Publicado: 25.01.2016 21:13 |Actualizado: 26.01.2016 07:00

La política belicista del rey Salman de Arabia Saudí incendia Oriente Próximo

El rey Salman ha adoptado durante su primer año en el trono una estrategia osada que puede volverse en su contra a corto o medio plazo, tanto en referencia a la estabilidad interna como en referencia a la estabilidad regional.

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El rey Salman junto al presidente de China, Xi Jinping, durante una ceremonia de bienvenida en Riad. REUTERS

El rey Salman junto al presidente de China, Xi Jinping, durante una ceremonia de bienvenida en Riad. REUTERS

JERUSALÉN.– Se cumple un año del acceso al trono del rey Salman y estos doce meses han estado marcados por enormes desafíos que el propio monarca ha asumido con políticas muy agresivas que están arriesgando la estabilidad de Arabia Saudí y del conjunto de la región, según han observado analistas extranjeros.

Algunas publicaciones árabes han señalado que incluso en el seno de la vasta familia real existe un creciente descontento con la manera en que se están conduciendo los asuntos políticos, económicos y militares, puesto que los sobresaltos se suceden sin descanso y Arabia Saudí ha pasado de ser un país estable y encerrado en sí mismo a ser un país que está jugando sus cartas y sus recursos de manera temeraria.



El hijo del monarca, Mohammed ben Salman, es quien concita la mayor parte de las críticas dentro de Arabia Saudí. Se le considera el máximo responsable de la deriva belicista que ha tomado Riad, y se le ve como un hombre muy ambicioso que pese a su corta edad, 30 años, está dispuesto a cualquier cosa para resolver por la vía rápida problemas de muy difícil solución y para heredar el trono.

En marzo, poco después de acceder al trono, Salman puso en marcha la operación 'Tormenta Decisiva' contra Yemen, una guerra que dirige su hijo Mohammed desde su cargo de ministro de Defensa, y que ya se ha convertido en un conflicto de largo recorrido que no tendrá resultados claros en mucho tiempo. Además, la injerencia saudí en Yemen ha facilitado una significativa expansión en ese país de organizaciones yihadistas como Al Qaeda y el Estado Islámico.

Ahora mismo el monarca está combatiendo de manera directa o indirecta en numerosos frentes, entre los que figuran el mencionado Yemen y Siria, pero también Irak, Libia e Irán. En la mayor parte de estos frentes ha quedado claro que la lucha es contra la influencia chií de Irán, que los saudíes ven como una amenaza contra su régimen.

Para agravar la situación, el precio del petróleo se ha hundido en el momento en que los saudíes andan más necesitados de dinero. Naturalmente, Riad dispone de un nivel de reservas de divisas considerable que, según los expertos, con los actuales precios del barril, podría durar entre tres y ocho años, pero que de ninguna manera puede considerarse ilimitado.

Además, Arabia Saudí contribuye de manera vital a la estabilidad de otros países de la región, como Egipto, Jordania y Argelia. Para Riad es imprescindible mantener estas partidas de ayuda, principalmente a Egipto, puesto que de ello depende que su aliado, el presidente Abdel Fattah al Sisi, se mantenga en el poder.

La reciente experiencia de los Hermanos Musulmanes en Egipto fue considerada catastrófica por los saudíes, en la medida que el islam político que defienden amplios sectores islamistas, y directamente yihadistas, constituye la principal amenaza para la Casa de Saud. Si Egipto cae en manos de los Hermanos Musulmanes, el islam político podría extenderse a Arabia Saudí y a otros países de la región y poner en llamas Oriente Próximo, según la visión del problema que se tiene en Riad.

Han comenzado a reducirse las ayudas y subvenciones en distintas áreas, incluidas las ayudas a productos de consumo básico de las que se beneficia el conjunto de la población

Los enormes gastos militares han conducido a Salman a adoptar medidas impopulares dentro del reino, y han comenzado a reducirse las ayudas y subvenciones en distintas áreas, incluidas las ayudas a productos de consumo básico de las que se beneficia el conjunto de la población. Como es natural, estas medidas han sido criticadas dentro del país y se atribuyen a la megalomanía belicista del hijo de Salman, Mohammed ben Salman.

Pero en estos momentos no parece probable que las autoridades saudíes den marcha atrás en la política que han conducido desde el acceso de Salman al trono. Esto significa que el peligro de la inestabilidad va a seguir creciendo puesto que Arabia Saudí no va a abandonar a sus aliados en Siria o en Yemen, de manera que los gastos van a continuar al mismo nivel de la actualidad o incluso a crecer.

El rey Salman da la mano al ministro de Relaciones Exteriores francés, Laurent Fabius en Riad. REUTERS

El rey Salman da la mano al ministro de Relaciones Exteriores francés, Laurent Fabius en Riad. REUTERS

Los saudíes, por supuesto, apoyan con todas sus fuerzas una intervención militar directa y terrestre de Estados Unidos contra el Estado Islámico en Siria e Irak. Ahora bien, incluso una hipotética derrota de los yihadistas por parte de Washington no aliviará la onerosa carga económica que pesa sobre Riad puesto que los saudíes tendrán que seguir financiando un gobierno en Damasco que no lo tendrá nada fácil para imponer la ley en el conjunto del país.

La ruptura de relaciones con Teherán, anunciada el 3 de enero, un día después de la ejecución del jeque chií Nimr al Nimr y del asalto a la embajada saudí en Teherán, ha endurecido la política de Riad con respecto a los iraníes. La guerra entre los dos países es diplomática y no existe prácticamente ninguna posibilidad de que se traslade al campo de batalla, al menos de una manera directa, porque tanto Arabia Saudí como Irán seguirán asistiendo a sus aliados en la región.

En este contexto, Riad ha promovido una alianza con los países islámicos “para combatir el terrorismo venga de donde venga”. El 14 de diciembre Mohammed ben Salman anunció al mundo la creación de la nueva coalición, de la que evidentemente están excluidos países como Siria, Irak e Irán. Es, sin duda, una coalición de países suníes dirigida contra los chiíes, aunque las autoridades de Riad lo nieguen, lo que augura que la inestabilidad regional va a continuar por lo menos tan viva como hasta ahora.