Publicado: 18.07.2015 11:13 |Actualizado: 18.07.2015 11:13

El ayatolá Jamenei rechaza un posible acercamiento entre su país y EEUU

De forma categórica, el líder descartó cualquier "cambio" entre su país y EEUU, con el que Irán "no tiene nada que negociar" en cuestiones "mundiales, regionales o bilaterales".

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El líder supremo iraní, ayatolá Ali Jamenei.

El líder supremo iraní, ayatolá Ali Jamenei.

TEHERÁN.- El líder supremo iraní, Alí Jameneí, cerró hoy categóricamente la puerta a una aproximación entre su país y EEUU al calor del acuerdo sobre el programa nuclear de la República Islámica, pacto que, sin embargo, cuenta con el visto bueno del heredero político de Ruholá Jomeini.

Tras cuatro días de espera desde el anuncio del histórico acuerdo que promete poner fin a más de 13 años de disputas entre Irán y la comunidad internacional, Jameneí se encargó de ponerle paños fríos a las perspectivas abiertas en todo el mundo sobre un cambio en las relaciones entre dos países que se definen mutuamente como "el gran Satán" y principal integrante del "eje del mal".

"Con estas negociaciones y con este texto que se ha elaborado, en ningún modo se obtendrá un cambio de nuestra política frente al Gobierno arrogante de EEUU. Las políticas de EEUU en la región tienen una diferencia de 180 grados con las de Irán", afirmó el líder en un multitudinario sermón en Teherán con motivo de la fiesta del Aid al Fitr, el fin del mes santo de ayuno de ramadán.

De forma categórica, el líder descartó cualquier "cambio" entre su país y EEUU, con el que Irán "no tiene nada que negociar" en cuestiones "mundiales, regionales o bilaterales" y que el único motivo de haberse sentado con ellos en la mesa de negociaciones ha sido para responder a la "conveniencia de la República Islámica".




"Nosotros no dejaremos de apoyar a nuestros amigos de la región y las naciones oprimidas de Palestina, Yemen, el Gobierno y el pueblo de Siria, Irak y el pueblo oprimido de Bahrein. Los honestos guerreros de la resistencia siempre obtendrán nuestro apoyo", afirmó Jameneí en una ceremonia en la que estuvo acompañado por el Gobierno y las más altas figuras del Estado iraní.

Jameneí aprovechó para recordar a Washington sus "grandes errores" al tratar con Irán y les pidió que "despertaran" para darse cuenta de que "nunca verán cumplido su sueño de forzar a la nación iraní a rendirse".

"Irán no quiere ninguna guerra y no iniciará ninguna guerra. Pero en caso de guerra, los agresivos y criminales EEUU serán los perdedores", advirtió.

El duro discurso del líder supremo, la máxima figura política y religiosa del país, contrastó con su apoyo tácito pero reiterado al contenido del acuerdo nuclear, cuya aprobación definitiva derivó al Parlamento con la advertencia de que los legisladores "consideren atentamente los intereses y conveniencias nacionales" en su tramitación.

El portazo al deshielo con EEUU del líder se contradice en parte con la interpretación que el Gobierno del moderado Hasán Rohaní dio del acuerdo nuclear, que calificó como la apertura de "un "nuevo camino" en sus relaciones con la comunidad internacional, particularmente con Occidente.

Ni Rohaní ni su ministro de Exteriores, Mohamad Yavad Zarif, consideraron que el pacto nuclear fuera algo más allá de ese tema concreto en su relación con EEUU, si bien indicaron en varias ocasiones que con ese tema desactivado, en el futuro se podrían tratar otros asuntos de interés para ambos países, particularmente la lucha contra el grupo terrorista Estado Islámico (EI).

Según dijo Rohaní nada más anunciarse el pacto de Viena, el documento constituye el punto de partida para "una nueva cooperación y relación" de Irán con el mundo, ya que con su aplicación "podrán empezar unas relaciones normales" con la República Islámica que no estén basadas en presiones y coacción.

Eso sí, el presidente advirtió también de que esa nueva relación solo será posible si "la otra parte" se atiene a sus promesas.

El acuerdo de Viena entre Irán y el Grupo 5+1 —EEUU, Francia, China, Reino Unido, Rusia y Alemania— recoge el derecho iraní a tener una industria atómica propia, si bien severamente limitada y controlada para que no pueda desviarse a fines bélicos, al tiempo que elimina las sanciones que lastran su economía.

Además, será eliminado el dossier iraní en el Consejo de Seguridad de la ONU bajo el capítulo siete de la Carta de las Naciones Unidas, que autoriza el uso de la fuerza.