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Chicago espera a un millón de fans de Obama

La ciudad adoptiva del candidato demócrata prepara una fiesta histórica en el Grant Park. El alcalde anima a acudir a la cita

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Chicago se prepara para celebrar como propia la esperada victoria electoral del primer presidente negro de EEUU.

Mañana, la ciudad será el centro de la vida política estadounidense. En el parque Grant, a orillas del lago Michigan, ya se alzan el estrado donde hablará Barack Obama y las carpas blancas que alojarán a sus invitados y a la prensa. Un millón de personas acudirán a festejar lo que debería ser un triunfo histórico.

Igual que ya lo hiciera en Denver con la controvertida clausura de la Convención en un gigantesco estadio ante más de 70.000 asistentes, la campaña demócrata ha vuelto a apostar por la grandiosidad. Y por el riesgo. El frío puede ser un problema para un evento al aire libre a principios de noviembre en Chicago.

Pero de momento los elementos acompañan y está previsto que la noche sea bastante más suave de lo habitual, lo que garantizará la asistencia de las 65.000 personas que consiguieron entradas, gratis, en la página web de la campaña.

Agentes del servicio secreto llevan días inspeccionando los alrededores y el parque ha sido cercado con una alambrada. El acceso sólo se permitirá por entradas con detectores de metales. Pancartas y alcohol han sido terminantemente prohibidos. Sólo perritos calientes, pizzas, y gaseosas varias.

Las puertas abrirán a las 20.30, hora local, pero no se espera que el candidato pronuncie su discurso antes de los resultados de California (5 de la madrugada en España).

Pese al cansancio y la intensidad de estos últimos días, esta será una noche especialmente emotiva para Obama, que adoptó la ciudad, al llegar a ella un día de junio de 1985, en coche desde Nueva York, donde acababa de graduarse por la Universidad de Columbia, para empezar una incierta carrera de organizador social. Carrera que le llevó a Harvard, al Senado local y, hace sólo cuatro años, a Washington.

El parque Grant es un lugar de paseo para los habitantes, a orillas del lago, y parte literal de su historia. Se hizo con los restos del gran incendio de 1871 que destruyó casi por entero la ciudad. Su alcalde, Richard Daley, ha dicho a sus conciudadanos que cuantos más, mejor.

'¿Piensan que estoy loco? ¿Creen que no voy a invitar a la gente a venir? Esto es una celebración', decía Daley hace unos días en conferencia de prensa. 'De ninguna manera voy a decir a la gente que no venga a celebrar la noche con el senador Obama y su familia. Esto va a ser una gran fiesta'.

El entusiasmo de Daley no se ha traducido en logística. Nadie sabe muy bien dónde cabrá el millón de personas que podrían llenar los alrededores del parque ni cómo llegarán. El transporte público tiene previsto doblar su servicio hasta primeras horas de la madrugada, algunas calles estarán cortadas y los edificios colindantes del 'loop', el corazón de Chicago, han recibido consignas para cerrar sus oficinas a primera hora de la tarde.

La policía ha pedido prudencia y hasta cierto punto ha desaconsejado asistir al evento. El precedente sigue siendo un duro recuerdo para la ciudad.

Por ironía del destino, hace 40 años Grant Park también fue el centro de la vida política estadounidense pero de forma bastante más traumática. Decenas de miles de manifestantes se enfrentaron con la policía, en una de la protestas más violentas de la época contra la guerra de Vietnam. El acalde era otro Richard Daley, el padre del actual, un símbolo de la complicada política local.

Era agosto de 1968 durante la convención demócrata. Unos meses antes habían asesinado a Martin Luther King, y en junio a Robert Kennedy. El presidente Lyndon Johnson, en sus horas más bajas por la guerra, había anunciado que no se presentaría. Su vicepresidente, Hubert Humphrey, se llevó la nominación de su partido para acabar perdiendo frente a Richard Nixon.

Mañana, Chicago espera reescribir su historia. 'Estamos felices e impacientes', decía Daley (hijo), 'y sobre todo muy orgullosos'.

A todo esto hay que añadir que el cantante Bruce Springsteen actuó en uno de los últimos electorales de Obama. El demócrata se presentó en Ohio, uno de los estados donde los sondeos no han adjudicado ganador fijo, para intentar captar a los indecisos.

Para ayudó, ayudó una actuación ante 80.000 personas de The Boss, quien ya declaró su apoyo a Obama hace meses. Las entradas eran gratuitas, pero había que pedirlas a través de la página web del cantante.

La interpretación estuvo dedicada a la clase trabajadora con canciones como The Promised Land, Youngstown, o Working on a Dream.