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Camboya abre el juicio contra el número dos de los Jemeres Rojos

Cuatro altos cargos del régimen están acusados de genocidio y crímenes de guerra. Varios escándalos minan la credibilidad de la corte  

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'Fueron asesinados y exterminados. Si no lo hubiéramos hecho, la política del partido habría sido secuestrada'. Las palabras salían de unos labios arrugados y deformados por el tiempo, al compás de unos ojos que no se inmutaban ante la revelación realizada. 'Ellos eran enemigos del pueblo'. Es probablemente la confesión más contundente sobre la responsabilidad de los Jemeres Rojos en la muerte de casi dos millones de personas entre 1975 y 1979 en Camboya. Las palabras las pronunció Nuon Chea, número dos del régimen y principal ideólogo del movimiento, al periodista Teth Sambath, quien las plasmó en su documental Enemies of the people.

Más de 30 años después del fin del régimen, Nuon Chea se sentará a partir de hoy en el banquillo de los acusados. Junto a él también estarán Khieu Samphan, entonces jefe de Estado, Ieng Sary, exministro de Exteriores, e Ieng Thirith, exministra de Asuntos Sociales, en un juicio que investigará por primera vez la totalidad de los crímenes cometidos durante uno de los mayores genocidios de la historia.

Las víctimas confían en que el proceso dé respuesta a su pregunta: ¿por qué?

Sin embargo, el tribunal internacional llega a su juicio más importante sumido en una crisis de credibilidad porque los jueces de instrucción decidieron cerrar un tercer caso que implicaba a dos excomandantes militares de los Jemeres Rojos tras una investigación que muchos han considerado como insuficiente. Detrás, alegan, están las presiones del Gobierno camboyano, quien se ha mostrado contrario a que haya nuevos juicios.

'Sabemos que el Gobierno de Camboya se ha opuesto a los casos 3 y 4 de forma pública durante largo tiempo y los jueces de instrucción han fracasado al cumplir con sus obligaciones legales y éticas', asegura Clair Duffy, observadora del Open Society Justice Institute, una institución independiente fundada por el millonario George Soros.

El propio fiscal internacional, Andrew Cayley, envió una petición a los jueces de instrucción para que ampliaran sus investigaciones, que consideró 'inadecuadas', ya que no se habían llevado a cabo 'tareas básicas', como in-terrogar a dos de los sospechosos, visitar varios de los lugares clave o entrevistar a numerosos testigos.

El Gobierno está presionando al tribunal para que no acepte nuevos casos

Esta no es la primera crisis en la que se sumerge el tribunal. En 2008 los países donantes congelaron la financiación a la corte por un escándalo de corrupción: el personal de base pagaba comisiones irregulares a sus superiores. El tribunal lleva años lidiando con la falta de financiación, en un proceso que se ha vuelto más largo de lo previsto. Hasta el momento se han invertido unos 77 millones de dólares y sólo se ha dictado una sentencia: Kaing Guek Eav, alias Duch, director del centro de torturas S-21, fue condenado a 35 años de cárcel el pasado julio por la muerte de más de 12.000 personas.

A diferencia de la política de exterminio de otros regímenes, los Jemeres Rojos no persiguieron a los miembros de una etnia o una religión específica, sino a toda la población camboyana, lo que llevó al periodista Jean Lacouture a acuñar la palabra 'autogenocidio'.

El régimen agrario de corte maoísta provocó unas 800.000 muertes violentas, mientras que más de un millón de personas perecieron por los continuos desplazamientos de población, la falta de alimentos o los trabajos forzados. Esas muertes han sido consideradas por el tribunal como genocidio y crímenes de guerra y contra la humanidad, cargos que han sido imputados a los acusados.

Los cuatro exdirigentes han negado su responsabilidad en los crímenes y han alegado que no tenían conocimiento de las matanzas ni de las pobres condiciones de vida.

La sociedad camboyana espera este caso con mayor expectación que el de Duch. 'Este caso es esencial porque hemos esperado mucho tiempo para tener justicia, pero sobre todo porque esperamos que respondan a nuestra pregunta principal: ¿por qué?', asegura Theary Seng, presidenta de la Asociación de Víctimas de los Jemeres Rojos.

Entre las personas para contestar a esa pregunta falta, sin embargo, el líder del régimen, Pol Pot, quien murió en 1998 en la jungla camboyana.