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El Bahréin que no es modernidad

Tras los grandes rascacielos, se esconde la dinastía Kalifa, que gobierna desde 1783 bajo una falsa monarquía parlamentaria

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Es posible que lo primero que venga en mente cuando se habla de Bahréin son los rascacielos o el Gran Premio de Fórmula 1. Por tanto, modernidad, forjada a base de petrodólares y una apertura muy significativa a las inversiones extranjeras. Y también, por el aparente interés en construir una democracia verdadera, donde el poder del rey se acaba en el Parlamento.

Pero como explica en un reportaje el periodista de la BBC Bill Law, también existe otro Bahréin, en el que 'el disenso es eliminado y los críticos son encarcelados. Un país donde los presos políticos son torturados de manera rutinaria'. Por ejemplo Ali Abduleman, escritor, periodista y blogger, detenido por, como dice su mujer 'escribir sus opinones'.

Abduleman fue despedido en septiembre de la aerolínea estatal en la que trabajaba como especialista teconología informática acusado de formar parte de una organización terrorista. Fue condenado por difundir información falsa y relacionado con un grupo de opositores detenidos en agosto. A todos se les negó el acceso a un abogado o llamar a sus familias durante varias semanas y todos fueron torturados para sacarles información. Todos son chiíes.

Las voces disonantes son extrañas en Bahréin porque la mayoría de los medios de comunicación están controlados por el Gobierno. Un estudio de 2010 sobre la libertad de expresión define al país como 'no libre' y lo coloca en el puesto 153 de 199 países en cuanto a libertad de prensa. En la teoría la Constitución garantiza la libertad de expresión, aunque las críticas contra el rey son penadas con la cárcel y existe la censura previa.

Desde 1783, el país está dirigido por la familia suní Kalifa, que expulsó a los persas. Y entre 1861 y 1971 fue un protectorado británico. El rey es la máxima autoridad del Estado y sus familiares ostentan los mayores cargos políticos y militares.

Las principales tensiones provienen del aislamiento a los chiíes por parte del GobiernoEn 2001, Hamad bin Isa Al Kalifa, que era emir desde la muerte de su padre en 1999, propuso crear una monarquía parlamentaria con una Cámara elegida por el pueblo y una magistratura independiente. Las elecciones tuvieron lugar en 2002, lo que supuso el primer referéndum en 30 años. En 1968, Isa fundó y se proclamó jefe de las Fuerzas Armadas, sirviendo además, como Ministro de Defensa, de 1971 a 1988. 

El hecho de que la dinastía gobernante sea suní es uno de los mayores problemas de desestabilización social ya que los chiíes no se sienten representados ni por el rey ni por el Parlamento.De hecho, el jefe del Ejecutivo es Kalifa Ben Salman, tío del rey.

El reino tiene una población de 807.000 personas según datos de la ONU en 2010, la capital es Manama y la lengua principal es el árabe. La riqueza del país reside en el petróleo y según el Banco Mundial, la renta per capita anual asciende a 25.420 dólares (unos 18.800 euros).