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Cinco años de bandazos por el programa nuclear iraní

Bush quería la guerra en 2007 junto a Israel. El Pentágono les paró los pies. Obama prometió amistad y en tres meses cambió de estrategia

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Los temores de Israel sobre la capacidad armamentística nuclear iraní siempre han estado ahí, pero desde hace cinco años la inteligencia estadounidense siempre ha conseguido eliminar el recurso del conflicto bélico. Esas ansias de guerra por parte de Israel siempre fueron bien vistas por el expresidente de EEUU, George Bush, que en sus memorias, explica cómo pidió al Pentágono que preparara un ataque militar.

En diciembre de 2007 la CIA elabora un informe en el que asegura que Irán frenó su programa de armas nucleares en 2003, pese a que en 2001, después del atentado contra las Torres Gemelas, dijera lo contrario. Aquello no convence a Bush que pocos días más tarde declarará que Irán sigue siendo una amenaza: 'Irán era peligrosa. Irán es peligrosa. E Irán será peligrosa si consigue obtener el conocimiento necesario para fabricar un arma nuclear'.

El secretario de Defensa israelí, Ehud Barak, siguió la estela de Bush y declaró que atacar al régimen iraní debía ser una prioridad. 'No podemos permitirnos descansar simplemente porque haya un informe de inteligencia de la otra parte del mundo, aunque el informe sea de nuestro mejor amigo', dijo.

Bush sí consiguió, no obstante, que el Senado aprobara un paquete de 400 millones de dólares destinado a contratar a través de Israel grupos rebeldes como Jundallah, en Pakistán, para que desestabilizar al régimen. En un artículo en The Guardian en noviembre del año pasado se dudaba de que ese proyecto hubiera tenido un efecto real, aunque desde 2009, varios atentados en suelo iraní han suscitado dudas sobre una campaña terrorista oculta. 

Visto lo que había pasado con las inexistentes armas de destrucción masivas iraquíes, Irán reaccionó acusando a EEUU de querer iniciar la Tercera guerra Mundial y, por si acaso, dio pistas de cuáles serían sus primeros objetivos si llegara a ser atacado.  

La tensión siguió creciendo y en enero de 2008, en una gira por Oriente Medio, Bush pregonó a los cuatro vientos: 'Irán es el principal patrocinador del terrorismo del mundo'. Unos días antes, EEUU había denunciado el supuesto acoso de varias lanchas iraníes a los buques de guerra presentes en el estrecho de Ormuz, hecho que, como se demostraría después, fue un simple montaje.

Al mismo tiempo, entró en escena el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA). Su entonces director, Mohamed Elbaradei voló a Teherán para entrevistarse con Ahmadineyad e investigar el verdadero estado del programa iraní. El presidente dejó que los técnicos entraran en la central de Busher y se dijo listo para abrir una negociación aunque la ONU, en marzo, presionada por EEUU, aprobó una batería de sanciones (era la tercera).

En mayo, el informe del OIEA confirmó que Irán seguía enriqueciendo uranio y en junio Israel realizó unas maniobras militares en las que simuló un ataque contra Irán. ElBaradei, que había visto años atrás cómo EEUU pisoteaba sus informes sobre Irak, amenazó con dimitir si se bombardeaba al régimen iraní y aseguró 'si haces un ataque aéreo, significa que Irán, si no está fabricando ya armas nucleares, lanzaría un plan de choque para construir armas nucleares con la bendición de todos los iraníes, incluidos los de Occidente'.

La UE amplió sus sanciones y EEUU e Israel empezaron a contar con dos nuevos aliados: Francia y Reino Unido. Obviamente, los discursos de Ahmadineyad amenazando con borrar Israel del mapa no ayudaron.

Como había vaticinado ElBaradei, la amenaza despertó a Irán, que comenzó en el mes de julio una serie de pruebas de misiles de medio alcance capaces de eliminar objetivos en Israel. Y a partir de ahí, los ánimos se tranquilizaron un poco. EEUU llegó incluso a plantearse mandar diplomáticos a Teherán por primera vez en 30 años (suspendió en 1979 todas las relaciones bilaterales).

Ese verano, la ONU y el OIEA empezaron a movilizarse intentando que Ahmadineyad participase en una ronda de negociaciones en Ginebra para evaluar su programa nuclear. La respuesta fue negativa y Naciones Unidas aprobó otra batería de sanciones económicas.

En septiembre, The Guardian publicó otra información en la que se aseguraba que EEUU había conseguido frenar las ansias bélicas de Israel. Y un mes después ElBaradei emitía un nuevo informe en el que se mostró mucho menos conciliador:  'Lamento que todavía no nos encontremos en la posición de aclarar completamente si no hay material nuclear y actividades no declaradas en Irán', dijo.

El 5 de noviembre de 2008, Barack Obama se convirtió en el primer presidente negro en la historia de EEUU y enterró la era Bush. El cambio de discurso sobre la política internacional estadounidense en los primeros meses fue radical, hasta el punto de que en enero de 2009, la secretaria de Estado Hillary Clinton anunciara una nueva estrategia con Irán basada en la diplomacia.

Dicho y hecho. El 28 de enero de 2009 Obama concedió su primera entrevista como presidente a Al Arabiya y en ella tendió la mano a Irán. Más tarde se conoció que el presidente trabajaba en una carta para Ahmadineyad en la que le solicitaría una mayor colaboración con respecto a su programa. El régimen iraní reaccionó con escepticismo, pero la OTAN decidió concederle una oportunidad invitando al presidente a una conferencia sobre Afganistán

Fue un paso en falso. El Pentágono aseguró en un informe que Irán ya tenía una bomba nuclear y Obama se olvidó de su promesa extendiendo un año más las sanciones de EEUU. Para abril, Teherán volvía a ser el 'mayor promotor del terrorismo internacional', como dijera Bush dos años atrás.

La brutal represión del régimen durante las manifestaciones previas a las elecciones presidenciales cambió la posición de la comunidad internacional con Irán. Ahmadineyad estaba muy debilitado y el descontento social podría haber sido el germen que promoviera una revolución.

Nada de esto sucedió y todo volvió a enredarse cuando Irán anunció la construcción de una segunda planta nuclear y EEUU descubriera gracias a sus satélites espía que Teherán estaba fabricando su propio combustible nuclear, indispensable para poner en marcha los reactores de esas centrales en marcha.

Obama, Gordon Brown y Nicolas Sarkozy, en una comparecencia conjunta, lanzaron un ultimátum a Ahmadineyad, dándole tres meses para demostrar que no tenía armas nucleares. Y la respuesta iraní volvió a ser la misma que un año antes: nuevos ensayos con misiles capaces de alcanzar Israel.

Mientras EEUU trataba de que Rusia hiciera de intermediario y el OIEA intentaba volver a las plantas nucleares iraníes, un atentado terrorista acabó con la vida de varias decenas de militares iraníes. Teherán no tardó en acusar a Washington, Londres y Pakistán de estar detrás de la matanza, y entre amenazas aceptó abrir las puertas de su programa a la comunidad internacional.

En una reunión a seis bandas (Rusia, EEUU, China, Reino Unido, Francia y Alemania) se ofreció a Irán la posibilidad de que el combustible necesario para sus plantas fuera enriquecido en el extranjero, más concretamente por Francia y Brasil, que con Lula al frente había apoyado el programa de Teherán. Pero Ahmadineyad no aceptó tampoco este acuerdo.

El OIEA descubrió un nuevo complejo nuclear secreto, condenó el secretismo de las autoridades iraníes y el Parlamento de Teherán anunció la futura construcción de 10 nuevas plantas de enriquecimiento de uranio. 

En 2010 volvió a plantearse seriamente la posibilidad de que EEUU decidiera de una vez por todas atacar a Irán. El régimen de Ahmadineyad ejecutó sin piedad a varios centenares de personas que habían participado en las revueltas postelectorales, llevó a cabo detenciones masivas de extranjeros acusándolos de espionaje y siguió desafiando a la comunidad internacional con su desarrollo nuclear sin ceder un ápice durante las numerosas reuniones con el grupo a seis bandas en Viena.

Brasil tomó las riendas de la situación como principal intermediario ante la desconfianza de EEUU y consiguió llegar a un acuerdo para enriquecer el combustible que Irán necesita en sus plantas. El 26 de octubre terminó la construcción de la central de Busher después de 30 años, e inició la alimentación de su reactor.

La ONU y Washington volvieron a imponer duras sanciones, mientras que Rusia paralizó la venta de misiles, en un ambiente enrarecido por el asesinato de un científico nuclear. El profesor Massoud Ali-Mohammadi, murió en la puerta de su casa tras explotar un artefacto colocado en una motocicleta que estaba aparcada al lado de su coche.

En septiembre Irán denunciaba un ataque informático contra sus bases de datos industriales. Cuatro días antes, nueve personas murieron en un atentado en Mahabab. Y en diciembre, otro atentado misterioso: un terrorista suicida mató a 38 personas en una mezquita de la ciudad de Chabahar, en la frontera con Pakistán y Afganistán.

2011 comenzó con una invitación formal iraní a la OIEA para visitar sus instalaciones nucleares que fue rechazada por el organismo. En febrero, a escasos días de que comenzara una nueva ronda de reuniones, una gran manifestación en Teherán a favor de las revueltas de la Primavera Árabe y al grito de 'abajo con el dictador'  acabó con un muerto y detenciones masivas de opositores y diplomáticos, entre ellos el cónsul de España, Ignacio Pérez Cambra.

La colaboración de Irán con el régimen sirio de Bachar al Asad para reprimir las protestas, generó aún más desconfianza entre las potencias occidentales. En octubre, la Casa Blanca desveló un supuesto plan iraní para asesinar al embajador de Arabia Saudí en Washington y atentar contra la legación israelí, lo que fue el motivo para que EEUU emprendiera la cruzada por aislar definitivamente a Irán de la escena internacional con la aplicación de nuevas sanciones.

Sin embargo, poco después se desarticuló una red de la CIA que operaba en Irán y Líbano sin que la comunidad internacional dijera nada. 

Los rumores de la intervención volvieron a aumentar. La OTAN negó que estuviera preparándose para atacar, algo que, por otra parte, sería complicado teniendo en cuenta que Rusia y China se negarían, pero Londres sí se ofreció a EEUU en el caso de que decidiera actuar militarmente contra el régimen.

Pocos días después ya en noviembre, llegó el informe shock del OIEA: Irán está preparando una cabeza nuclear. Teherán respondió acusando a la agencia de dar datos falsos, Francia se suma al discurso de las sanciones 'más duras' y Netanyahu vuelve a escena asegurando que es cuestión de tiempo que Ahmadineyad se haga con el arma atómica. Londres y París proponen dejar de comprar petróleo iraní y junto a EEUU bloquean con nuevas sanciones el sistema bancario del país.

El 29 de noviembre la embajada de Reino Unido en Teherán es asaltada, lo que provoca que el Gobierno británico decida expulsar a los diplomáticos iraníes en Londres y retire su legación diplomática en la capital de Irán.

Y vuelta a empezar: Irán prueba sus misiles de largo alcance en el estrecho de Ormuz, comienza a enriquecer uranio al 20% en un búnker subterráneo y el Pentágono despliega a la Quinta Flota en el Golfo.

La Unión Europea decide el 24 de enero pasado sancionar a Irán con un veto a las compañías europeas para adquirir su petróleo y Teherán amenaza con cortar el grifo durante 15 años.