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Berlusconi ofrece un pacto envenenado a la oposición

'Il Cavaliere' pide al Partido Democrático que apoye medidas "liberalizadoras"

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Silvio Berlusconi olvidó repentinamente las últimas dos semanas de su existencia y decidió ejercer de primer ministro dialogante y conciliador. Il Cavaliere llamó a la principal formación de la oposición, el Partido Democrático (PD) de Pierluigi Bersani, a sacar adelante un gran pacto que propicie la recuperación económica de Italia, copiando el modelo de liberalizaciones aplicado en Alemania.

El PD respondió inmediatamente que las ofertas llegan tarde. Un poco, sí. Esta semana es decisiva para la supervivencia de Berlusconi. Por una parte, la Fiscalía de Milán solicitará a la jueza Cristina Di Censo que acepte su petición para juzgar a Berlusconi por la vía rápida apoyándose en el sumario del caso Ruby; por otra, el Parlamento se someterá a dos votaciones clave.

La negativa de Bersani permite a Berlusconi seguir demonizándolo

La izquierda habría cometido un error muy grave escuchando los cantos de sirena del Gobierno porque si bien un psiquiatra podría definir la apertura al diálogo de Berlusconi como amnesia transitoria, en términos políticos tiene una lectura más terrenal. Se llama precampaña electoral.

'Alemania ha llevado a cabo este salto liberalizador y reformador' con las reformas de Gerhard Schröder y, después, con el Gobierno de Angela Merkel, escribió Berlusconi en una carta enviada a Il Corriere della Sera. 'Los resultados están a la vista de todo el mundo: la locomotora ha vuelto a andar', añadió. Con su carta, Berlusconi sabía que ganaba o ganaba. Al menos cara a sus votantes.

En primer lugar, por haber empleado el tono conciliador en un momento de crispación social y política no visto en un par de decenios, que su aparato mediático se ha encargado de cargar a las espaldas de la oposición.

El primer ministro pone como ejemplo a seguir el convenio abusivo de Fiat

En segundo lugar, porque la más que previsible negativa de Bersani le sirve de excusa para seguir demonizándolo.

'Es un engaño', dijo el líder del Partido Democrático tras leer la prensa. 'Es un insolente y un irresponsable. El voto castigará a los saboteadores', contestó Berlusconi.

La propuesta iba cargada de veneno. Il Cavaliere utilizó como ejemplo de cómo sacar al país de la crisis los nuevos convenios firmados en las plantas de Fiat en Pomigliano y Mirafiori. En ambos, el presidente de la empresa automovilística, Sergio Marchionne, chantajeó a los operarios amenazando con cerrar las fábricas si no aceptaban trabajar más horas, reducir los descansos, renunciar a la paga extra a cambio de un aumento de 30 euros mensuales y firmar una cláusula en la que el absentismo en casos como una huelga se considerará como falta grave. Es fácil entender cómo habrían reaccionado los sindicatos si a Bersani se le hubiera ocurrido escuchar a Berlusconi.

El primer ministro también ofreció poner fin a la cultura 'estatalista' y asegurar la reforma del artículo 41 de la Constitución, para aplicar 'medidas drásticas en el mercado del patrimonio público' y rebajar los impuestos a las nuevas empresas y a los jóvenes. Para el PD, renunciar a la intervención del Estado sería negar su propia identidad.

La deuda pública de Italia supera el 110% del producto interior bruto

Es cierto que la deuda pública de Italia supera el 110% del producto interior bruto, pero con los sondeos aún favorables, a Berlusconi le preocupan más otras cosas.

Está la petición de juicio rápido esta semana de los fiscales milaneses que le acusan de prostitución de menores y abuso de poder. Los fiscales actuarán a sabiendas de que el jueves, casi con toda seguridad, el Parlamento les quitará la competencia pasándosela al Tribunal de Ministros. A partir de ahí se abrirá una batalla entre instituciones que llevará al Ejecutivo y a la Fiscalía a enfrentarse en el Tribunal de Apelación.

Ese mismo día se vota el federalismo fiscal en la Cámara, el caballo de batalla de la Liga Norte, único aliado firme de Berlusconi en el Gobierno. Sin su aprobación, la Liga ha dejado claro que a Il Cavaliere no le quedará otra que convocar elecciones.