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Argentina sienta en el banquillo a represores del Circuito Camps

El Gobierno argentino y las Abuelas de Plaza de Mayo, las partes querellantes, les acusan de homicidio y torturas

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'Me encañonaron en la nuca. Me tiraron al suelo y me esposaron []. Les dije que tenía el DNI en la cartera y respondieron: Mejor, así no tenemos que cortarte los dedos para identificarte'. El testimonio de Nora Alicia Ungaro hizo enmudecer a los asistentes a la sala del Tribunal Federal de La Plata que esta semana ha reanudado el juicio a 26 presuntos represores de la última dictadura (1976-1983) por delitos de lesa humanidad.

En los seis centros clandestinos de detención que integraron el denominado Circuito Camps, en alusión al fallecido exjefe de la Policía bonaerense Ramón Camps, centenares de universitarios y sindicalistas de La Plata fueron torturados, en ocasiones hasta la muerte.

'Me sacaron la ropa, me ataron de pies y manos y me dieron descargas eléctricas por las zonas más sensibles del cuerpo', recordó entre sollozos Ungaro, que en ese momento era una universitaria de 23 años. Carlos Schultz, otro testigo, fue incapaz de reconocer a sus secuestradores porque les tuvieron todo el tiempo 'encapuchados contra una pared'.

Quienes sobrevivieron a las torturas han tardado 35 años en ver a los presuntos culpables sentados en el banquillo. Entre estos se encuentra un civil, Jaime Lamont Smart, ministro del Gobierno bonaerense durante la dictadura, y 25 militares, como Ibérico Manuel Saint Jean, exgobernador de la provincia de Buenos Aires, y el excomisario Miguel Etchecolatz, condenado a cadena perpetua en 2006 en un juicio anterior.

El Gobierno argentino y las Abuelas de Plaza de Mayo, las partes querellantes, les acusan de homicidio, torturas y/o privación ilegal de libertad a 360 víctimas.