando accedió al poder en 2000 y luego dio marcha atrás y no se atrevió a mantener su palabra.

La vaguedad del discurso indica que Al Asad tiene miedo de presentar un calendario concreto y específico de reformas, y se contenta con avanzar promesas desesperadas, como en su momento, cuando se sintió acorralado, hizo el raís egipcio Hosni Mubarak. Todo indica que lo que Asad quiere es ganar tiempo con la esperanza de que las protestas terminen, algo improbable.

El dictador sirio sabe que un 'diálogo nacional' como el que propone muy probablemente conduciría, si es serio, hacia el desmantelamiento del régimen, y nada indica que él esté por la labor. El mantenimiento del régimen y la apertura democrática son intereses contradictorios que no se pueden respetar de una manera simultánea.

Esto significa que las protestas continuarán, a pesar de que no existe una oposición sólidamente articulada que pueda presentarse como alternativa fiable.

Otra circunstancia que apunta en esta dirección es la actitud cada vez más agresiva de la comunidad internacional. Los ministros de Exteriores de la UE aseguraron ayer que están preparando nuevas medidas restrictivas contra el régimen sirio, a fin de lograr 'sin demora, un cambio fundamental de las políticas' de represión hacia los civiles. La Casa Blanca pidió a Al Asad que sus promesas se conviertan en 'hechos concretos' y que ponga fin a la represión contra la población civil.