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El centroizquierda italiano busca al líder que le lleve al Gobierno

El secretario general del Partido Democrático, Pier Luigi Bersani, y el alcalde de Florencia, Matteo Renzi, se disputan la segunda vuelta de las primarias

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Pier Luigi Bersani tenía todo pensado. Lo más razonable, visto lo visto en los últimos 17 años, era esperar el inevitable hundimiento del barco berlusconiano. Una de dos: si Il Cavaliere no era devorado por los piratas de los que él mismo se había rodeado en el Parlamento, más tarde o más temprano sería arrastrado por la tempestad de los mercados. Y así aguantaba el otoño de 2011, sin mojarse mucho, soportando estoico el paso del tiempo hasta que cayera el régimen, para después recoger las cenizas de Italia y tratar de reconstruir el país poco a poco, como se pudiera, o como le dejaran. Pero el secretario general del Partido Democrático (PD) cometió un error de cálculo. No hubo elecciones y el tecnócrata Mario Monti sustituyó con su Gobierno de profesores y banqueros católicos al de los titiriteros de Silvio Berlusconi por imposición del presidente de la República, Giorgio Napolitano.

Para colmo, 13 días antes, un tipo de 36 años había empezado a incomodarle en su paciente travesía. 'Los dinosaurios no se extinguieron solos, necesitaron una ayudita', le espetó en un pabellón atestado de gente en claro desafío a toda la jerarquía del centroizquierda italiano. Era Matteo Renzi, el alcalde cool de Florencia, que pese a ser un desconocido -con mucho ímpetu, eso sí- tenía más prisa que él por arrasarlo todo y empezar de cero. Y en cierto modo lo ha conseguido, porque hoy le disputará el liderazgo del partido en la segunda vuelta de las elecciones primarias del PD.

Bersani lidera las encuentas que le dan para hoy el 57% frente al 53% de su rival

El viejo excomunista parte con una clara ventaja. En el primer turno consiguió el 44,9% de los votos y se quitó de enmedio al que, por lógica, debería haber sido su mayor rival, Nichi Vendola, de Izquierda Ecología y Libertad (SeL). Además, las encuestas le dan para hoy el 57% por el 53% de Renzi.

Pero cosas más raras se han visto en unas primarias democráticas. Las elecciones de hace año y medio en Milán, cuando la izquierda consiguió la alcaldía de la ciudad con el candidato de SeL, Giuliano Pisapia, son prueba de ello. Por eso no es casualidad que entre los italianos corra el dicho de que sólo el PD es capaz de perder las primarias del PD. 

Renzi sale de La Margherita, uno de los partidos que se unieron en coalición para llevar a Prodi al Gobierno en 2006 y que sentarían las bases del actual PD, así que se podría decir que es de la casa. Lo que le diferencia del resto es que nunca se dejó atrapar del todo por ninguna de las 27 familias que conforman el partido y esa rebeldía contra un establishment que en innumerables ocasiones ha demostrado ser un monstruo de mil cabezas, es lo que le ha hecho crecer tanto en un espacio tan corto de tiempo.

Es muy joven en comparación con Bersani (61 años) y su inconformismo y la costumbre de llamar a las cosas por su nombre saltándose casi siempre las reglas de lo políticamente correcto le ha permitido conectar rápidamente con una parte del electorado que está pidiendo cambios radicales a gritos y renovación, sobre todo renovación.

El hecho de no casarse nunca con nadie hace de Renzi una persona impredecible

Esto le ha reportado grandes éxitos en política. En 2004, con 29 años, se convirtió en presidente de la Provincia de Florencia y en 2009 llegó a la alcaldía de la ciudad. Un año más tarde empezaría a conspirar contra los barones organizando su propia conferencia de disidentes.

Lo suyo es una carrera prometedora. Ahora bien, precisamente el hecho de no casarse nunca con nadie hace de Renzi una persona impredecible, llena de contrariedades y, en ocasiones, populista. El alcalde de Florencia se denomina siempre como alguien 'de la generación erasmus'; es católico pero favorable a que se reconozca el derecho al matrimonio de las parejas homosexuales; apoya que se retrase la edad de jubilación a los 67 años; se ha manifestado en contra del reconocimiento de Palestina como estado observador de la ONU; y, por qué no, es capaz de cenar con el mismísimo Berlusconi en su mansión de Arcore.

Il Cavaliere, que tiene un trauma desde niño con los comunistas, le ha mostrado todo su apoyo porque, según él, 'Renzi traería a Italia la socialdemocracia'. No queda claro si esto, el apoyo de Berlusconi, es bueno o malo para sus aspiraciones o para el futuro de Italia.

Bersani, que lleva toda la vida en política, debe estar preguntándose en el fondo cómo ha llegado a esto. Es graduado en Filosofía, llano en el discurso, tranquilo, educado y honesto. Quizá la experiencia de haber sido ministro en los Gobiernos de Romano Prodi y Massimo D'Alemma y el haber vivido la época dorada del activismo político le hacen tener las cosas más claras.

Para Berlusconi, el alcalde de  Florencia es quien 'traería a Italia la socialdemocracia'

En todo este año tecnócrata también él ha cometido algunos errores de bulto. Dio su apoyo al Gobierno de Monti por tres razones: por mera responsabilidad política, por librarse de una vez por todas de Berlusconi y porque seguramente pensó que era mejor que los técnicos hicieran el trabajo sucio.

Y ahora tiene dos problemas. El primero es que la gente pueda identificarle como un cómplice del golpe al Estado del Bienestar que está asestando el exconsejero de Goldman Sachs en Europa. El segundo es que ha coqueteado demasiado tiempo con la Unión de Centro -herederos de la Democracia Cristiana- en busca de una coalición más amplia de cara a las elecciones. De ahí que el personal ande un poco desorientado.

La semana pasada un hombre le dijo después de un mitin: 'Bersani, diga algo de izquierdas de vez en cuando'. Con los tiempos -de Merkel- que corren, eso son palabras mayores. 'Algo digo de vez en cuando', contestó el secretario en tono irónico. Más que Renzi, seguro. Y si no pasa nada raro, hoy se verá en las urnas. Aunque siempre puede ocurrir que el PD vuelva a perder las primarias del PD.