Publicado: 28.10.2015 20:06 |Actualizado: 29.10.2015 07:15

Blair miente cuando se escuda en "errores de la inteligencia" para justificar la cruenta invasión de Irak

El expremier británico acaba de declarar que se pudieron cometer errores en la invasión de Irak de 2003, pero en sus palabras no se ve ninguna señal de contrición. Las posibilidades de que termine en el banquillo de la Haya son inexistentes, pese al cinismo con que recuerda la mayor tragedia de la humanidad de este siglo.

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Tony Blair junto con el expresidente estadounidense, George Bush, en 2003, año de la invasión a Irak

Tony Blair junto con el expresidente estadounidense, George Bush, en 2003, año de la invasión a Irak

JERUSALÉN – Las declaraciones de esta semana del exprimer ministro del Reino Unido Tony Blair a la cadena CNN revelan hasta dónde puede llegar la falsedad y la hipocresía después de haber dejado una situación dantesca en Irak con más de medio millón de muertos, millones de refugiados y desplazados, y una realidad sumida en la más profunda desesperación.

Conviene señalar que sus declaraciones llegan cuando se está a la espera de un informe que está preparando sir John Chilcot sobre aquella guerra, y que este informe podría ser bastante crítico con Blair. En los medios británicos se han visto las explicaciones del exprimer ministro como una especie de disculpa, o como ponerse la venda antes de la herida.



Blair, como no podía ser menos, asume cierta responsabilidad por lo ocurrido, pero lo hace de una manera muy limitada y alejándose en todo lo posible del embrollo que él creó. “Por supuesto, no se puede decir que quienes sacaron a Saddam Hussein en 2003 no tienen responsabilidad por la situación en 2015”. Esta frase prácticamente aséptica es una de las más señaladas de la entrevista.

Menciona que existió un error “en la comprensión de lo que sucedería una vez derrocado el régimen de Saddam”. Lo trágico es que después de las consecuencias que se han visto y las que se van a seguir viendo, Blair no haya sido sentado en el banquillo de la Corte Penal Internacional (CPI) por haber declarado una guerra ilegal y de agresión, y por haber violado sin freno las leyes internacionales.

El tema más recurrente de Blair es que los servicios de inteligencia británicos, el MI16, “se equivocaron”, y que fueron esos errores los que le llevaron a él a cometer a su vez equivocaciones. Sin embargo, no hay nada más alejado de la realidad que esta disculpa que no es la primera vez que utiliza Blair.

El entonces embajador británico en Washington, Christopher Meyer, le comunicó a Blair en septiembre de 2001, o sea inmediatamente después de los atentados del 11-S, que el presidente George Bush quería una guerra contra Irak. De hecho, los americanos vincularon a Saddam Hussein con aquellos atentados a pesar de carecer de pruebas. Esta fue la primera mentira.

El embajador Meyer, además, informó a Blair de que los pretextos que se estaban creando para atacar Irak tenían un doble filo. Eran concretamente acusaciones de limpieza étnica, posesión de armas de destrucción masiva y guerra de agresión territorial. Meyer observó que esos mismos motivos, que en ese momento no se cumplían en Irak, se podrían alegar contra Israel.

Al año siguiente, el 23 de julio de 2002, mientras los tambores de guerra se oían más fuerte, el jefe del MI16, Richard Dearlove, visitó Washington y elevó a Blair un memorándum secreto comunicándole que los servicios de inteligencia americanos habían dejado de ser fidedignos y se habían puesto al servicio de la Casa Blanca y el Pentágono, donde la decisión de desatar una invasión ya se había tomado.

“La inteligencia y los hechos se están arreglando conforme a los intereses políticos”, le advertía Dearlove a su primer ministro. No obstante, Blair hizo caso omiso del jefe del MI16. Resulta extraño que Blair sostenga ahora que los servicios de inteligencia británicos “erraron”.

Los servicios de inteligencia americanos, como los británicos, tampoco se equivocaron, sino que simplemente se pusieron al servicio de los intereses políticos de Bush y los ideólogos neoconservadores. Bush quería la guerra, ya había tomado la decisión en ese sentido tras los atentados del 11-S y obligó a su entorno a que la justificara de la manera que fuera, y así se hizo en todo momento.

Soldados británicos en suelo iraquí.

Soldados británicos en suelo iraquí.

Dice Blair a la CNN que hay “elementos de verdad” cuando se dice que el Estado Islámico surgió como consecuencia de la invasión. El islamismo más radical estaba sofocado por Saddam Hussein con toda la fuerza de que era capaz, pero una vez los aliados tomaron Irak, esas fuerzas reaccionarias campearon a sus anchas, como ha ocurrido después en Siria.

La de Irak fue una guerra ilegal, basada en mentiras y en una propaganda descomunal que consiguió acallar las voces discrepantes. Los ideólogos neoconservadores que la construyeron venían de los innumerables “centros de estudios estratégicos” que hay en Estados Unidos, así como de sus universidades, y ahora han vuelto a esos “centros de estudios estratégicos” y universidades a la espera de que los vientos cambien y se les presente una nueva ocasión de dar zarpazos.

Mientras tanto, es la administración Obama la que tiene que lidiar con lo que crearon aquellos ideólogos. Ciertamente, las políticas de Obama con respecto a Oriente Próximo han sido nefastas, pues no han modificado el legado de Bush más que en detalles específicos, y eso explica casi todo lo dantesco que hay en la región.

Una de las intervenciones más descaradas de Blair se produjo en vísperas de la invasión, en un discurso en el que dijo que Saddam Hussein podía desplegar armas de destrucción masiva contra Europa en solo 45 minutos. Por su puesto esas armas nunca aparecieron y es una señal de cinismo que Blair quiera descargar su responsabilidad sobre el MI16 y la CIA.
El entonces fiscal general británico, Lord Goldsmith, también advirtió al primer ministro laborista en la primavera de 2003 que no había ninguna base legal para invadir Irak y que Blair podía ser denunciado ante la CPI por crímenes de guerra, pero Blair ni siquiera quiso compartir el informe del fiscal con los miembros de su gabinete.

Hablando en términos aristotélicos, el lugar natural de Blair sería el banquillo de la CPI, pero como recientemente dijo un analista árabe viendo los acusados que se envían a la Haya, “ese tribunal se ha creado para negros y morenos”. Blair es blanco y con ojos azules, así que puede estar seguro de que no se sentará en el banquillo.