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Chávez hace las paces con la nueva Colombia de Santos

Caracas y Bogotá restablecen relaciones diplomáticas tras la salida de Uribe

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La reanudación de relaciones diplomáticas entre Colombia y Venezuela, rotas a finales de julio en las postrimerías del Gobierno de Álvaro Uribe, se daba por hecha ayer cuando los presidentes Juan Manuel Santos y Hugo Chávez entraron sonrientes en la Quinta de San Pedro Alejandrino de Santa Marta, en el norte del territorio colombiano, donde el libertador Bolívar pasó sus últimos días.

Poco antes, ambos habían abrazado al secretario general de Unasur, el argentino Néstor Kirchner, quien participó en los primeros momentos de la reunión como artífice fundamental del acuerdo, junto al presidente brasileño Lula da Silva, que anunciaba poco antes desde São Paulo que la paz entre colombianos y venezolanos era un hecho, según le había hecho saber telefónicamente unas horas antes el propio Santos.

Fidel y Lula juegan un papel clave en la reconciliación entre los vecinos

Toda la región suramericana ha estado implicada desde la toma de posesión del nuevo mandatario colombiano en la normalización de relaciones con Venezuela: Argentina, Ecuador, Bolivia, Paraguay, Nicaragua, Uruguay y Brasil han estado animando al acuerdo a través de sus presidentes.

Incluso Fidel Castro, reaparecido a la vida pública, ha tenido un papel en la operación. El domingo llamó personalmente a la senadora Piedad Córdoba, presidenta de la Comisión de Paz del Senado colombiano y amiga del presidente venezolano, para calibrar hasta qué punto los deseos de normalización y paz manifestados por Santos en su toma de posesión eran creíbles. A continuación, según fuentes diplomáticas consultadas por Público, se puso en contacto con Chávez para animarle a la reconciliación con su vecino. El presidente venezolano anunciaba su visita de ayer a Colombia mientras el comandante Fidel manifestaba su confianza en los deseos de paz del nuevo presidente colombiano.

A Santos le han bastado tres días para recomponer las relaciones

Al nuevo presidente de Colombia le han bastado tres días para recomponer unas relaciones decisivas, tanto para la paz en la región como para la economía de su país. Todo pese a la escalada emprendida por Uribe para dinamitar las relaciones entre Colombia y Venezuela: denuncia ante la OEA de la supuesta colaboración de Chávez con la guerrilla, demanda ante la Corte Penal Internacional al venezolano por 'criminal contra la humanidad', insultos desde su cuenta Twitter tildando al presidente de Venezuela de 'cobarde'... Conociendo la trayectoria de ambos mandatarios es fácil reconocer que Chávez ha puesto más generosidad en la balanza, como muestra de su voluntad de 'pasar la página', como él mismo anunció durante el pasado fin de semana.

Como ministro de Economía del Gobierno conservador de Andrés Pastrana y como editorialista y redactor del diario El Tiempo después, Santos fustigó a Chávez y apoyó explícitamente el fallido golpe de Estado de abril de 2002 en su contra, según la diplomacia venezolana: 'Con entusiasmo, de manera pública y abierta', calificando al dirigente bolivariano como 'un resentido social'.

No se tocarán las denuncias de Uribe sobre la supuesta complicidad de Chávez con las FARC

La buena disposición de ambos hizo que, superando las diferencias ideológicas entre una cierta derecha civilizada y el 'socialismo del siglo XXI', los respectivos cancilleres construyeran ayer una agenda que incluía formalmente tres puntos: seguridad fronteriza, infraestructuras y economía, sin excluir el asunto de las siete bases militares estadounidenses en Colombia, origen remoto de la crisis con Venezuela y motivo de disgusto en la práctica totalidad de la región.

No se tocarán las denuncias de Uribe sobre la supuesta complicidad de Chávez con las guerrillas de las FARC y el ELN: el presidente de Venezuela se ha adelantado a la polémica pidiéndoles formal y solemnemente que se desmovilicen y liberen a los secuestrados en su poder. Ayer se abrió en Santa Marta un proceso de reconciliación a escala continental, que tendrá su continuación en la alianza UNASUR, que lidera el presidente brasileño Lula da Silva.