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Beppe Grillo revoluciona Italia y cierra las puertas a la formación de un Gobierno con el centroizquierda

El Movimiento 5 Estrellas se erige como juez del futuro del país al impedir que tanto Bersani como Berlusconi consigan la mayoría en el Senado. "Con nosotros no habrá apaños, los dos están acabados", dijo el

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El Movimiento 5 Estrellas (M5S) de Beppe Grillo ha puesto Italia patas arriba tras convertirse ayer en la formación más votada en el Congreso con 8,6 millones de votos y conseguir 58 escaños en el Senado, lo que bloquea por completo las aspiraciones del centroizquierda de Pierluigi Bersani -vencedor por los pelos de las elecciones legislativas- de gobernar un país cuyo Ejecutivo depende irremediablemente del control total de la Cámara Alta. 

Grillo, líder espiritual del M5S, hace así historia en el país transalpino al romper el dominio de los partidos tradicionales la primera vez que se presenta a unos comicios generales (ironías de la vida, un partido novel no conseguía pasar del 20% desde Forza Italia de Berlusconi en los 90), algo que puede propiciar la caída de toda una generación de políticos y, como consecuencia, la renovación democrática que lleva reclamando desde hace cuatro años.

El proceso, en cualquier caso, será aún largo a juzgar por el número de votos que ha obtenido un Silvio Berlusconi al que todos daban por muerto. La coalición de su partido, el Pueblo de la Libertad (PdL), con la xenófoba y separatista Liga Norte (LN) de Roberto Maroni, ha resurgido de sus propias cenizas. En el Senado obtuvieron el 30,72% de los votos, lo que supone un total de 114 escaños, uno más que la coalición del Partido Democrático (PD) de Bersani e Izquierda, Ecología y Libertad (SEL) de Nichi Vendola. La participación se quedó en un 75%.

La clave de todo está en la ley electoral italiana. Los escaños del Senado se reparten en función de las regiones, otorgando mayor representación a las más pobladas. Lombardía, Campania y Sicilia son las áreas clave y en las tres ha ganado Berlusconi, por lo que pese a haber conseguido menos votos en el conjunto total del país (9,3 millones) que la coalición de Bersani en esa Cámara (9,6), obtiene más senadores.

El Senado quedaría configurado de la siguiente manera: centroizquierda, 113 senadores; centroderecha, 114; M5S, 58; y lista de Mario Monti, 16. La mayoría queda fijada en los 158 escaños, de ahí que Grillo sea en un personaje indispensable. Lo que pasa es que el cómico genovés, caracterizado por sus críticas despiadadas a la clase política y por ser un azote de la corrupción, no está por la labor de pactar ni con unos ni con otros. 'No va a haber ningún tipo de apaño con nosotros [...] Bersani y Berlusconi están acabados', dijo tras empezar a confirmarse los resultados.

Si cumple con su palabra, en estas condiciones sólo hay dos posibilidades en el horizonte y ambas pasan por las urnas. Por un lado, que después de que el presidente Giorgio Napolitano se reúna con todos los partidos, derecha e izquierda se pongan de acuerdo para organizar un Gobierno de transición -quién sabe si con Mario Monti al frente- que reforme la ley electoral y que termine por convocar las elecciones (se ha habla de septiembre).

Una de las posibilidades pasa porque derecha e izquierda pacten formar un Gobierno de transición Esto sería una manera de ganar tiempo con la Unión Europea y los mercados aparentando la sensación de que la cosa está bajo control.

Ahora bien, pasadas las 1.00 horas, el secretario nacional del PdL de Berlusconi, Angelino Alfano, compareció ante los medios exigiendo el too close to call en el Congreso. Es decir, estaba pidiendo al Ministerio de Interior que no decrete un ganador y que recuente todos y cada uno de los votos para asegurarse de quién ha ganado en la Cámara Baja. ¿Por qué? Por un motivo.

Las diferencias entre Bersani y Berlusconi han sido tan pequeñas que el centroizquierda obtuvo un 29,5% de los votos por el 29,18% del centroderecha. Ambas coaliciones están separadas por un 0,4%. A su vez, el M5S tuvo el 25,5% de los apoyos y la coalición democristiana de Monti un 10,5%, muy por debajo de las expetativas.

Lo que sucede es que la otra particularidad de la ley electoral consiste en que el que más porcentaje de votos obtiene en el Congreso se lleva inmediatamente el premio de mayoría, un buen puñado de escaños gratis que suelen servir para afianzar a los partidos en esta Cámara. Al no haber una mayoría en el Senado, Berlusconi pretende de esta manera evitar que, por cosas de la vida, Grillo cambie de opinión y acceda a pactar con Bersani, dejando aislado definitivamente al centroderecha, que no tendría ni voz ni voto en ninguna de las cámaras.

Este gesto de Berlusconi pone sin duda más difícil que centroizquierda y centroderecha se pongan de acuerdo y formen eso que los medios han comenzado a llamar la supermayoría. 

Por lo tanto, quizá en este momento la opción más viable es que Napolitano decida que no se puede formar Gobierno y convoque de nuevo elecciones. Esto provocaría una serie de terremotos de difícil manejo en todos los sentidos. Primero, en el conjunto de la Unión Europea, donde Alemania y la Comisión Europea se habían encargado de hacer cundir el pánico ante la posibilidad de que nadie obtuviera la mayoría en el Senado, por la inestabilidad que esto puede conllevar en los mercados de deuda.

El miedo no era infundado ya que por la tarde, con el primer sondeo que daba la vitoria a Bersani, la prima de riesgo descendió en pocos minutos hasta 20 puntos básicos (en torno a los 260) y la Bolsa de Milán crecía 4 puntos, mientras que cuando las proyecciones de voto anunciaban la resurrección de Berlusconi el diferencial crecía hasta los 293 y el parqué milanés rozaba los números rojos.

Este panorama pone también en el ojo del huracán al PD y sobre todo a Bersani, que ha conseguido quemar en tiempo récord la distancia de 15 puntos con Berlusconi que vaticinaban las encuestas hace dos meses. No sería de extrañar que se pusiera en duda la capacidad del secretario general para vencer en la repetición de las elecciones con lo que se podría llegar a abrir un nuevo proceso de primarias que esta vez, sin ningún genero de dudas, llevaría al liderazgo al alcalde de Florencia, Matteo Renzi. 

La lectura que se puede hacer de los resultados es que el hundimiento de los partidos tradicionales, que ya se había manifestado con la llegada de los tecnócratas al haberse demostrado incapaces de sacar al país de la crisis, es total. La segunda, que un cuarto de la sociedad (la media de votos de Grillo está en torno al 25%), justo el mismo porcentaje de personas que no votaron, ha decidido tomar las riendas de su futuro y romper con el dominio de una clase política asfixiada por el clientelismo, la corrupción, la escasez de ideas y la falta de renovación. La tercera, que acaba de comenzar el cambio que nunca se llegó a completar después de Tangentopoli y la instauración de la II República.

¿Cuál será el resultado? Es complicado aventurarlo pero la victoria de Grillo acaba de jubilar a toda una generación de políticos que hace décadas que tendrían que estar en sus casas. Por mucho que algunos medios se empeñen en repetirlo, Italia hoy es un país menos ingobernable que ayer ya que se han sentado las bases para que, esté quién esté, se tome en serio la necesidad de una reforma electoral.

También, porque el aire nuevo que hace entrar el M5S en el Parlamento y el gran apoyo social que ha recibido, obligará a centroizquierda y centroderecha a limpiarse y adaptarse a los nuevos tiempos. No se puede llamar antipolíticos -así es como denominan a Grillo los medios mayoritarios italianos e internacionales- a más de 8 millones de italianos. La antipolítica lleva instalada en Italia desde hace 19 años, esa que ha sumido al país en la casa de locos que parece hoy.