Publicado: 14.06.2014 08:00 |Actualizado: 14.06.2014 08:00

Al Qaeda a las puertas de Bagdad

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El jueves amaneció Bagdad con barrios enteros desiertos y semidesiertos, con los bagdadíes atemorizados, acaparando alimentos y encerrados en sus casas. Un trayecto en coche que un día normal necesita una hora y media se podía cubrir en cuarto de hora. Muchos controles militares se habían desvanecido y la única zona realmente protegida era la zona verde, donde se ubica el enorme complejo de la embajada de Estados Unidos.

Pero eso no es todo. Los residentes podían ver a las milicias progubernamentales que han comenzado a desplegarse como consecuencia del desmoronamiento del ejército. El primer ministro chií Nuri al Maliki las llama quwat al radifa o 'fuerzas de la reserva', mientras que otro poderoso líder chií, Muqtada al Sadr, las denomina kataib al salam o 'falanges de la paz', y su misma existencia corrobora el desplome de las fuerzas militares.

En realidad poco importa su nombre. Lo relevante es que creándolas puede abrirse otra caja de Pandora de consecuencias imprevisibles a medio y largo plazo. De hecho, el territorio iraquí es propicio a las milicias, que existen desde la invasión americana de 2003, que con la perspectiva que dan los once años transcurridos ha sido una hecatombe descomunal y ha causado calamidades sin cuento tan terribles que a su lado los horrores del dictador Saddam Hussein eran un juego de niños.

Desde la invasión se ha ido de pesadilla en pesadilla. La última se inició en la madrugada del martes, cuando los yihadistas del Estado Islámico en Irak y el Levante (EIIL) tomaron Mosul, la segunda ciudad del país, con unos dos millones de habitantes, situada a 350 kilómetros al norte de Bagdad. Luego fueron avanzando hacia el sur, tomando una localidad tras otra sin prácticamente resistencia, y el jueves se encontraban a pocos kilómetros de la capital y habían llegado a la frontera con Irán.

Resulta difícil explicar cómo ha ocurrido esto. Algunos expertos han señalado que en la zona de Mosul había más de 50.000 soldados bien equipados y que el número de yihadistas no superaba los 1.500, aunque estos contaban con la colaboración de otras milicias, todas sunníes, así como particulares, que se fueron sumando durante su largo recorrido por el norte del país. Sin embargo, los soldados —y los policías— no plantaron resistencia sino que entregaron voluntariamente a los yihadistas sus armas y uniformes y se retiraron tranquilamente.

Fue casi de risa. Antes de entrar en Mosul los yihadistas telefonearon a los notables locales y les indicaron que estaban dispuestos a morir, pidiéndoles acto seguido que advirtieran a sus hijos soldados y policías que no presentaran resistencia para que no les ocurriera nada, y así se hizo.

Más tarde promulgaron decretos que obligan a los vecinos a acudir a las mezquitas cinco veces al día, como prescribe el islam, y que prohíben la venta de bebidas alcohólicas. Los yihadistas se han hecho con las reservas de los bancos locales por un monto de más de 400 millones de dólares, según ha indicado el gobernador de Nínive, la provincia donde se encuentra Mosul.

Cientos de miles de civiles optaron por abandonar la localidad. Como los yihadistas no les permitían sacar sus vehículos, el éxodo se realizó a pie, en dirección al vecino Kurdistán. Por medio de altavoces los insurgentes instaron a los funcionarios de los ministerios y los empleados de los bancos que volvieran a sus puestos de trabajo.

El avance no se detuvo en Mosul. Enseguida continuó hacia el sur. Tomaron la localidad de Baiyi, donde está la mayor refinería del norte de Irak y donde se encuentra una planta que suministra electricidad a Bagdad. Luego siguieron bajando y, sin prácticamente ninguna resistencia, cayó una ciudad tras otra, incluida Tikrit, la patria natal de Saddam Hussein, a 160 kilómetros de Bagdad.

Algunas informaciones señalan que milicias de orientación baazista, el partido de Saddam Hussein, se sumaron a la fiesta. Esto se explica porque esta zona es sunní y los sunníes odian el régimen chií de Bagdad y viceversa. La tragedia es que difícilmente se estabilizará el país si no se establece una alianza entre chiíes y sunníes, y esto es inverosímil a causa de las pésimas relaciones existentes entre las dos confesiones.

El primer ministro Maliki ha pedido ayuda a todo el mundo, empezando por la ONU, pasando por la Liga Árabe y terminando por Estados Unidos, que han prometido asistencia militar, aunque se puede dudar de que eso sirva de ayuda en un país donde el ejército simplemente no funciona.

Un experto de la región ha indicado que el EIIL cuenta con unos seis mil milicianos en Siria y siete mil en Irak, unas cifras realmente modestas. En su mayor parte son locales, aunque en Siria muchos de los cuadros son extranjeros  –incluidos árabes— con experiencia en las guerras de Afganistán, Irak y Chechenia. En sus filas también figuran grupos de islamistas occidentales.

El EIIL está vinculado a Al Qaeda, si bien en los últimos meses se ha producido más de un conflicto entre el responsable del EIIL, Abu Bakr al Bagdadi, y el responsable supremo de Al Qaeda, Ayman al Zawahiri. En los últimos días la frontera entre Irak y Siria simplemente ha desaparecido y el EIIL ejerce un control absoluto a ambos lados de la línea.

La nueva situación puede conducir a una alianza provisional y precaria entre chiíes y kurdos. El jueves los kurdos ocuparon la importante ciudad de Kirkuk, que siempre ambicionaron, y de la que fueron expulsados por Saddam Hussein, aduciendo que el ejército la había abandonado. Dentro de su carácter sectario, los kurdos ya han dicho a Washington que estarían dispuestos a combatir contra los insurgentes siempre que se les garantice algunas contrapartidas, entre ellas la autorización para exportar crudo en grandes cantidades en beneficio propio exclusivamente.

Se estima que el presupuesto del EIIL ronda los 50 millones de dólares mensuales, un monto que tiene que salir de alguna parte, y que lógicamente se puede explicar con las ayudas que los yihadistas han recibido, y seguramente siguen recibiendo, de países sunníes como Arabia Saudí o Catar, cuyo odio por los chiíes es proverbial y cuya ayuda ha sido decisiva a la hora de crear el monstruo. Cuesta creer, además, que saudíes y cataríes no hayan proporcionado la ayuda sin el consentimiento de Washington.

En esa misma línea debe preguntarse de dónde han salido algunas de las armas avanzadas que los yihadistas han utilizado en los últimos días, incluidos tipos de misiles anticarro de fabricación occidental que según algunos expertos no circulan en el mercado negro.

Un aspecto a destacar es que buena parte del éxito del EIIL debe atribuirse a su líder, Abu Bakr al Bagdadi, quien ha demostrado una gran capacidad de adaptación ante los problemas que le han surgido en Siria, donde ha atravesado situaciones muy complejas que ha resuelto con habilidad.