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Al olimpo chino en silla de ruedas

Deng Pufang, hijo del ex líder chino Deng Xiaoping, es hoy el paladín de los derechos de los discapacitados en China

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No hay nadie en el centro para discapacitados Mi Sueño de Pekín que no conozca a Deng Pufang, donde reside un grupo de bailarines sordos que participó ayer en la ceremonia inaugural de los Juegos Paralímpicos. Parapléjico desde 1968, Deng, uno de los cinco hijos de Deng Xiaoping, el líder político que impulsó el proceso de reforma y apertura de China de los últimos 30 años, es el discapacitado físico más conocido de su país.

Deng es hoy director ejecutivo del Comité Organizador de los JJOO de Pekín (BOCOG), pero su fama no se debe tanto a la historia del paraolimpismo, sino a los trágicos acontecimientos que le obligaron a quedarse postrado en una silla de ruedas cuando tenía 24 años y a su activa colaboración para mejorar la situación de los discapacitados en su país.

Durante la Revolución Cultural, la familia de Deng Xiaoping se convirtió en víctima de las peores purgas y humillaciones. El líder comunista Mao Zedong acusó a Deng de ser un antirrevolucionario capitalista. Su instrumento de represión eran los Guardias Rojos, las milicias de jóvenes que se encargaron de sembrar el pánico entre los sospechosos de poner en peligro el poder de Mao.

Su segundo hijo, Deng, se quedó parapléjico en 1968. Se vio forzado a saltar desde la ventana de un cuarto piso de la Universidad de Pekín cuando le perseguían los Guardias Rojos. En la caída se rompió la columna vertebral. Ésta es la versión oficial publicada en los medios de comunicación chinos, controlados por el Gobierno. Otros aseguran que los Guardias Rojos le arrojaron al vacío o que intentó suicidarse, un recurso habitual entre las víctimas de la Revolución Cultural para evitar el sufrimiento o una nueva humillación. El grado de invalidez podría haber sido menor si Deng hubiera recibido atención médica adecuada de inmediato, pero los hospitales rechazaron atenderle. Poco después su familia fue confinada y obligada a vivir aislada en la provincia de Jiangxi.

No fue hasta finales de la década de los setenta, cuando su padre recuperó sus cargos políticos y se convirtió en el nuevo dirigente del país, que Deng empezó a recibir atención médica sofisticada, incluyendo costosas operaciones quirúrgicas en Estados Unidos. Ya era demasiado tarde para salvarlo de una total inmovilidad hasta el pecho.

Una vez en el poder, Deng Xiaoping, conocido por su autoritarismo pero también por haber hecho posible el milagro económico chino, se ocupó de garantizar el bienestar económico y social de sus cinco hijos, llamados los príncipes del partido.

Todos ellos disfrutan hoy de una buena posición. Pifang es vicepresidente de la Asamblea Nacional Consultiva del Partido Comunista, -el principal órgano asesor del partido-, director ejecutivo del BOCOG y presidente de diversas organizaciones para discapacitados, incluida la Federación para las Personas Discapacitadas de China, fundada por él mismo.

Aunque por su influyente posición política resulta imposible encontrar voces críticas contra Deng Pufang en la censurada prensa china, gran parte de la población adulta recuerda que el hijo parapléjico de Deng Xiaoping estuvo envuelto en un grave caso de corrupción a finales de los años ochenta, en plena época de la apertura económica.

La empresa que había fundado con la ayuda de su padre, Kang Hua, fue acusada de abusar de los privilegios fiscales que gozaba por sus donaciones a un fondo social de ayuda a los disminuidos físicos.

Durante el mandato de Deng Xiaoping, los problemas de corrupción en China, mezclados con un clima de mayor libertad, provocaron numerosas manifestaciones, que acabaron con la violenta represión en la plaza de Tiananmen, en junio de 1989 .

'Dicen que la generación que ha sufrido la Revolución Cultural es una generación perdida. Es lo contrario: todos los que pasaron por esta prueba se han vuelto más fuertes. Tienen grandes metas, sus propias ideas, son de convicciones firmes y muestran iniciativa', dijo Deng Pufang en 1985 en una entrevista al diario francés Libération.

En 2003, Deng recibió el premio de Derechos Humanos de las Naciones Unidas por su labor en la protección de los derechos de los discapacitados en China. Pero queda mucho por hacer. La situación ha mejorado algo. Por ejemplo, hace dos meses el Gobierno chino aprobó una ley para permitir la presencia de perros lazarillos en las ciudades.

Sin embargo, la situación de los 83 millones de discapacitados chinos -en torno al 6% de la población según cifras oficiales- aún debe cambiar mucho para que éstos puedan llegar a tener condiciones de vida dignas. Los Juegos Paralímpicos pueden abrir una brecha.