Publicado: 15.12.2013 08:36 |Actualizado: 15.12.2013 08:36

Bachelet parte como favorita en la segunda vuelta de las elecciones en Chile que le enfrentan a Matthei

El triunfo de la expresidenta devolvería hoy el poder a la izquierda que ha gobernado el país desde el fin de la dictadura de Pinochet, excepto estos últimos cuatro años.

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Las candidatas de la opositora Nueva Mayoría y de la gobernante Alianza, Michelle Bachelet y Evelyn Matthei, respectivamente, se enfrentan de nuevo este domingo en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales chilenas. Bachelet parte como favorita tras su contundente victoria en la primera vuelta, mientras que Matthei aspira a que la afluencia masiva de votantes logre un cambio de tendencia.

El pasado 17 de noviembre, ambas concurrieron a las urnas, junto a otros siete candidatos. Entonces, Bachelet aspiraba a conseguir su pase directo a La Moneda, pero se quedó a cuatro puntos del 50% de los votos necesarios para ello. Aún así, se consolidó como la primera en la carrera presidencial, ya que Matthei, la segunda más votada, solo se adjudicó un 25% de las papeletas.

Así las cosas, el horizonte electoral parece despejado para Bachelet, que solo tendrá que mantener a los votantes que atrajo hace casi un mes y sumar unos pocos más, para lo que ha contado con la ayuda de los ex candidatos presidenciales Alfredo Sfeir y Franco Parisi, que han pedido públicamente a sus seguidores que apoyen a la líder izquierdista en esta disputa.

Para Matthei, en cambio, la segunda vuelta electoral se presenta como una auténtica carrera de obstáculos porque tendrá que revertir completamente una tendencia de voto que le fue muy desfavorable el pasado 17 de noviembre. Su única baza es atraer a las urnas a los votantes conservadores que se abstuvieron en la primera vuelta.

"Si votaste por mí y llevas a alguien que no votó en la primera vuelta, ¡Sí se puede!", dice la ex ministra de Trabajo del Gobierno de Sebastián Piñera en un anuncio que incluye el popular lema del presidente estadounidense, Barack Obama, para la campaña electoral de 2008.

Consciente de este reto, la candidata oficialista renovó su equipo de campaña electoral tras la primera vuelta, lo que ha supuesto una mayor apuesta por los programas sociales, sobre todo en lo relativo a las políticas de igualdad, y en una mayor definición de su discurso conservador. En concreto, Matthei ha subrayado su alineación ideológica con la Iglesia católica, profundamente influyente en Chile.

"No se va a hacer nada que vaya en contra de la Biblia", dijo tras un encuentro con líderes religiosos, en alusión a las políticas sobre el matrimonio homosexual, el aborto y la eutanasia que propugna Bachelet. También ha insistido en que la reforma fiscal que busca la izquierda solamente conseguirá frenar el crecimiento económico que ha experimentado el país sudamericano. "Cuando se abre el espacio a que las reglas del juego cambien sustancialmente, la inversión se paraliza. Es obvio", ha alertado.

El triunfo de Bachelet devolvería el poder a la izquierda, que ha gobernado Chile desde el fin de la dictadura militar de Augusto Pinochet (1973-1990) con el único paréntesis de estos últimos cuatro años. Si bien, se trata de una Concertación renovada, rebautizada como Nueva Mayoría, que aglutina a los históricos Partido Socialista (PS), Demócrata Cristiano (PDC), Por la Democracia (PPD) y Radical Socialdemócrata (PRSD) y suma al Partido Comunista (PC), el Movimiento Amplio y Social (MAS), la Izquierda Ciudadana (IC) e independientes.

Bachelet, de 62 años, se presenta con la promesa de "cambiar el rostro de Chile" para que el crecimiento económico, ejemplo de toda América Latina, sirva para acabar de una vez por todas con las desigualdades sociales, en un país donde la brecha entre ricos y pobres, lejos de reducirse, se ha acentuado por el inmovilismo de Gobierno y Congreso.

Así, ha apostado por una reforma constitucional a fondo con el fin de desprenderse de la Carta Magna heredada del régimen castrense, que, a pesar de que ha sido remendada en democracia, todavía adolece de graves defectos. Su pretensión es incluir un amplio catálogo de derechos fundamentales y crear un sistema electoral realmente representativo. También ha propuesto otras dos grandes reformas. Por un lado, la educativa, respondiendo al clamor popular por una educación pública, gratuita y de calidad, con la que pretende garantizar el acceso universal a todos los niveles educativos y eliminar progresivamente la financiación y el lucro privados.

Por otro lado, ha pensado una reforma fiscal basada en "que los que más tienen paguen más" y en "un tratamiento similar de las rentas del trabajo y del capital" con la que espera recaudar el equivalente a un tres por ciento del PIB para financiar los 15.000 millones de dólares que necesita para implementar su programa de Gobierno.

A favor de Bachelet juega su promesa de cambio para lograr una sociedad más equitativa, así como la buena gestión económica de su Gobierno (2006-2010), con la que desterró el mito de la izquierda despilfarradora. Si bien, su baza más importante es su carisma, que la llevó a convertirse en la primera presidenta chilena y a despedirse del cargo con una popularidad récord del 84 por ciento.

Para poder hacer realidad sus promesas electorales, Bachelet tendrá que crear un Gobierno con dotes negociadoras, ya que los resultados de los comicios legislativos celebrados el pasado 17 de noviembre le dejaron un Congreso con una mayoría insuficiente para llevar a cabo sus reformas, sobre todo la constitucional, para la que necesita el apoyo de al menos dos tercios de la sede legislativa.

Matthei, de 60 años, ha presentado una hoja de ruta radicalmente distinta que consiste en dar continuidad a todas las políticas emprendidas por el Gobierno de Piñera, a pesar de que la mayoría han tenido una fuerte contestación social. Así, ha basado su programa de Gobierno en garantizar el crecimiento económico mediante incentivos a las pequeñas y medianas empresas, con los que pretende crear hasta 600.000 nuevos empleos -al menos dos terceras partes para mujeres- y de aumentar los recursos para las regiones productivas con proyectos energéticos y mineros.

La propuesta de Matthei costaría unos 17.000 millones de dólares, que pretende conseguir con el crecimiento económico y con una leve reforma fiscal destinada a luchar contra el fraude y la evasión.

El principal obstáculo de Matthei en la carrera hacia La Moneda es, sin duda, el accidentado modo en que ha llegado a convertirse en la abanderada de la derecha, ya que consiguió la nominación después de que el ex ministro de Economía Pablo Longueira dimitiera sorpresivamente por depresión tras ganar al ex ministro de Defensa Andrés Allamand en unas primarias que causaron una profunda división en la Alianza.

En estos comicios se da la paradoja de que las dos principales candidatas presidenciales crecieron juntas y forjaron una amistad que se vio truncada con el advenimiento de la dictadura militar y que hizo que sus vidas tomaran caminos muy distintos que las han marcado políticamente. Bachelet y Matthei se conocieron en la base militar en la que sus padres, Alberto y Fernando, respectivamente, estuvieron destinados. Con el golpe de Estado, Bachelet fue recluido en la Academia de Guerra, dirigida por Matthei, por reafirmar su lealtad al Gobierno de Salvador Allende.

Alberto Bachelet falleció en la Academia de Guerra, según la versión oficial, por un paro cardíaco. Sin embargo, la familia asegura que las torturas que sufrió en su cautiverio le costaron la vida. La justicia chilena ha investigado la implicación de Fernando Matthei en este suceso, pero nunca ha llegado a procesarle.

Sus fuertes vínculos con el régimen castrense y, en general, con la familia militar, que aún hoy es considerada pinochetista, suponen una carga para Matthei, sobre todo después de que se negara a pedir perdón por los crímenes de la dictadura, coincidiendo con el 40º aniversario del golpe de Estado.