Público
Público

Los civiles afganos no se libran del asalto de EEUU

Un misil de la OTAN mata por error a 12 civiles. La Alianza califica de éxito el asalto pero teme a las minas y a los talibanes ocultos

Publicidad
Media: 0
Votos: 0

Muchas minas y pocos talibanes es lo que se están encontrando las tropas de la OTAN, lideradas por EEUU, en su asalto al feudo talibán de Marjah, en el sur de Afganistán. Los combates fueron esporádicos en el segundo día de ataque en lo que parece una retirada parcial de los talibanes. Aunque el mando militar estadounidense habla de meticulosidad en sus operaciones, un error provocó la muerte de 12 civiles afganos por un misil desviado.

Ayer se produjo uno de los habituales errores que tanta popularidad ha costado a la OTAN entre la población civil afgana. Un misil dirigido contra un grupo de talibanes se desvió y acabó impactando contra un grupo de civiles matando a 12 personas.

El avance está siendo lento por las bombas que han dejado los talibanes

El presidente afgano, Hamid Karzai, que según las tropas de EEUU ha dado su visto bueno a la operación, se lamentó ayer por la muerte de inocentes pero con menos contundencia que en otros ataques. 'Todas las tropas afganas e internacionales deben tener el máximo cuidado para evitar daños contra la población civil', dijo Karzai en un comunicado. El presidente afgano también pidió a los talibanes que 'renuncien a la violencia y se reintegren a la vida civil'.

Las precauciones que están tomando las tropas asaltantes han dejado un saldo de dos muertos entre los miembros de la coalición y al menos una treintena de talibanes según la OTAN.

'Hemos cumplido con lo que queríamos hacer hoy: llevar las tropas a Marjah. Ha ido muy bien teniendo en cuenta la complejidad de lo que queremos hacer en un terreno desconocido. Mañana intentaremos ampliar nuestras posiciones', dijo ayer el general Lawrence Nicholson, máximo responsable de las tropas de la OTAN sobre el terreno.

El presidente Karzai pidió mayor protección para los civiles

Una ceremonia con más sentido simbólico que estratégico resumió lo que le espera a las tropas de la coalición, apoyadas por miles de soldados afganos, en los próximos días. Un soldado afgano izaba una bandera de su país en un edificio en Marjah y decía unas palabras que parecían escritas para la ocasión. 'Siempre he soñado con levantar la bandera de Afganistán en Marjah', dijo a la agencia Reuters el soldado Almast Khan. Acto seguido, unos francotiradores talibanes comenzaban a disparar contra los marines que protegían el acto.

El escenario es muy diferente al que algunos de los soldados habían visto en Irak. 'En Faluya era muy intenso pero era un ataque de norte a sur. Aquí vamos directamente al centro y recibimos disparos desde todos los ángulos', contó a Reuters el soldado Ryan Sparks, comparando el asalto a Marjah con el de la ciudad iraquí en 2004.

En la operación llamada Juntos, la más importante desde la invasión de Afganistán en 2001, Estados Unidos ha intentado involucrar al máximo nivel al Ejército afgano. En la fase inicial participan 15.000 soldados, 5.000 de ellos marines con apoyo del Ejército afgano y de tropas británicas.

El Ejército de EEUU ha admitido que el avance sobre Marjah está siendo más lento de lo esperado por las precauciones que toman en un terreno que los talibanes controlan desde hace tres años. Los radicales islámicos han sembrado de minas todos los accesos a la ciudad y se han aprovechado de los canales de regadío para complicar el avance de las tropas y blindados.

Aunque sobre el terreno parece que los talibanes han abandonado la zona, se estimaba que había unos 2.000, reaparecen ocasionalmente para retrasar cualquier avance de la coalición de tropas. Los militares estadounidenses afirman que los talibanes se han ocultado entre la población civil. Su tarea una vez tomado el control total de Marjah, será distinguir entre milicianos y civiles.

Mientras van tomando posiciones, las minas y los explosivos suponen el mayor problema para el avance de las tropas de la OTAN. Además de los vehículos antiminas, los marines lanzan cohetes que provocan explosiones en cadena para desactivar las bombas que los talibanes han dejado plantadas en los meses previos al asalto.

Los talibanes de la zona han tenido tres años para esconder cargas explosivas en los accesos a Marjah y en los canales de regadío que la rodean. Muchos de los explosivos han sido enterrados y envueltos en bolsas de plástico para evitar los detectores de bombas. Las cargas cuentan con diferentes tipos de detonadores: de presión, por cable o por control remoto.