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La ayuda no logra sacar a Afganistán de la miseria

La conferencia internacional sobre Afganistán que se celebra hoy en Kabul pretende dar un empujón a la reconstrucción. Empresarios y cooperantes acusan la inseguridad y la corrupción

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Cuando Ziggy Garewal llegó a Kabul hace cinco años al frente de la Agencia de Ayuda a la Cooperación Técnica y al Desarrollo (ACTED), necesitaba más de diez horas para viajar a Kunduz, a unos 250 kilómetros al norte de la capital de Afganistán. 'Las cosas han cambiado de manera increíble en este país y, por ejemplo, sólo tardo ahora unas tres horas para ir a Kunduz', apunta Garewal. Pero he aquí un problema. 'Simplemente ni yo ni nadie va allí. Es peligroso', dice.

La novena Conferencia Internacional sobre Afganistán desde el inicio de la guerra en 2001 reúne hoy en Kabul a delegados de unos 70 países como la secretaria de Estado de EEUU Hillary Clinton y su colega español Miguel Ángel Moratinos, instituciones financieras y altos cargos de la ONU y de la OTAN, con una paradoja importante como tela de fondo.

'Es muy difícil ver el impacto de los donativos', dice una analista

Afganistán alcanza cada año tasas de crecimiento récord de casi el 10%; se han construido 12.000 kilómetros de carretera; más de seis millones de niños reciben educación primaria; el 80% de la población tiene acceso a algún tipo de sanidad. Todo eso era casi inexistente bajo el régimen fundamentalista talibán.

Estas cifras chocan, sin embargo, con otra realidad: Afganistán es el quinto país más pobre del mundo; el 80% de los afganos viven en zonas agrícolas mientras que el 12% de las tierras son cultivables; más del 70% de la población es analfabeta; hay un 35% de paro. Y, sobre todo, los actos de violencia y los atentados se han multiplicado en los últimos años: 2.118 civiles fallecieron en 2009 bajo fuego de las fuerzas internacionales o de la insurgencia, un 40% más que el año anterior. El pasado mes de junio fue el más sangriento desde 2001 para los 150.000 militares de la OTAN desplegados en el país: cien perdieron la vida en sólo 30 días.

La caída de los talibanes en 2001 tras más de 20 años de guerra civil 'fue como una gran dosis de oxígeno y era muy fácil llevar a cabo un proyecto', apunta Emmanuel de Dinechin, que vivió entre 2002 y 2008 en Kabul, donde creó AltaiConsulting, una asesoría para grandes instituciones como el Banco Mundial o el Gobierno afgano. En 2001, el país entero estaba en ruinas y 'la gente no había recibido ninguna formación; ahora la cosa cambia porque en diez años, muchos afganos fueron a la universidad y pueden encargarse de lo que nosotros hacíamos', explica De Dinechin.

El WSJ' reveló que 3.000 millones de dólares en metálico salieron del país

Cuando llegó a Afganistán, solía viajar por muchas zonas del país, incluso las más aisladas, algo casi imposible hoy. 'La seguridad se deterioró mucho. Para los extranjeros, el problema son los secuestros', apunta. Tras el asesinato de cinco de sus trabajadores, la ONG Médicos Sin Fronteras abandonó en 2004 Afganistán, donde regresó el año pasado con importantes medidas de seguridad.

Para los afganos, la inseguridad también se ha convertido en su mayor preocupación. Una reciente encuesta de la organización The Asia Foundation revela que la mitad de la población afgana teme por su seguridad personal en su propia zona, por delante de problemas como el desempleo (35%), la corrupción (17%), la pobreza y la educación (11%).

Ayer, en víspera de la conferencia de Kabul, la ONG Oxfam publicó un informe muy duro con el compromiso de la comunidad internacional. 'Más de 40.000 millones de dólares (unos 31.050 millones de euros) en ayuda a Afganistán han sido aportados en los últimos nueve años y, sin embargo, millones de afganos aún viven en la pobreza', reza el documento. 'Los afganos quieren empleos. Quieren sentirse seguros cuando caminan por las calles. Quieren médicos en los hospitales y buenos maestros en las escuelas. Ahora es el momento de la acción, no más promesas vacías y retórica. Las necesidades de los afganos deben ser prioritarias', aclara la portavoz de Oxfam, Ashley Jackson.

¿Qué ha pasado? ¿Dónde está el dinero que se invirtió a lo largo de esos años?

'En realidad es muy difícil ver el impacto en el terreno de los donativos', apunta Candace Rondeaux, del think tank International Crisis Group, 'porque las ayudas para nuevas infraestructuras han creado las condiciones de la corrupción. Hay muchos intermediarios y las autoridades afganas no son siempre las que deciden'.

La analista apunta a uno de los mayores problemas de Afganistán después de la inseguridad: la corrupción. El pasado 28 de junio, The Wall Street Journal reveló que más de 3.000 millones de dólares (unos 2.450 millones de euros) en metálico han salido del país. El dinero viajaba de manera legal en valijas de altos cargos del Gobierno afgano. Es sólo un ejemplo más de la corrupción endémica. Consecuencia: la Unión Europea ha congelado hasta septiembre 600 millones de euros de ayuda para la reconstrucción.

'Es más fácil para un afgano ganarse la vida de manera ilícita', comenta Félix Arteaga, investigador de Seguridad y Defensa del Real Instituto Elcano. En ausencia de un sistema bancario fiable, una parte del bazar de Kabul se ha convertido en un mercado de divisas, donde algunos comerciantes son capaces de reunir 10.000 dólares en metálico en 24 horas; el dinero se devuelve con intereses y en una cuenta extranjera.

El despilfarro no es la preocupación de Arteaga: 'El problema es la dependencia del país a las ayudas internacionales. A largo plazo, hay que dar protagonismo a los afganos, porque es difícil cambiar las cosas a tan corto plazo. Es el problema de la comunidad internacional, no tiene la paciencia suficiente'.

Para reforzar la seguridad de los ilustres invitados de la conferencia de hoy, el Gobierno declaró dos días festivos e invitó a los ciudadanos a quedarse en casa. Así la comunidad internacional reflexionará sola sobre el desarrollo del país. Un error, según Garewal de ACTED. '¿Qué esperar de esta conferencia? Nada. La sociedad civil, que debería liderar los proyectos, no ha sido invitada', dice. Una idea compartida por De Dinechin que subraya la importancia de la confianza que debe otorgarse a la sociedad afgana.

El antiguo rey de Afganistán, Mohamed Zaher Shah, dijo: 'Esta guerra es estúpida e inútil. Ha llegado la hora de la reconstrucción'. Corría el año 2002 y el monarca falleció en 2007. Sus palabras podrían haber sido pronunciadas hoy 20 de julio de 2010.

1. A la cola del mundoen desarrollo

Afganistán ocupa el penúltimo lugar en el Índice de Desarrollo Humano de Naciones Unidas. Sólo Níger está por detrás.

2. Educación y salud, asignaturas pendientes

Sólo el 28% de la población está alfabetizada. Cada media hora, una mujer muere por complicaciones en el embarazo, otra por tuberculosis y 14 niños fallecen por causas evitables.

3. Cultivos de opio y corruptelas políticas

Afganistán produce el 92% del opio del mundo. La insurgencia talibán se financia a través de los cultivos de esta planta narcótica. Mientras, el desarrollo económico del país se ve obstaculizado por la gran corrupción institucional.

4. Guerra duradera

Hay unos 152.000 militares desplegados bajo la bandera de la ISAF, la misión de la OTAN en Afganistán. España aporta 1.470 efectivos. Sin embargo, gran parte del país sigue bajo control talibán.