Publicado: 01.12.2016 22:10 |Actualizado: 02.12.2016 07:00

El antieuropeísmo hace mella en Italia y crea tensión en Europa

El referéndum de este domingo marcará no sólo el futuro del primer ministro, Matteo Renzi, sino también el de la senda reformista, política y económica de la tercera potencia del euro. La ventaja del 'no' en las encuestas atemoriza a la UE y a los mercados.

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El primer ministro italiano, Matteo Renzi, durante un programa de televisión. - REUTERS

El primer ministro italiano, Matteo Renzi, durante un programa de televisión. - REUTERS

MADRID.- La inmovilista Italia, hasta hace poco uno de los más firmes baluartes del europeísmo, no parece querer renunciar a su tradicional vitola de nación ingobernable. Un término que consolidó su justificación con la sucesión de pentapartitos o coaliciones dominadas por la Democracia Cristiana de Mario Andreotti y el Partido Socialista Italiano de Bettino Craxi, que gobernó el país entre 1980 al 1992 y que fue el preludio, por la irrupción de casos de corrupción y la parálisis política y económica, del populismo de Silvio Berlusconi. El 'no' a la reforma constitucional de Matteo Renzi domina las encuestas. Nada menos que 32 sondeos de opinión de 11 firmas demoscópicas distintas dan como vencedores a los detractores del primer ministro progresista italiano. Eso sí, por escaso margen (entre 3 y 5 puntos) y sin contar con el amplio espectro de indecisos: el 25,9% de los italianos con derecho a voto.

El creciente antieuropeísmo trasalpino puede conducir a una nueva crisis de la zona del euro y, por extensión, de la Unión Europea

Pero este domingo Italia se juega mucho más que el puesto de Renzi. En caso de que el líder del centro-izquierda consuma su velada sugerencia ─que no promesa─ de renunciar al cargo. El creciente antieuropeísmo trasalpino puede conducir a una nueva crisis de la zona del euro (y, por extensión, de la UE), una reedición de las tensiones en los mercados de capitales y, en cualquier caso, una inestabilidad notable en su titubeante economía. Más en concreto, en su altamente tóxico sector financiero. Hasta el punto de cuantificar el coste de un mega-rescate suculento. De la suficiente dimensión como para extirpar del sistema nada menos que 360.000 millones de euros de activos tóxicos ─equivalente al 18% del total del sector─, gran parte de ellos concentrados en los libros contables de su tercera mayor institución, el Monte dei Paschi di Siena (MPS) ─el banco más antiguo del mundo─, en estado de suma emergencia.



Pero, ¿qué se juegan los italianos en este referéndum sobre la reforma constitucional propuesta por Renzi? Y, sobre todo, ¿qué consecuencias inmediatas y a medio plazo tendrá el sentido de su voto? En esencia, la cuestión que plantea la consulta se ciñe al ámbito político. Sobre todo, para minimizar el poder del Senado que, de consumarse el 'sí', dejará de ostentar el veto a la aprobación de presupuestos y a gran parte de iniciativas legislativas y perderá su capacidad para retirar su confianza a gobiernos. Prerrogativas que pasarán a ser de la total exclusividad de la Cámara de Diputados, la cual, además, garantizará el 54% de sus escaños a la fuerza política más votada, medida que refuerza la supervivencia del jefe del Ejecutivo durante la totalidad del mandato, de cinco años.

En esencia, la cuestión que plantea la consulta se ciñe al ámbito político. Sobre todo, para minimizar el poder del Senado

La Cámara Alta mantendrá, eso sí, su labor de representación de los intereses de las autoridades locales, aunque con una concreción notable de los mismos, así como su poder de decisión sobre la Jefatura del Estado o los jueces de la Corte Constitucional. También la posibilidad de proponer cambios durante la tramitación de leyes. A imagen del modelo español o alemán. Pero reducirá su actual hemiciclo de 315 a 100 senadores, que perderán su inmunidad actual y ya no serán elegidos por sufragio sino a través de los consejos regionales y municipales, instituciones configuradas desde los 20 gobiernos regionales.

El primer ministro y su Partido Democrático (PD) aducen que aumentará la estabilidad gubernamental y acelerará las reformas legislativas, ya que el modelo bicameral actual, de un casi perfecto equilibrio de contrapesos entre diputados y senadores, ralentiza la aprobación de leyes hasta tres años, de media. Sus oponentes, con el Movimiento Cinco Estrellas de Beppe Grillo ─en empate casi técnico según las encuestas con la formación de Renzi, después de haber logrado las alcaldías de Roma y Turín─ y la Forza Italia del inhabilitado Berlusconi ─sin olvidar a la Liga Norte─ a la cabeza, consideran que elimina los equilibrios y controles de poder, suponen una vuelta de tuerca a la centralización de la toma de decisiones y reducen el nivel de democratización del país. Por contra, Renzi, quien ha incidido en que su modificación constitucional permitirá modernizar los sistemas judicial y educativo y adecuar el ritmo transformador del país a los requerimientos de Europa, cuenta con el respaldo de los agentes sociales.

Renzi saluda a la canciller alemana, Angela Merkel, durante la visita del primer ministro italiano a Berlín del pasado mes de noviembre. - REUTERS

Renzi saluda a la canciller alemana, Angela Merkel, durante la visita del primer ministro italiano a Berlín del pasado mes de noviembre. - REUTERS

Confindustria, la gran patronal, ha hecho campaña por una reforma, dicen, por la que han esperado 25 años, que impulsarán los cambios socio-económicos que necesita el país, reducirá la burocracia para la creación de empresas, elevarán los beneficios del sector privado, agilizarán las modificaciones fiscales que precisa su economía y dinamizará el mercado laboral. Algo menos entusiastas se han revelado los sindicatos y las asociaciones de pymes, aunque se han decantado por apoyar la tesis de Renzi ante la incertidumbre que ha generado el Brexit, primero, y el triunfo de Donald Trump, después, y las dudas que la irrupción de la extrema derecha populista en Europa puede generar en las elecciones presidenciales francesas y las generales alemanas, en 2017.

Los sindicatos y las asociaciones de pymes se han decantado por apoyar a Renzi ante la incertidumbre que ha generado el Brexit y el triunfo de Donald Trump

Sin embargo, las alarmas del no reformista, conectadas al creciente euroescepticismo ─de nada menos que 24 puntos este ejercicio, según el eurobarómetro del Pew Research Center─, se propagan también a la esfera económica. En un momento de coyuntura delicada, con la renta per capita en niveles de finales de los noventa, un mercado laboral con esclerosis múltiple, bancos sin rentabilidades que amenazan con un nuevo rescate desde Europa y una deuda semejante al 133% del PIB. Su titular de Finanzas, Pier Carlo Padoan, descarta que el resultado negativo del referéndum desencadene una nueva tormenta de deuda europea como en 2011.

Pero los analistas no aprecian un horizonte tan benévolo. Céline Renucci, estratega de AXA Investment Managers, dibuja tres escenarios. El primero, al que concede un 55% de opciones, es la victoria del 'no' con un estrecho margen, que no supondrán cambios importantes en la arena política, aunque retardarán el ritmo de las reformas y generarán tensiones a medio plazo en la economía, sin apenas repunte de la prima de riesgo. Un segundo panorama, con un 25% de probabilidades, de claro triunfo del 'no', que aboque a Renzi a la dimisión, ahonde en los privilegios parlamentarios e influya en la resolución final de la Corte Constitucional sobre la reforma electoral (prevista para enero). De producirse, se disparará el diferencial con el bono alemán en más de 150 puntos básicos, aunque sin llegar a los episodios de 500 de la crisis de hace cinco años, precipitará el rescate y se vivirán jornadas de drásticas caídas de las bolsas europeas. Unas turbulencias que inyectarán dudas sobre el proyecto europeo y tensiones geoestratégicas en la UE; en especial, entre sus grandes socios. La tercera carta de la baraja, la victoria del 'sí', al que otorga un 20% de posibilidades, consolidaría el entramado institucional italiano, mejoraría la prima de riesgo no sólo de Italia, sino del conjunto de los países periféricos de la zona del euro y aclararía el destino integrador de la UE.

Sea cual sea el resultado, sin embargo, el futuro de la tercera entidad bancaria, Monte dei Paschi, seguirá en el disparadero

Sea cual sea el resultado, sin embargo, el futuro de la tercera entidad bancaria, Monte dei Paschi, seguirá en el disparadero. Y no es un asunto menor. Sobre todo, porque generaría un efecto dominó en el maltrecho sistema financiero italiano, en el ya debilitado sector francés, el más expuesto a la banca trasalpina, en el alemán (el segundo) y acechado por los problemas del Deutsche Bank e, incluso, en el español, en el que el Popular está dando esta semana muestras de su flaqueza bursátil. Su nuevo CEO, Marco Morelli, tiene hasta finales de año para aumentar, con éxito, en 5.000 millones de euros ─siete veces su valor actual de mercado─ el capital de la entidad y liberar los 28.000 millones de euros en los que se han calculado sus préstamos de dudoso cobro. Además de restablecer la confianza perdida de sus inversores que han visto cómo el precio de la acción ha caído un 99% desde 2009, después de reconocer pérdidas de 15.000 millones de dólares durante este periodo.

La transición del Monte dei Paschi, en consecuencia, será complicada en los próximos meses. Pero la negativa de la sociedad civil italiana a la reforma podría precipitar el rescate. Incluso con el respaldo social su futuro parece pasar por un nuevo esfuerzo financiero procedente de Europa. Fitch Ratings cifra en un 14% menos el nivel de depósitos del banco en relación al pasado año y declara su situación como “extremadamente vulnerable a las decisiones del mercado”. Etiqueta que sitúa a la entidad, según el lenguaje de las agencias de calificación, al borde de la quiebra. A no ser que Morelli logre convencer a los Estados del Golfo Pérsico de la conveniencia de invertir en el tercer banco italiano. El último de los comodines que podría barajar la cúpula dirigente del Monte dei Paschi antes de reclamar ayuda al BCE.