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Baño de sangre en la agonía del régimen de Gadafi

Un bombardeo aéreo mata a 250 personas en la capital. Dos ministros, diplomáticos y militares se unen a los manifestantes

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Muamar Gadafi parece decidido a aferrarse a su ya tambaleante poder, aunque para ello tenga que cubrir Libia de cadáveres. Este lunes, el Ejército bombardeó a la multitud que se manifestaba en Trípoli contra el régimen del dictador. Según la cadena Al Yazira, al menos 250 personas perecieron bajo las bombas.

'Lo que estamos viendo hoy es inimaginable. Aviones de guerra y helicópteros están bombardeando indiscriminadamente una zona después de la otra. Hay muchos muertos' declaró a Al Yazira el activista político Adel Mohamed Saleh. 'Nuestro pueblo está muriendo. Es una política de tierra quemada. Cada 20 minutos bombardean', dijo Saleh.

Dos pilotos libios que hoy se refugiaron en Malta a bordo de sus aviones de combate confirmaron haber recibido la orden de bombardear a los manifestantes. Esa fue la razón de su deserción.

Por la mañana, los militares leales al dictador habían empleado artillería pesada contra los civiles, que ya habían tomado el control de alguna de las principales arterias de la capital y que se congregaban en la Plaza Verde. El diario Quryna, que pertenece al grupo de prensa de Saif al Islam, el hijo y heredero de Gadafi, confirmo también que hombres identificados como mercenarios abrieron fuego contra los manifestantes en Trípoli.

Las calles de la capital libia aparecían hoy sembradas de cuerpos tirados por las calles. Ahmed Elgazir, un investigador de derechos humanos en el Centro Libio de Noticias, con sede en Ginebra, dijo a la televisión qatarí que las fuerzas de seguridad estaban 'masacrando' a los manifestantes en Trípoli.

El baño de sangre con el que amenazó hoy Saif al Islam Gadafi en el discurso que pronunció de madrugada en televisión es ya una realidad. Pero sus amenazas de luchar contra la revuelta 'utilizando hasta el último hombre' y de que las manifestaciones podían provocar una 'guerra civil', no han hecho sino atizar la ira del pueblo libio. Varios testigos informaron de que diversos edificios públicos, como la sede del Parlamento, el ministerio de Justicia, y las sedes de una radio y de una televisión estaban en llamas. Multitudes enfurecidas quemaron retratos de Gadafi, el dictador más antiguo de África, que lleva casi 42 años en el poder.

Mientras los combates proseguían a brazo partido en Trípoli, las principales avenidas de Bengasi, segunda ciudad del país y foco de las protestas, están ya controladas por los manifestantes, según Reuters. La revuelta popular cuenta con el apoyo de algunas unidades militares que se les han unido. La cadena BBC cita a testigos que aseguran que once soldados que se negaron a disparar contra la multitud fueron salvajemente ejecutados por sus mandos.

La Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH), cuyas fuentes son asociaciones libias de derechos humanos, confirmó el control de Bengasi por parte de los manifestantes y aseguró que otras localidades del país, como la ciudad natal del autócrata, Sirte, están también bajo el control de la revuelta popular. Otras ciudades como Musrata, Al Baida, Darna y Ajbadiya se han alzado a su vez contra el régimen. La presidenta de la FIDH declaró a Efe que el general Al Arbi, que controla la zona fronteriza con Egipto, ha dado su apoyo a los manifestantes. Esta deserción, aún por confirmar, se sumaría a los cada vez más numerosos responsables del Gobierno, diplomáticos y soldados de a pie que se están uniendo a la revuelta popular.

Esta tarde, Mustafá Abul Jalil, el ministro de Justicia libio, anunció su dimisión por 'el uso excesivo de la fuerza contra los manifestantes, informó el diario Quryna. También el embajador libio en India, Ali al Issawi, explicó a la BBC que renunciaba porque 'mercenarios extranjeros han sido desplegados para atacar a ciudadanos libios'.

Por su parte, el ministro de Estado libio de Emigracion, Ali Errichi, exigió hoy desde Boston al líder libio que abandone el poder, informó Al Yazira. El número dos de la delegación de Libia ante la ONU, Ibrahim Dabbashi, siguió poco después su ejemplo. Dabbashi acusó a Gadafi de estar cometiendo un 'genocidio' y le instó a abandonar el poder, según la BBC. 'Si Gadafi no renuncia, el pueblo lo derrocará', pronosticó el diplomatico.

El dictador está cada vez más solo. La mayoría de los imanes de las mezquitas del país se negaron a pronunciar un sermón que les había preparado el régimen. Luego llamaron a la población a salir a las calles.
Al Yazira sostiene que la tribu Warfalla, la más importante del país, ha dado también su apoyo a la revuelta, lo que representa un severo varapalo para el delicado entramado de compromisos tribales sobre los que se asienta el poder despótico de Gadafi desde 1969.

'La posibilidad de una guerra civil en Libia es muy probable porque el Gobierno ha perdido el control de parte de su territorio', dijo a Reuters el analista Shadi Hamid. Expertos del Centro de Control de Riesgos de Londres explicaron a esta agencia que el uso de aviones militares contra la población civil es un síntoma que indica que la caída de Gadafi se aproxima.

'[El bombardeo] parece ser el último, desesperado acto de Gadafi. Si un régimen bombardea su propia capital, es muy difícil pensar que pueda sobrevivir', consideró Julien Barnes-Dacey, el analista para Oriente Próximo del centro. La situación es tan adversa para Gadafi que hoy muchos dieron por buenos los rumores que le hacían camino a Venezuela. Unos rumores que el Gobierno libio desmintió, aunque, según fuentes 'de confianza' citadas por BBC, el dictador ya no está en Trípoli.