Publicado: 08.05.2015 14:32 |Actualizado: 08.05.2015 14:32

Cameron afronta su segundo mandato con más austeridad, más tensión con Escocia y el referéndum sobre la UE

Nadie en el Reino Unido esperaba la mayoría absoluta del partido conservador. Quizá ni siquiera el propio David Cameron, que ahora lo tendrá mucho más fácil para formar gobernar.
Sin embargo, por delante le esperan retos de altura.

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Cameron, en su declaración, a las puertas de Downing Street 10. /REUTERS

Cameron, en su declaración, a las puertas de Downing Street 10. /REUTERS

LONDRES.- Periodistas, analistas y expertos han pasado las últimas semanas haciendo quinielas e imaginando cómo encajar las piezas del que se esperaba sería el Parlamento británico más fragmentado de las últimas décadas. Pues no. Finalmente los tories van a poder gobernar en solitario gracias a la mayoría absoluta lograda. 23 años hacía que el partido conservador no lograba una mayoría parlamentaría absoluta, desde 1992. De hecho, esta fecha ha estado muy presente en las tertulias políticas de la noche electoral, pues aquel año, como en este, todas las encuestas también se equivocaron estrepitosamente.

David Cameron tiene, pues, todas las razones del mundo para disfrutar el día de hoy. Pero por delante le espera un mandato cargado de retos con consecuencias no solo para el Reino Unido, sino también para la Unión Europea.



Referéndum UE

El actual y próximo primer ministro británico ha repetido en numerosas ocasiones que si salía reelegido organizaría un referéndum para decidir si el Reino Unido debe abandonar la Unión Europea.

El objetivo de los conservadores es negociar nuevos términos para el país británico en Bruselas antes de organizar la consulta. Y los rumores no han tardado en comenzar a circular. Ayer mismo, el diario londinense Standard, citaba “fuentes diplomáticas” para publicar que Cameron podría tener cerca un acuerdo con Europa para librar a su país de “más unión” en el futuro con el continente.

No es fácil saber cómo reaccionarían los votantes conservadores ante un referéndum sobre la UE debido a las tendencias dentro del partido, sobre todo si se consigue poner de antemano un nuevo acuerdo con Bruselas sobre la mesa. Quizá una mayoría de su electorado decide que lo mejor es seguir en el club europeo.  Sin embargo, no hay que olvidar a los británicos que han apoyado a UKIP, el partido antieuropeo liderado hasta la fecha por Nigel Farage.

A pesar de haber ganado tan solo un diputado, la masa de votantes del partido púrpura está repartida por todo el país, representa más del 12% del total y es ya la tercera fuerza política, muy por encima de los liberales demócratas de Nick Clegg. El futuro de UKIP, no obstante, también presenta grandes interrogantes, pues su carismático líder no ha conseguido ganar su escaño por South Thanet. Durante la campaña había prometido que si esto ocurría abandonaría la dirección del partido. Y así ha anunciado que lo hará inmediatamente, pero también ha dejado la puerta abierta a volver a presentarse al puesto cuando el partido decida nuevo líder después de verano.

Y por último están las tensiones que este referéndum produciría en Escocia.

Relación con Escocia

Lo que las encuestas sí han logrado acertar ha sido la victoria aplastante de los independentistas del SNP al norte de la frontera. 56 de 59 escaños se ha llevado el partido de Nicola Sturgeon, 50 más que en las últimas elecciones de 2010. Entre los diputados que viajarán a Westminster está el exprimer ministro escocés Alex Salmond, quien lideró la campaña del ‘Sí’ durante el referéndum de independencia del año pasado.

Sturgeon, que había hecho algunos gestos de acercamiento a los laboristas durante la campaña, nunca ha ocultado su completa oposición a los conservadores. Y a pesar de que Cameron no la necesite gobernar con estabilidad, la relación entre SNP y tories, que con estos resultados se puede traducir como la relación entre Escocia e Inglaterra, promete ser de todo menos cordial.

Los primeros mensajes lanzados tras las elecciones parecen apuntar en esa dirección.

Cameron: “Quiero que mi partido, y espero que un gobierno que me gustaría liderar, reclame una responsabilidad que nunca deberíamos haber olvidado, que es la responsabilidad de una Nación, de un Reino Unido”.

Salmond: “"El león escocés ha rugido esta mañana en toda Escocia".

Además, Nicola Sturgeon ha repetido su intención de “jugar un papel constructivo en Westminster”, desechando la posibilidad de organizar una nueva consulta sobre la independencia de su nación. Pero la primera ministra de Escocia también ha dicho que una salida del Reino Unido de la UE supondría un “cambio de circunstancias” suficiente como plantearse de nuevo la independencia de Edimburgo frente a Londres.

Más austeridad

El ministro de Finanzas del Reino Unido, George Osborne, también tiene por delante una ardua tarea los próximos cinco años. Ya en 2010 prometió que conseguiría acabar con el déficit del país en una legislatura. Los recortes presupuestarios fueron drásticos pero la recaudación fiscal no llegó a los niveles calculados, así que el objetivo no se pudo cumplir.  Por tanto, la austeridad conservadora continuará.

El nuevo plan de Osborne contempla cuatro años más de ajuste para, en el curso 2018 – 2019, lograr el ansiado superávit. Este objetivo solo se puede conseguir a través de “recortes presupuestarios extremos y, casi con seguridad, no deseables”, según lo describía la revista The New Statesman.

Los tories han conseguido durante la campaña darle todo el protagonismo al crecimiento macroeconómico, así como al aumento del número de empleos. La necesidad de recortes y el destino de estos quedó en segundo plano, y los laboristas nunca supieron mostrarse como una alternativa fiable ante la necesidad de recortar el déficit por encima de todo. De hecho, los analistas señalan que parte del triunfo arrasador del SNP se debe más a este motivo que al sentimiento nacional escocés, pues ellos sí han apostado por mostrarse como defensores acérrimos de lo público.

Al final las elecciones han resultado ser menos emocionantes de lo esperado. Pero los cinco años políticos que tiene el Reino Unido prometen no dejar a nadie indiferente.