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"China nos ayudó a dar el Nobel a Liu al encarcelarlo 11 años"

Geir Lundestad. Director y Secretario permanente del Comité del Premio Nobel de la Paz. Subraya que no reciben "instrucciones desde fuera"

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Otoño en Oslo, 9 de la mañana, seis días después de conocerse que el Premio Nobel de la Paz de 2010 es para el disidente chino Liu Xiaobo, encarcelado por el Gobierno de Pekín por su defensa de los derechos humanos. La reducida plantilla del Instituto Nobel noruego inicia la jornada con la parsimonia de un país donde rara vez se pide un documento acreditativo, indiferentes a la tensión mundial que se ha concentrado alrededor de los muros del número 51 de la calle Henrik Ibsen donde trabajan. El sonriente señor de la oficina junto a la biblioteca, que se ha traído hoy al perro a trabajar, pide disculpas porque Geir Lundestad, secretario permanente del Comité Noruego del Nobel, no ha llegado. No tardarán. Ni él ni su vehemencia al defender la independencia del Comité, que sigue financiándose con las rentas de la fortuna de su fundador, Alfred Nobel.

Teóricamente la decisión del Nobel de la Paz es secreta hasta que se anuncia. China la temía e intentó evitarla. ¿Les informaron?

No, no se lo contamos ni al Gobierno noruego, ni al chino, ni a nadie. Había mucha especulación con que el galardonado sería un disidente chino pero no lo sabía nadie. Es difícil entender que el Comité es independiente, pero lo es. Los cinco miembros y yo, como secretario permanente, tenemos largas discusiones sobre los candidatos hasta que se decide (no hay fórmula de voto, se busca una suerte de consenso). No recibimos ningún tipo de instrucción de fuera. Por supuesto los miembros del Comité son políticamente activos, elegidos por el Parlamento noruego entre ex políticos de prestigio, y hablan, recogen tendencias, puntos de vista. Pero las discusiones sobre el premio son dentro del Comité.

Pues los especuladores acertaron.

Hay muchísimo foco internacional en China. Infinitos artículos y libros. La gran pregunta hoy en relaciones internacionales insiste sobre el papel de China. También había muchos que pensaban que, después de premiar a (Barack) Obama (en 2009), decisión que también fue muy controvertida, elegiríamos a alguien menos polémico. El Comité no tiene miedo a tomar este tipo de decisiones.

Y después de anunciar el premio, cuando China aseguró que tendría un coste para Noruega, ¿no recibieron ninguna llamada?

No. Ya sabíamos lo que iba a ocurrir. En 1989, le dimos el Nobel al Dalai Lama y el Gobierno chino se puso furioso. Miembros del Gobierno chino han contactado con nosotros muchas veces, sobre todo a través del embajador chino en Noruega, y nos han dejado muy claro que se opondrían a la elección de un disidente chino. En junio de este año, tuve un encuentro con uno de los máximos responsables del Ministerio de Exteriores chino, que aprovechó su visita a Oslo por otros motivos para venir a verme. Me dijo que se opondrían a la elección de un disidente chino y me advirtió de que tendría un impacto negativo en las relaciones de China con Noruega.

¿Cree que la riqueza de Noruega les permite ser más independientes que EEUU o la UE?

Llevamos haciendo esto más de cien años y Noruega no siempre ha sido rica. Está por ver lo que va a hacer China, pero creo que es injusto que el Gobierno de Pekín penalice al noruego, porque no ha sido quien ha tomado la decisión, sino el Comité del Nobel.

¿Se plantearon que la decisión podía afectar a su país?

Por supuesto que nos planteamos que China tendría una mala respuesta, pero ya veremos cómo de negativa es esa respuesta. Esta es una decisión muy importante porque el Comité del Nobel ha tenido que resolver si protegería sus ideales e integridad o si haría una gigantesca excepción con China. Ha puesto sobre la mesa si China es un país tan importante como para que no sea posible defender los derechos humanos. Teníamos que hacerlo y lo hicimos. En 1935 le dimos el Nobel a Carl von Ossietzky (pacifista alemán) y Hitler se enfureció. Se lo dimos a Andréi Sajarov (1975) y a Lech Walesa (1983) y los miembros del Kremlin se enfurecieron. Con nosotros se ha enfurecido el Gobierno de Irán, el Apartheid... El Comité cree que hay una relación muy estrecha entre derechos humanos y paz. La pregunta era: ¿debemos mantener estas ideas con China? Y lo hemos hecho.

¿Por qué este año?

En China están pasando muchas cosas muy importantes. Ahora es la segunda potencia económica del mundo. Cientos de miles de ciudadanos chinos han salido de la pobreza y eso es fantástico. Pero, si se mira la Constitución china, los artículos 35 y 41 defienden los derechos humanos, toda la lista: libertad de expresión, etc. Los chinos deben respetar su propia constitución. China ha logrado un inmenso poder, pero con el poder viene la responsabilidad y la crítica. China tiene que estar preparada para eso.

¿Por qué Liu? Hay otros muchos disidentes chinos.

En realidad, después de estudiar muchos casos y consultar con expertos en derechos humanos en China, el Gobierno chino nos ayudó a tomar la decisión. Al condenarlo a 11 años de cárcel, convirtió a Liu en un símbolo de los derechos humanos en China. Eso fue lo que nos ayudó a decidir que debía ser premiado.

¿Y qué les llevó a decidir que Obama debía ser premiado tan al principio de su mandato?

En la voluntad que dejó escrita Alfred Nobel hay una cláusula que es muy difícil respetar. Dice que el premio debe ir a la persona que en el año precedente haya hecho más por la paz. La mayoría de las veces es imposible cumplirla y debemos mirar un periodo más largo o incluso concederlo por los logros de toda una vida. Pero al preguntarnos quién había hecho más por la paz en 2009, la respuesta fue muy fácil: Obama. ¿Quién si no? Llegó al poder y cambió la política americana. Aunque EEUU es un superpoder y está inmerso en asuntos en todo el mundo, él prefirió tratar los más difíciles a través de la negociación. El acuerdo con Rusia o el trabajo en Oriente Medio son prueba de ello.

¿Creen que podrán dar el premio en persona a la mujer de Liu en la ceremonia del 10 de diciembre?

Ella ha sugerido que podría venir. En cualquier caso habrá ceremonia y, si Liu o su mujer no son capaces de estar aquí, se leerán desde el podio algunos de los textos de Liu de forma que al menos su voz será escuchada. Si no pueden venir, la medalla, el diploma y los 2,5 millones de dólares los guardaremos hasta que podamos entregárselos.

¿Hay esperanza?

Ella sabe lo que estamos planeando, pero veremos cuál es la respuesta de las autoridades chinas. Hemos contactado con el embajador chino aquí pero tenemos que esperar.

¿Qué piensa de la respuesta del mundo al premio?

Estamos muy agradecidos de la respuesta en la prensa internacional, aunque confiábamos en ella. Eramos más escépticos con los políticos. Pero la respuesta ha sido mejor de lo que esperábamos. Obama tuvo un gran respuesta, Europa también.