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Los amotinados de Tailandia amenazan con extender la revuelta

El Ejército abre una base militar para evacuar a los miles de turistas que siguen atrapados

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Tailandia camina por el desfiladero. Los manifestantes que ocupan los dos aeropuertos de la capital , el internacional de Suvaranabumi y el local de Don Muang, amenazaron el viernes con extender su revuelta al resto del país si los cuerpos de seguridad acatan la orden dictada por el Gobierno de desalojarlos por la fuerza.

'Si utilizan la mano dura, nadie podrá controlar a las masas enfurecidas', advirtió el viernes Chamlong Srimuang, líder del partido opositor Alianza del Pueblo para la Democracia y uno de los cabecillas de los amotinados. Varios centenares de agentes antidisturbios se encuentran desplegados en el perímetro del aeropuerto internacional a la espera de conocer el resultado de las negociaciones abiertas entre un representante policial y los atrincherados.

'Les estamos pidiendo que permitan al aeropuerto reanudar sus operaciones. Seguimos hablando, pero si esto falla tomaremos otras medidas. La última será dispersarles', aclaró el jefe policial, Suchart Muenkaew. 'No vamos a rendirnos. Lucharemos hasta la muerte', contestó Srimuang. Mientras, el primer ministro del país, Somchai Wongsawat, continúa dictando órdenes desde la localidad norteña de Chiang Mai convertida el miércoles en la capital oficiosa de Tailandia ante la imposibilidad de regresar al Palacio presidencial de Bangkok, ocupado por opositores desde septiembre.

El Ejército, por el momento, permanece acuartelado y sin definir su posición sobre un posible derrocamiento de Wongsawat. Sí han trascendido grietas entre importantes mandos militares y el Ejecutivo respecto a la manera de solucionar esta grave crisis. Si el jueves fue el jefe supremo del Ejército de tierra, el general Anupong Paochinda, quien se negó a cumplir las órdenes de desalojo de los amotinados, fue cesado de manera fulminante el director de la Policía por razones similares.

En Bangkok, la situación es tensa. Partidarios de la Alianza para la Democracia han establecido controles en las carreteras de acceso a los dos aeropuertos ocupados. Jóvenes enmascarados, vestidos de negro y armados con porras y palos de golf, detienen a todos los vehículos que circulan por estas vías para impedir que se infiltren efectivos de las fuerzas de seguridad en su zona de control.

En el hotel Novotel, situado a unos 300 metros de la terminal internacional, varios miles de seguidores de los amotinados parecían celebrar una fiesta.

Al menos, el Ejército decidió el viernes poner a disposición de la diplomacia internacional su base de U-Tapao, a 150 kilómetros al sureste de Bangkok, con el fin de comenzar a evacuar a los miles de turistas que esperan desde el miércoles salir del país. Los militares autorizaron ayer la salida de 40 vuelos a diferentes lugares del planeta, especialmente a Australia.

El presidente de Thai Air-ways International, Narongsak Sangapong, aseguró que la evacuación de extranjeros es lenta, 'a un ritmo de 1.500 al día', por lo que calculó que 'se necesitarán entre cuatro y cinco días para normalizar la situación que se ha generado'.

Algunas fuentes señalaron ayer que puede haber 'entre 5.000 y 6.000 viajeros en Bangkok esperando respuestas'. Pero no hay cifras de los extranjeros atrapados. Se sabe que desde la terminal de Suvarnabumi partían cada día 125.000 pasajeros con destinos internacionales. Ayer se confirmó que horas antes de iniciarse el motín 4.000 personas salieron de Tailandia.