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Un alud humano alcanza Túnez en busca de auxilio

La ONU da la alarma sobre la crisis de refugiados en la frontera con Libia

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Son muchos miles. Entre ellos se extiende como la pólvora el rumor de que Túnez va a cerrar la frontera y crece un murmullo que en pocos minutos se convierte en gritos y alaridos. Los refugiados situados más al fondo, cerca del paso fronterizo libio donde ondea la bandera verde, comienzan a empujar con fuerza. Los que están más cerca de la minúscula verja azul, la ansiada puerta de entrada a Túnez, empiezan a protestar, presas del pánico.

'No van a huir de una guerra en Libia para morir aplastados aquí', comenta un responsable de la empresa CCCC, que viene a recoger a sus empleados asiáticos que trabajan en Libia. El Ejército tunecino ha reforzado con más hombres la vigilancia de la verja y los muros blancos que separan Libia de Túnez, pero la avalancha se descontrola.

Un soldado tunecino muy nervioso dispara al aire, otro lanza ráfagas de fusil a los pies de la gran masa. Algunos policías de paisano levantan sus barras de hierro al aire para amedrentarlos y otros apalean a los pocos osados que saltan el muro a la desesperada. Nada parece calmar a la enorme turba de refugiados, en su mayoría egipcios, que quieren despertarse de la pesadilla. Cargados con grandes maletas, han recorrido cientos de kilómetros y sufrido los controles ilegales en los que han sido víctimas del pillaje.

Los organismos de ayuda internacional comienzan a llegar a la zona con cuentagotas. Una portavoz del Programa Mundial de Alimentos escucha resignada las protestas de un egipcio que la regaña por no haber aparecido antes. 'Están de camino 80 toneladas de galletas hiperproteínicas para esta gente. La comida no puede ser utilizada como arma', repite.

La alimentación no es precisamente la prioridad de los miles de refugiados que han entrado por Ras Ajdir, unos 75.000 según la Oficina de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). La necesidad más apremiante es el cobijo y alguien que les diga cómo y cuándo van a viajar hasta sus países de origen.

ACNUR teme una catástrofe humana y asegura que la situación está llegando a un punto crítico. La explanada donde esperan los vehículos se ha convertido ya en un hervidero de gente en el que por las noches miles de personas duermen al raso, tapadas por mantas que acarrean consigo exhaustas.

El campamento de refugiados más cercano es el del Ejército tunecino, a unos cuantos kilómetros de la frontera, donde hay 500 tiendas de campaña a las que se han sumado las blancas de ACNUR, con capacidad para 20.000 personas. Para trasladarse hasta allí, los refugiados esperan horas sentados en una cola de más de un kilómetro, mientras autobuses amarillos de línea van y vienen lentamente.

Sólo el lunes, 14.000 personas cruzaron la frontera, según ACNUR; el mayor volumen de refugiados por día registrado desde el 20 de febrero. La mayoría lo único que quiere es ser repatriado lo antes posible.