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Cameron sufre su primera rebelión interna de los euroescépticos

Decenas de diputados ‘tories’ apoyan una moción para un referéndum sobre la UE

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El primer ministro británico, David Cameron, afrontó la mayor rebelión parlamentaria desde que llegó al poder motivada por el tradicional malestar de buena parte del partido conservador con Europa. Un número importante de diputados tories en el Parlamento de Westminster votó esta noche a favor de celebrar un referéndum sobre la permanencia de Reino Unido en la UE, en un desafío a la consigna dada por la dirección al contrario. La moción fue rechazada con 483 votos en contra y sólo 111 a favor.

La propuesta era fruto de una iniciativa popular apoyada por más de 100.000 firmas, impulsada por el conservador David Nuttal, y contemplaba un plebiscito con tres opciones: salir de la UE, mantener el actual statu quo o reformar los términos de pertenencia. La consulta sin carácter vinculante ha cuestionado la autoridad de un Cameron acusado de volverse proeuropeísta como concesión a sus socios liberal-demócratas. A pesar de haber impuesto la disciplina de partido para votar en contra, los primeros pronósticos situaban en más de 70 a los tories amotinados –61 habían firmado la moción– y flotaba en el ambiente la posibilidad de que una decena de laboristas también desafiaran al líder opositor, Ed Miliband, en contra de abandonar la UE aunque a favor de su reforma.

En su intervención parlamentaria, el premier realizó una apasionada defensa de la UE, de la que espera obtener más poderes. Cameron aseguró que “tenemos muchas diferencias con la Comisión Europea, pero su planteamiento en la Cumbre Europea del domingo sobre el crecimiento económico coincide exactamente con todo lo que hemos venido defendiendo”.

Durante las casi seis horas de debate –ni Cameron ni su número dos, el demócrata liberal Nick Clegg estuvieron presentes–, el ministro de Asuntos Exteriores William Hague, un euroescéptico confeso, tachó de erróneos los tiempos manejados para plantear el referéndum que, en su opinión, sólo introduciría un factor más de incertidumbre a la ya delicada situación de la eurozona.

En contra, los euroescépticos amotinados centraron su discurso en el derecho del pueblo a decidir o, como dijo el veterano Bill Cash, en atribuir la falta de crecimiento del país al hecho de que “la mitad de las leyes económicas vienen de Europa, que es un proyecto fallido”.

Las encuestas en los medios se suceden desde hace días con resultados dispares: mientras The Sun asegura que un 61% de los británicos está a favor del referéndum con un 34% a favor de la retirada, The Guardian apoya la tesis de Nuttal al afirmar que no sólo el 70% de los ciudadanos quiere el plebiscito, sino que uno de cada dos desea la salida de la UE.