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Los birmanos dan la espalda a las elecciones de la Junta

La oposición achaca la baja participación durante la jornada de ayer a la llamada al boicot de los primeros comicios en 20 años. Hay acusaciones de fraude y manipulación por parte de los militares

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Han sido veinte años sin votar, pero muchos birmanos prefirieron quedarse en casa. La baja participación fue la nota predominante en las primeras elecciones en dos décadas en Myanmar, nombre oficial de la antigua Birmania, algo que los disidentes políticos interpretaban como un intento de boicot a los comicios.

'Es evidente que la gente que no ha votado lo ha hecho para expresar su repulsa por las elecciones. Es una forma que tienen de luchar contra el régimen', aseguró Khin Ohmar, activista durante los levantamientos de 1988 que actualmente coordina la organización opositora Burma Partnership desde el exilio en Mae Sot, una localidad tailandesa en la frontera con Myanmar.

Muchos birmanos habrían seguido así la petición de la premio Nobel de la Paz y líder de la oposición Aung San Suu Kyi, quien había llamado al boicot de los comicios después de que las leyes electorales la apartaran de la carrera electoral. Otros 2.000 presos políticos encerrados en las diferentes cárceles del país, una de las dictaduras más represivas del mundo, tampoco pudieron presentarse y la principal formación opositora, la Liga Nacional por la Democracia (LDN) de Suu Kyi, vencedora en las elecciones posteriormente anuladas de 1990, decidió no registrarse y fue disuelta.

'La gente no quiere votar, porque sólo pueden hacerlo por la Junta'

El desinterés por los comicios también estaba presente entre los exiliados, a quienes se ha apartado deliberadamente del proceso electoral. 'Nosotros no hablamos de las elecciones aquí. No tenemos nada que ver con Myanmar. No hacen nada más que contar mentiras', aseguró U Ta Zaw, un monje birmano que lleva 15 años en Mae Sot.

Sin embargo, el boicot no ha sido generalizado ya que la Junta se ha tomado muchas molestias para que los votos adecuados terminasen en las urnas. Así, mientras las elecciones fueron canceladas en 3.500 aldeas, situadas en zonas remotas controladas por las tribus, la oposición asegura que los militares obligaron a muchas personas a acudir a las urnas. 'La gente no quiere votar, porque sólo pueden votar por la Junta. Pero ha habido muchos problemas, especialmente en el este, porque mucha gente ha sido obligada por el ejército', dijo Thiha Yanzar, un disidente político refugiado en Tailandia.

Más de 29 millones de personas estaban llamadas para votar por más de 3.000 candidatos de 37 partidos diferentes. Sin embargo, las dos formaciones con más representantes están vinculadas a los militares: el Partido para la Solidaridad y Desarrollo de la Unión (USDP, en sus siglas en inglés), el más cercano a la Junta, y el Partido de Unidad Nacional (NUP), formado por seguidores del antiguo dictador ya muerto Ne Win.

Los opositores temen que los militares amañen las elecciones si no obtienen los resultados esperados. 'Si no ganan, volverán a hacer como en 1990 y anularán los comicios', comentó Thiha Yanzar. De hecho, la Junta ya anunció hace una semana que si no se registraba la participación esperada se celebraría un nuevo proceso electoral. Se espera que habrá una participación más baja que en 1990, pero suficiente para validar el proceso. 'No hay que olvidar que la Junta se aseguró muchos votos previos, que se ha obligado a gente a hacerlo, y que otras personas han acudido a votar sin saber muy bien qué estaban haciendo', afirmó Khin Ohmar.

Se registraron las primeras tensiones en la región de Karen

La Junta, que gobierna el país con mano férrea desde 1962, sólo ha dado a conocer unos escuetos resultados previos, que darían una amplia ventaja al USDP sobre el resto de formaciones. Se espera que los resultados completos y definitivos

De confirmarse una rotunda victoria del principal partido de la Junta, la tensión aumentará rápidamente. 'Sería un buen momento para un levantamiento y probablemente se dé. Pero deberíamos pensar a largo plazo, porque una revolución rápida y sangrienta no nos va a traer la democracia', aseguró el monje Ashin Sopaka, uno de los líderes que organizó desde el exilio la Revolución Azafrán en 2007. La anunciada liberación el próximo 13 de noviembre de Suu Kyi, quien lleva 15 de los últimos 21 años bajo arresto domiciliario, también podría crear tensiones.

Las tribus tendrán un papel clave en posibles choques con los militares, en un país donde el 40% de la población pertenece a una minoría étnica y donde el Gobierno y las guerrillas llevan más de medio siglo de guerra civil. Se registraron las primeras tensiones en la región de Karen, donde el Ejército Budista para la Democracia Karen (DKBA en sus siglas en inglés) aumentó sus tropas en la zona fronteriza de Myawaddy, haciendo temer un enfrentamiento directo con el ejército birmano.

El principal partido ligado a los generales es el favorito para ganar

La Constitución birmana prevé la creación de un gobierno civil, cuyo presidente ejercerá las funciones de jefe de Estado y podrá designar a la mayoría de sus ministros. Sin embargo, este presidente dirigirá el país bajo la atenta mirada del Jefe de las Fuerzas Armadas, quien podrá elegir a los ministros de Defensa, Interior y Fronteras y quien tomará el poder en caso de decretarse el Estado de emergencia. 'Sólo están cambiando de uniforme, pero no cambiarán su política. A nosotros no nos importa que no se cambien de ropa, pueden seguir gobernando como militares, pero pensando en el bien de su pueblo', aseguró el monje Sopaka.

Esta figura con amplios poderes será probablemente ocupada por el actual líder de la Junta, el general Than Shwe, en el poder desde 1992. El difícil equilibrio entre el Jefe de las Fuerzas Armadas y el futuro Gobierno civil es la principal esperanza para que el país comience a conocer ciertas libertades. 'Será un proceso lento, pero podemos cambiar las cosas desde dentro. Esto puede ser una oportunidad', concluyó Sopaka.