Publicado: 15.02.2016 23:56 |Actualizado: 16.02.2016 07:00

“Fue un 'shock' ver cómo Europa nos cerraba las puertas. Pensábamos que aquí existían los derechos humanos”

Escritores, directores de cine y fotógrafos que han logrado huir de Siria y refugiarse en la UE cuentan la guerra desde dentro, tal y como la viven los civiles que se quedaron atrás.

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El fotógrafo Bilal Alshami, que logró huir a Líbano y luego a Francia, fue testigo del asedio a Homs. / BILAL ALSHAMI

El fotógrafo Bilal Alshami, que logró huir a Líbano y luego a Francia, fue testigo del asedio a Homs. / BILAL ALSHAMI

BARCELONA.- “Cielo, abre tus puertas”. Le siguen los disparos. Son las primeras imágenes grabadas a mediados de marzo de 2011 cuando la gente tomó las plazas. Ossama Mohammed y Wiam Simav Bedirxan han reunido más de mil y una imágenes de la guerra siria en el documental Silvered Water, Syria Self-Portrait, que se llevó un premio en el Festival de Cannes. “El primer día de la revolución, miles de sirios empezaron a grabar. Era una revolución en imágenes. Fue nuestro momento de libertad”, explica Ossama en una entrevista a Público desde París, donde vive exiliado.

Hoy, los civiles sirios “se encuentran en diferentes niveles de miseria. Están vivos, pero ya no pueden vivir. Muchos sufren el hambre y la escasez de medicinas, además de estar sometidos a bombardeos diarios”. No obstante, los atrapados en su propio país han desaparecido de las portadas. Son los intereses geopolíticos, que se cobran miles de vidas, los que ocupan los titulares. “Nosotros ya no decidimos nada en Siria. Ya no nos pertenece”, explica Ossama.

“El primer día de la revolución, miles de sirios empezaron a grabar. Era una revolución en imágenes. Fue nuestro momento de libertad”, explica Ossama Mohammed, coautor del documental 'Silvered Water, Syria Self-Portrait'

Acusa a los Estados europeos de observar con indiferencia los crímenes contra los civiles que se cometen en Siria de forma diaria. “Europa ha puesto la política en la primera línea de las prioridades. Poner la política por delante de la vida de la gente es un crimen. No puedes estar debatiendo sobre el régimen de Siria durante años, mientras se masacra a la gente en la calle. Defender la vida de los civiles sirios desde el inicio de la revolución hubiera cambiado por completo el mapa actual. Daesh nunca hubiera existido”.

Wiam Simav, exiliada también en Francia, grabó los bombardeos en Homs. Los niños improvisan escuelas en los sótanos y dibujan mientras las bombas vuelan sobre sus cabezas. Simav lo grabó todo, incluso cuando un francotirador le disparó. Huyó de Siria en 2014 porque su vida corría peligro. “Nadie tiene derecho a poner a un ser humano en estas situaciones. Arrastrarlo a vivir en estas condiciones, como vivió la gente de Homs, es un crimen. Es un factor que determina la violencia. No sé qué hubiera hecho cada uno de nosotros viviendo en estas condiciones. No me puedo imaginar a mí misma disparando, pero no sé cómo hubiera reaccionado si hubiera vivido en estas condiciones. No puedo y no quiero imaginármelo”. Ossama niega que la guerra siria sea una “guerra civil”, como la denomina la prensa. “No es una guerra civil, sino una guerra contra los civiles. Todos los bandos secuestran a los civiles”.

“No es una guerra civil, sino una guerra contra los civiles. Todos los bandos secuestran a los civiles”

La destrucción de Homs y la masacre de sus civiles también han sido documentadas por el fotógrafo Bilal Alshami. “No puedo explicar en tres líneas cómo se ha masacrado a la gente en Homs en tres años”. Él huyo del asedio en Homs a Líbano, y más tarde a Francia, con un visado de protección internacional.

Durante dos años, su cámara fue testigo de los bombardeos diarios que han destruido su ciudad. “Nadie tiene un interés real por la vida de los civiles sirios. Cuando decidí mostrar al mundo lo que pasaba en mi ciudad, perdí el miedo, aunque podía morir. Pero mostrar todas aquellas imágenes no ayudó a mi gente, porque todo el mundo vio la destrucción de Homs y asistió a ello con indiferencia. Mi obligación era mostrar lo que pasaba. Solo queremos que el mundo y el régimen dejen de matarnos”.

El fotógrafo Bilal Alshami, que logró huir a Líbano y luego a Francia, fue testigo del asedio a Homs. / BILAL ALSHAMI

El fotógrafo Bilal Alshami, que logró huir a Líbano y luego a Francia, fue testigo del asedio a Homs. / BILAL ALSHAMI

Bilal lleva ocho meses completamente abandonado en Francia. Tirado en un piso, a la espera de que alguien de las instituciones le permita ir a clases de francés. En Siria trabajaba como fotógrafo para Reuters y AFP. En Francia, hasta la fecha, no ha tenido ninguna oportunidad para seguir con su actividad o mostrar sus fotos. Lleva ocho meses sin nada que hacer.

“No quiero estar esperando los papeles ocho años. Es extraño estudiar francés solo en un país de habla francesa, como hago yo ahora”. En Siria, su hermano y su padre están detenidos. “Mi padre ha sido arrestado por el régimen. El juez pide unos 15.000 dólares de propina para dejarle en libertad. Sin este dinero, desaparecerá de nuevo. Es el precio que le han puesto a su vida. Pero esto pasa con muchos detenidos. La vida humana se vende. Ya sea a los islamistas o al régimen, debes pagar para que te dejen en libertad ».

Escribir poesía y pintar en medio de la violencia

Sherin Biro, procedente del norte de Siria, abandonó el país cuando el Daesh hirió a su primo. “Mis cuadros se quedaron en Kamishli. Las mujeres sufrimos la violencia tanto en Siria, como de camino a Europa. He vuelto a pintar dentro del campo de refugiados, en Alemania. Necesito hacerlo para frenar la masacre que vivimos”, explica en una conversación con Público.

“Los refugiados contaremos la verdad sobre las muertes de civiles en Siria. Nuestras vidas son el mejor testimonio. Sólo hace falta una cosa: que a los europeos les interese escucharnos”

Es su manera de combatir el horror. Como
Ibrahim Husseyn, escritor. En Damasco colaboraba con los periódicos locales, y tenía algunas poesías publicadas. Un artículo contra los movimientos islamistas desencadenó su huida del país. Ahora redacta un libro sobre la guerra siria y su éxodo a Alemania. Lleva la guerra dentro; un ruido que nunca cesa, dice.

Recuerda el ruido de los bombardeos sobre Damasco, al principio de la guerra. Y en Kamishli, a donde huyó, el zumbido constante de los generadores que mantenían con electricidad la ciudad. Ahora está en Alemania, pero el ruido no se silencia: los dormitorios con decenas de personas en los campos de refugiados. “Los refugiados contaremos la verdad sobre la guerra y las muertes de civiles en Siria. Nuestras vidas son el mejor testimonio. En nuestros teléfonos guardamos las fotos de los bombardeos que hemos vivido. Solo hace falta una cosa: que a los europeos les interese escucharnos”.



Critica la indiferencia de los medios europeos ante las muertes de civiles. “La coalición internacional bombardea a los civiles, Asad bombardea a los civiles, Rusia bombardea a los civiles. Cada día muere gente, pero parece que la pregunta que se hacen los medios es quién tiene derecho a matarnos y quién no. No se hace ninguna diferencia entre los civiles y los que tienen las armas. Los niños ya no van a la escuela desde hace años. No hay noticias sobre los civiles sirios, la gente de allí ha desaparecido”.

"Cada día muere gente, pero parece que la pregunta que se hacen los medios es quién tiene derecho a matarnos y quién no", critica el escritor Ibrahim Husseyn

Explica que en su ciudad natal, Kamishli, hay niños que solo han conocido una realidad, la guerra. “Caminan por la calle con un fusil al hombro que es más grande que ellos”. Al trauma psicológico de comprobar que no existe una reacción política ante las muertes de los civiles en Siria, Ibrahim suma las situaciones vividas tras su llegada a Europa.

“Para nosotros fue un shock ver que Europa nos cerraba las puertas. En Siria pensábamos que en Europa existían los derechos humanos”. Próximo al movimiento feminista kurdo, Ibrahim explica que en Siria los civiles se han convertido en moneda de cambio, han sido secuestrados por los intereses geopolíticos. “Todas las grandes potencias que bombardean Siria usan a los civiles en función de sus intereses y los masacran. Por ejemplo, Turquía afirma combatir el Daesh, pero por otro lado apoya a los militares del Estado Islámico en su lucha contra los kurdos. Todos los países potentes de la zona están de acuerdo en usar a los civiles para defender sus intereses y su lucha por los recursos”.

El fotógrafo Bilal Alshami, que logró huir a Líbano y luego a Francia, fue testigo del asedio a Homs. / BILAL ALSHAMI

El fotógrafo Bilal Alshami, que logró huir a Líbano y luego a Francia, fue testigo del asedio a Homs. / BILAL ALSHAMI

Alan Hassan, director del periódico local Nudem, sigue en el norte de Siria. En una conversación con Público, explica que los sirios que no quieren coger las armas deben huir. “Se aplica el principio si no estás con nosotros, estás en nuestra contra”, dice. Explica que los hospitales carecen de medicinas y muchísima gente herida en los bombardeos muere en ellos. A otros les es negada la atención médica por cuestiones étnicas, religiosas o políticas. “Está claro que la guerra acabará cuando haya un consenso internacional, lo que no sabemos ahora es quién impondrá el acuerdo: la geopolítica o el frente”.

Ayuda humanitaria para los civiles atrapados

Ibrahim Zoro vive en Suecia y forma parte de una organización política secular que milita por la justicia y el reconocimiento de los kurdos en la Constitución siria, una organización que une a árabes y kurdos. Organizan camiones de mantas y alimentos que se dirigen a pueblos del norte de Siria. “Hace cinco años que Europa conoce la masacre que vive la gente en Siria. ¿Dónde quedan los derechos humanos? ¿Cómo puede un ciudadano europeo o un niño europeo mirar en Internet hasta el final una escena en que un miembro del Daesh corta la cabeza a una víctima?”

El fotógrafo sirio Bilal Alshami, que logró huir a Líbano y luego a Francia, fue testigo del asedio a Homs. / BILAL ALSHAMI

El fotógrafo Bilal Alshami, que logró huir a Líbano y luego a Francia, fue testigo del asedio a Homs. / BILAL ALSHAMI

Wassim Zabad vive en Málaga, preside la asociación Palmira y colabora con CEAR en la ayuda a los refugiados y los envíos humanitarios a Siria. “Al régimen le faltan hombres y obliga a alistarse a todos los varones entre 17 y 45 años. En los negocios solo encuentras a las mujeres, los hombres se esconden. Han reclutado a más de 20.000 sólo en Damasco. Mis familiares no ven a hombres en la calle. Después de pasar entre diez y quince días en el ejército, los mandan al frente a morir”.

“Tanto dentro de Siria como fuera, los civiles huyen de una muerta a otra”, sentencia Wassim Zabad, presidente de Palmira

Wassim Zabad tira la toalla cuando escucha la palabra “derechos humanos”. “La indiferencia con la que se ha contemplado la masacre de los sirios ha tirado por tierra los derechos humanos. El hecho de que mueran miles de civiles no cuenta en la política exterior de las grandes potencias”.

Critica el cierre de las puertas a los civiles que huyen del país: primero Argelia, que prohíbe la entrada sin visado a los sirios desde 2014; y ahora Turquía que, según los últimos acuerdos con la Unión Europea, deberá mantener a los refugiados en su territorio y desempeñar el papel de guardián de la frontera de la UE, que no quiere abrir una vía segura para la entrada de los refugiados: “Tanto dentro de Siria como fuera, los civiles sirios huyen de una muerta a otra”, sentencia Wassim Zabad.