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Los brasileños claman contra la corrupción

Miles de personas salen a la calle con escobas para 'barrer' las instituciones

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Hace unos años, Paulo Maluff se presentó a la alcaldía de São Paulo con el eslogan 'Roba, pero hace'. Maluff, que fue elegido dos veces alcalde de la mayor ciudad de Brasil y ejerce hoy como diputado federal, es, más que una excepción, un representante caricaturesco de la clase política brasileña.

También de un sistema político en el que el clientelismo y el empleo del dinero público en provecho propio son una constante. Según Folha de São Paulo, el montante que se llevan los corruptos en Brasil equivale al PIB de Bolivia, sobre 40.000 millones de reales, una cantidad equivalente a 16.600 millones de euros.

El clientelismo y la apropiación de dinero público son una constante

Unas 20.000 personas salieron a la calle el miércoles en Brasilia, cargadas de escobas con los colores de Brasil, verde y amarillo, para exigir una limpieza en las instituciones públicas.

'El pueblo se despertó', rezaba la convocatoria en Facebook. Organizados por las redes sociales y huyendo de la vinculación partidaria, otros 2.000 ciudadanos secundaron la protesta en São Paulo y cerca de 1.500 en Río de Janeiro. Allí, en la playa de Copacabana, hace pocas semanas las escobas enterradas en la arena se erguían como símbolo de la indignación brasileña.

No les basta la mano dura de la presidenta Dilma Rousseff, que desde que llegó al poder, en enero de este año, ha retirado de sus cargos a cuatro ministros por estar envueltos en casos de corrupción, mostrando mucha menos tolerancia a estos desmanes que su predecesor, Lula da Silva.

Paulo Maluff, exalcalde de São Paulo, usó el eslogan 'Roba, pero hace'

Le demandan a la presidenta una 'limpieza amplia e ilimitada', que no se ciña a cortar la cabeza a unos pocos, sino que ofrezca soluciones de raíz. Piden, por ejemplo, la vigencia de la Ficha Limpia, que pretende apartar de la vida pública a los políticos corruptos, y el fin del voto secreto en el Congreso, que facilita la compra de votos. La protesta da continuidad a las del 7 de septiembre, Día de la Independencia de Brasil, cuando, bajo el lema de 'Por la educación y contra la corrupción', miles de personas salían a las calles.

Maluff fue, junto con el presidente del Senado, José Sarney, uno de los focos de los indignados. Este último, procedente de una familia que desde hace años controla el estado nordestino de Maranhão, fue acusado de usar fondos públicos para contratar un helicóptero destinado a fines personales. Pero, según él, ese privilegio es 'un homenaje a la democracia'.