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Las cárceles secretas del lado oscuro

La Casa Blanca y la CIA organizaron una red de prisiones en el extranjero para evitar la legislación estadounidense

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Cinco días después de los atentados del 11-S, el vicepresidente de Estados Unidos, Dick Cheney dejó una frase para la Historia: 'También tenemos que trabajar en el lado oscuro, por llamarlo así'. Al día siguiente, el presidente George Bush firmaba un decreto presidencial autorizando a la CIA a capturar, interrogar y matar a los miembros de Al Qaeda en cualquier lugar del mundo.

Se decidió que los nuevos enemigos fueran considerados como 'combatientes ilegales'. Un término que les dejaba fuera de la Convención de Ginebra con respecto al trato a los detenidos. Sin defensa legal y expuestos a las torturas de sus interrogadores.

Para desarrollar ese lado oscuro era preferible evitar el suelo estadounidense y su jurisdicción. EEUU estableció prisiones secretas en varios países aliados a los que trasladaba a los presuntos miembros de Al Qaeda capturados en Afganistán y Pakistán.

En los documentos clasificados de la Casa Blanca y de la CIA se hace referencia a estas prisiones como lugares negros. Se trata de centros de detención en Afganistán, Marruecos, Jordania, Egipto, Tailandia y Kosovo. El Consejo de Europa denunció que Rumania y Polonia también habían albergado las cárceles secretas entre 2003 y 2005 aunque sus respectivos Gobiernos lo negaron.

Human Rights Watch denunció el uso del aeropuerto de Szymany, en Polonia, y la base aérea de Mihail Kogalniceanu, en Rumania, entre 2003 y 2004.

Fuentes del Pentágono confirmaron a The Washington Post que los aliados europeos pidieron permanecer en el anonimato para evitar represalias terroristas.

La CIA estableció dos categorías para sus detenidos. Una primera para los principales sospechosos de terrorismo, un 30% de los capturados, que fueron destinados a cárceles gestionadas por personal de la CIA en países de la Europa del este, Tailandia y la base de EEUU en Guantánamo.

Los integrantes del segundo grupo, menos peligrosos y sin información valiosa que ofrecer a la CIA, fueron entregados a los servicios de inteligencia de Marruecos, Egipto y Jordania. En los casos de entrega, la CIA se limitó a dar asistencia económica o de asesoramiento en la gestión de los centros.

Marruecos, Jordania y Egipto afirman que en su territorio no se practica la tortura, algo que contradice los informes que ha recopilado durante años el Departamento de Estados norteamericano, en los que se recogen abusos crónicos contra los detenidos.

La CIA se hizo con su primer pez gordo el 28 de marzo de 2002. Las Fuerzas de Seguridad paquistaníes capturaron a Abu Zubaida, presunto jefe de operaciones de Al Qaeda, y se lo entregaron a EEUU. La agencia lo trasladó a su cárcel secreta en Tailandia. En 2003, las autoridades tailandesas exigieron su cierre tras hacerse pública su existencia.

Álvaro Gil Robles, el entonces comisario de Derechos Humanos del Consejo de Europa, pudo ver en 2002 el centro de detención que EEUU utilizaba en Kosovo. 'Vi entre 15 y 20 prisioneros vestidos con trajes naranjas como los de los detenidos de Guantánamo. Algunos estaban encerrados en celdas de aislamiento. Algunos tenían barba y había quienes leían el Corán'.

En las prisiones secretas gestionadas por la CIA, la agencia aplicó su propio manual: 'Técnicas de interrogatorio mejoradas'. Un libro de estilo particular que no cumplía con las normas establecidas por Naciones Unidas ni por las leyes militares estadounidenses.

Entre las técnicas aplicadas se incluye el waterboarding o ahogamiento controlado, práctica que impide la respiración del preso vertiendo agua sobre sus vías respiratorias.