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Campaña presidencial en Francia Cisma en la derecha francesa: la peligrosa huida hacia adelante de François Fillon

Amenazado por la Justicia y las deserciones generales en su partido, François Fillon recibe un baño de masas en París. Los dirigentes conservadores discuten sobre un posible recambio.

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François Fillon saluda a los seguidores que salieron a la calle este domingo. - REUTERS

Ante la desbandada general de la derecha francesa, François Fillon mantiene su candidatura a las elecciones presidenciales. “Nadie puede impedirme ser candidato”, aseguró este domingo por la noche durante una entrevista televisiva. Estas declaraciones se produjeron pocas horas después de que el ex primer ministro durante la presidencia de Nicolas Sarkozy se diera un baño de masas en París. A menos de dos meses para las presidenciales, la candidatura del líder de la derecha republicana pende de un hilo por su implicación en el escándalo de empleos ficticios conocido popularmente como Penelope Gate.

Varias decenas de miles de personas (más de 200.000 según las estimaciones optimistas de los organizadores) se reunieron en la explanada de Trocadero para apoyarle durante una manifestación, organizada por su equipo de campaña (lo que queda de él) y el colectivo tradicionalista Sens Commun, vinculado al movimiento de La Manif pour tous que sacó a miles de personas a la calle en contra del matrimonio homosexual. El respaldo popular de los sectores más conservadores de la derecha republicana es el único apoyo sólido que le queda a un debilitado Fillon, que basó su candidatura a las presidenciales en torno a su supuesta probidad moral que ahora se ha visto cuestionada seriamente.

Investigado judicialmente por los supuestos empleos ficticios de su esposa y sus hijos como asistentes parlamentarios, que les permitieron ganar cerca de un millón de euros, el candidato de la derecha republicana ha perdido durante los últimos cinco días el apoyo de más de 300 cargos electos de su partido. Tras el anuncio el miércoles pasado de que probablemente será imputado el 15 de marzo, estos le piden que renuncie a presentarse y permita que el exministro Alain Juppé, que quedó segundo en las primarias de la derecha, lo reemplace como candidato. Un comité político extraordinario del partido Los Republicanos se reunirá este lunes por la tarde para “evaluar la situación”.

“¿Dejaréis que los intereses de camarillas y de carrera y las maniobras pasen por encima de la grandeza y la coherencia de un proyecto adoptado por cuatro millones de personas?”, preguntó de forma retórica Fillon durante su discurso en la manifestación. Calificó las deserciones de los miembros de su partido de “sin vergüenza y sin orgullo” y les reclamó un examen de consciencia. Ante el goteo constante de apoyos entre los barones, el candidato de la derecha republicana antepuso la legitimidad de haber ganado con claridad las primarias de la derecha francesa en noviembre, en las que participaron 4,4 millones de electores. Fillon basa, de hecho, la continuidad de su campaña en presentarse como la víctima de una conspiración del sistema judicial y mediático. Una retórica más bien característica de la extrema derecha francesa que de la derecha republicana.

“Piensan que estoy solo. Quieren que esté solo. ¿Pero estamos solos?”, afirmó Fillon ante un público entregado. Las decenas de miles de asistentes no dejaron de ondear las banderas tricolores distribuidas por los organizadores del acto y corearon gritos de “Ganaremos” o “Fillon, resiste” bajo un intenso chubasco. Se trató de toda una demostración de fuerza con la que el líder de la derecha republicana pretende relanzar su debilitada candidatura. Según los últimos sondeos, Fillon obtendría sólo un 17% y quedaría tercero en la primera vuelta de las presidenciales por detrás de la ultranacionalista Marine Le Pen (26%) y el centrista Emmanuel Macron (25%).

Aislado en el interior de su partido

Aunque la imagen pública de Fillon está muy deteriorada, éste conserva el respaldo de buena parte de los simpatizantes del partido Los Republicanos. El 53% de los votantes de la derecha republicana quieren que mantenga su candidatura, según un sondeo del Journal du Dimanche. Este apoyo mayoritario hace presagiar un divorcio entre las bases y los dirigentes del partido si estos obligan al ex primer ministro a retirarse.

Pese a la asistencia masiva en la manifestación, los cargos electos que piden la retirada de Fillon no han dejado de aumentar durante este fin de semana. Tres de los más importantes barones de la derecha francesa, presidentes de tres regiones y exministros, pidieron este domingo reunirse con Fillon para evaluar cómo promocionar una salida “respetuosa” del candidato. La conjura en el palacio de la derecha francesa recuerda la revuelta interna en Ferraz que obligó a Pedro Sánchez a dimitir como secretario general del PSOE.

Francois Fillon acompañado por su mujer, Penelope. - REUTERS

La hipótesis de que Juppé reemplace a Fillon como candidato se abre paso. Este romperá su silencio este lunes con una esperada rueda de prensa. Los lugartenientes del expresidente Sarkozy, mayoritarios en el interior del partido Los Republicanos, han dejado de oponerse a la candidatura alternativa de Juppé. “El veto ha terminado. Quieren simplemente que el partido Los Republicanos no se descomponga. Se trata de una formación que está muriendo”, explica la periodista del diario digital Mediapart Ellen Salvi, experta sobre la derecha francesa.

“Fillon está aislado políticamente. El aparato de su partido lo ha abandonado. La sede de su partido está prácticamente vacía”, afirma el analista político Philippe Breton. Ha dimitido incluso su director de campaña, Patrick Stefanini, un viejo colaborador del expresidente Jacques Chirac, considerado como un hombre clave en la sorprendente victoria de Fillon en las primarias. “Los pocos que siguen con Fillon son los responsables de comunicación, que no tienen experiencia haciendo campaña”, afirma Salvi.

Un electorado potencial del Frente Nacional

Esta solitud de Fillon entre los dirigentes de su partido contrasta con el notable apoyo popular con el que cuenta. Un respaldo procedente sobre todo de los sectores más reaccionarios de la derecha francesa, que temen que se imponga la línea más moderada de Juppé, que fracasó en su campaña para las primarias al haber defendido un programa tolerante con la inmigración y crítico con la islamofobia. “Estamos ante un pulso entre las dos derechas francesas, una derecha republicana y humanista contra una derecha tradicionalista, vinculada al movimiento de la Manif pour tous”, asegura Salvi.

“Estamos hartos de los chanchullos de Hollande que no hace más que inventarse escándalos. Destruyó la carrera política de Sarkozy y ahora quiere hacer lo mismo con Fillon”, afirma Bruno Dupuy, un jubilado presente en la manifestación acompañado de su mujer. Como buena parte de los manifestantes reunidos en Trocadero, este pone en duda la independencia de la justicia, en particular, de los fiscales.

“Fillon está alentando sus bases para que mantengan un discurso muy crítico con la justicia y el sistema mediático, lo que no es una buena cosa para la democracia”, reconoce Breton. Este discurso conspiratorio, que recuerda el estilo de Donald Trump en Estados Unidos o Berlusconi en Italia, ya fue inaugurado por Sarkozy en Francia. Con el objetivo de competir por una parte del electorado con el Frente Nacional, este radicalizó tanto su estilo como sus propuestas en materia de inmigración.

Fillon sigue ahora esta deriva ultraderechista con el objetivo de mantener su candidatura. “No debería decirlo, pero lo que me gusta de Marine Le Pen es que esta será capaz de limitar la inmigración”, declara Dupuy, quien no descarta la posibilidad de votar por la candidata del Frente Nacional en el caso de que esta se confronte en la segunda vuelta de las presidenciales con el exministro de Economía Emmanuel Macron. “El electorado de la derecha republicana se ha radicalizado hacia la extrema derecha”, advierte Salvi. Un traspaso de votos hacia el Frente Nacional que podría acentuarse si Fillon es reemplazado por los dirigentes de su partido en contra de la opinión de las bases.