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Los bombardeos vuelven loco

Los habitantes del este de Libia, acosados por la guerra, acuden al manicomio de Bengasi

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Zoraya balbucea palabras hablando consigo misma. 'Las milicias de Gadafi nos van a matar, nos van a matar', repite entre sus delirios, mirando al techo y tumbada en la cama del hospital. Antes de comenzar la guerra, esta joven de 23 años estaba cuerda. Cuando cayeron las primeras bombas en su ciudad natal, Bin Yauad, en el este de Libia, el terror provocó un impacto directo en su mente. Su consciencia se refugió en un mundo de miedos y fobias del que aún no ha regresado. 'Cuando empezaron las explosiones dejamos nuestra casa', explica su madre en el módulo de mujeres del manicomio de Bengasi. 'Comenzó a ponerse violenta. Cogía objetos y los tiraba'. Los médicos la tienen atada a la cama de este centro, donde es tratada por el síndrome de estrés pos-traumático.

En el ala destinada a las mujeres en el hospital psiquiátrico de Bengasi quedan siete personas que sufren algún tipo de enfermedad mental derivada de la guerra civil, aunque el número de pacientes atendidos llega al centenar, mitad hombres mitad mujeres. 'Muchos han sido ya dados de alta y quedan pocos. Pero en su mayoría se trata de casos de personas que vinieron pidiendo ayuda porque han sido tiroteadas o bombardeadas, o bien han sufrido la muerte de un familiar', explica el doctor Mansur Al Hoti. 'Les acompañan sus familiares, y muchos no quieren quedarse aquí porque culturalmente es embarazoso decir que estás siendo tratado por un psiquiatra en el mundo árabe', explica.

Zoraya ingresó en un hospital tras el bombardeo de su ciudad natal

Hay casos de estrés postraumático, depresión pero también de manía persecutoria y psicosis. 'Un joven de 16 años llegó con alucinaciones. Escuchaba voces que le amenazaban y decía que tenía a alguien siguiéndole que quería acabar con su vida. No paraba de mirar hacia detrás continuamente', cuenta Al Hoti. ' Otra mujer de unos treinta anos llevaba dos días sin dormir, estaba en un estado de pánico permanente y estaba obsesionada con las milicias de Gadafi, no podía ni hacerse cargo de sus tres hijos'. Le dieron medicamentos antipsicóticos y regresó a su casa. Según el médico, ahora el problema es que suministros de pastillas comienzan a escasear desde que perdieron la conexión con el otro único centro psiquiátrico del país, en Trípoli. 'De momento hemos cobrado el sueldo del mes de marzo, pero no sabemos que será de nosotros en esta parte de la Libia libre', dice angustiado.

Una de las pacientes es Aljia. Se cubre con una manta hasta unos ojos asustados. Le tiemblan las manos, que retuerce a intervalos de dos minutos con nerviosismo manifiesto. Es natural de Guemines, ciudad atacada por las milicias pro Gadafi. 'Empezó a comportarse de forma extraña unos días después de los bombardeos', dice su madre. 'Comenzó con síntomas de agresividad y después gritaba, aterrorizada, que iban a matar a sus hijos. Nos van a cortar en pedacitos, en pedacitos, no paraba de repetir'.

El psiquiátrico de Bengasi acoge a un centenar de personas

La locura es el único motivo de encierro en este hospital. Algunos opositores políticos anti-Gadafi, ahora liberados por la revolución, fueron encerrados por la fuerza en este centro haciéndoles pasar como enfermos mentales. 'Antes de las revueltas venían losmiembros de la policía política de Gadafi, con algún supuesto paciente. Nos pedían que hiciéramos un informe negativo sobre su salud mental y nos exigían que lo tuviéramos encerrados durante largo tiempo', revela Al Hoti.

Cuando comenzaron las primeras manifestaciones de protesta en Bengasi, sólo había dos prisioneros de este tipo. Estaban encerrados en un módulo con unas condiciones higiénicas mínimas, distintas al del resto de los enfermos, que cuentan con camas de muelles, colchones y mantas. En un pequeño espacio para capacidad para seis personas, apenas hay unos cuantos bloques de cemento que sirven de camastro y unos baños con condiciones higiénicas infrahumanas. De aquí se escaparon los últimos dos prisioneros políticos el 17 de febrero, día de inicio de la revolución.

Los internados más violentos golpean las rejas con las manos, privados de cualquier objeto con el que puedan dañarse a sí mismos o a los demás. Uno de ellos grita: '¡Gadafi es un perro, un perro!'. Según la enfermera Najma Milat, los acontecimientos de los últimos días han empeorado la salud de algunos de los enfermos. Los bombardeos del sábado se oyeron aquí también, al igual que los combates nocturnos y las ráfagas de fusil que se escuchan en todo Bengasi a cualquier hora del día. 'Hasta el personal del hospital ha sufrido el síndrome de estrés pos-traumático', afirma Al Hoti.