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"La cacería de dirigentes campesinos continúa"

ENTREVISTA: Cristian Domínguez, superviviente de la masacre de Pando. El líder campesino cree que la matanza del 11 de septiembre fue planeada y no es casual que ocurriera en pleno proceso de legalización de la tierra

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En la madrugada del 11 de septiembre, el dirigente campesino Cristian Domínguez se encontraba en la comitiva que viajaba desde Puerto Rico hasta Cobija, en el Departamento de Pando, para asistir a una reunión. A un kilómetro de la localidad de Porvenir, en el puente sobre el Río Tahuamasu, se produjo una masacre que ha conmocionado al país: el balance provisional es de 16 muertos y 44 desaparecidos, pero siguen apareciendo cuerpos.

El Canal 7 de televisión ofreció imágenes tomadas por una cámara oculta desde el puente. Muestran a unos 30 indígenas nadando desesperadamente en el cauce enlodado, entre el silbido de las balas que impactan el agua, cerca de sus cabezas. Como cacería de patos. Cristian logró salir vivo.

¿Qué pasó esa noche?
Partimos seis camionetas y nos encontramos una zanja abierta en la carretera. Eran las dos y media de la noche. Una gente bloqueaba el camino. Había funcionarios de la Prefectura y jóvenes del Comité Cívico. Se produjo el primer careo. Nos tiraron cohetes para provocar, pero les hicimos retroceder. Al final, pasamos a las siete de la mañana. La zanja la mandó cavar el prefecto [Leopoldo Fernández, conocido por los campesinos como El Cacique y que ha sido detenido por su presunta responsabilidad en los hechos]. Él mismo lo ha reconocido en televisión. Dice que íbamos armados a tomar Cobija, pero nada que ver. Era una marcha pacífica. ¿Dónde están las armas?

La masacre fue más tarde.
Llegamos por la mañana a Porvenir. La policía había trancado el puente: 'No pueden pasar. Esperen nomás, ya viene la gente para negociar', nos dijeron. Pasó hora y media. Llegaron dos camiones del Servicio Prefectural de Caminos y bajó una treintena de hombres armados. Empezó el tiroteo. Eran rifles calibre 22, ametralladoras. Conozco los sonidos de arma. Hasta disparos de pistolas.

Se ha contado que eran sicarios peruanos y brasileños.
Jóvenes sin camisa y con una cinta amarrada a la cabeza. Disparaban como Rambo. Por la expresión en su rostro, daba la impresión de que gozaban al matar. Todos corrimos para salvarnos como fuera. Algunos compañeros se largaron por el barranco y entraron al río como manada. Dieron wasca [una paliza] a unos niños y luego los ametrallaron, pero no han aparecido los cuerpos. No van a aparecer. El río está lleno de pirañas, anacondas y anguilas.

¿Fue deliberado?
No fue espontáneo. Se dividieron en tres grupos. Uno se fue al río, otro a un arroyo y un tercero a la carretera. Eso demuestra que estaban organizados. Además, la federación de campesinos promovida por el prefecto se reunió el 2 de septiembre para planificar el operativo. Un compañero ha visto el acta de la reunión y dice que es comprometedora.

¿Cuál es la razón de la masacre?
Hay que explicar un poco el contexto. El 2 de agosto ha terminado el proceso de legalización de tierras en Pando. Entre territorios comunitarios asignados a los pueblos indígenas y comunidades campesinas sumamos 3,8 millones de hectáreas, de un total de 6,5 millones que hay en el Departamento. Nuestras tierras, además, son las más productivas. Tenemos el 80% de la producción de castaña y, por tanto, tenemos control de la materia prima. Por eso ellos tomaron en agosto las oficinas del Instituto de Reforma Agraria en Cobija. Para deshacer todo el proceso de legalización y revertir la propiedad. Pero ya tenemos los títulos de propiedad.

¿Habían recibido amenazas antes?
No es primera vez que hay genocidio y nadie lo cuenta. Ya pasó con nuestros abuelos. En 1815, el curita Armentia hizo una expedición y contabilizó 45.000 araonas [una etnia indígena amazónica] en las orillas de los ríos. Se estima que entonces había 200.000. Hoy quedan 162. Ellos se han apoderado de este territorio.

¿Quiénes son ellos?
Más de cien años de un sistema arraigado. La dictadura de El Cacique dura 38 años. Pero Leopoldo [el prefecto] no es más que la rama. El poder de verdad, la raíz, está en Riberalta, donde radica la oligarquía de empresarios del sector de la castaña. Y en la zona de Santos Mercado se concentran las concesiones forestales, el narcotráfico y las bandas de matones. Todo el mundo lo sabe.

El Movimiento al Socialismo (MAS) de Evo Morales está negociando con los prefectos. ¿Qué esperan del Gobierno?
No obedecemos al MAS. Ahorita el Gobierno está usando el conflicto para romper la presión de los prefectos, ojalá lo logre. Queremos que se haga justicia, que haya protección. Esperamos eso del Estado. La actuación del Ejército es lenta y burocrática. Están salvando vidas, pero sigue la amenaza latente. La cacería de dirigentes continúa.

¿Ha tomado alguna resolución la Federación Campesina de Pando?
Nuestra posición es que no necesitamos Prefecturas. Ya hay municipios que son entidades territorialmente responsables. Queremos autonomía indígena, tal vez una mancomunidad de municipios o un gobierno regional del Norte Amazónico. ¿Para qué queremos Prefecturas? ¿Para que maten? ¿Para que roben? Nunca más.