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Clinton lo apuesta todo a Texas

La senadora busca salvar su candidatura en ese Estado y en Ohio tras ocho victorias de Obama

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Hillary Clinton ya estaba en El Paso, Texas, cuando cayeron los resultados de las primarias del Potomac. En ningún momento de su discurso mencionó que había perdido en los tres Estados que el pasado martes otorgaron contundentes victorias a su rival, Barack Obama.

La ex primera dama lleva ocho derrotas consecutivas y ha puesto ahora todas sus esperanzas en Texas y Ohio, que votan el próximo 4 de marzo.

Es una táctica arriesgada, que algunos han comparado incluso a la estrategia que tan mal le fue al republicano Rudolph Giuliani en Florida: jugárselo todo a una carta, en este caso a dos. Clinton ha dado por perdidas las primarias de la semana que viene: Hawai, totalmente volcado con Obama, y Wisconsin, demasiado pequeño para marcar una diferencia. Prefiere concentrar sus energías en los Estados con más delegados: Ohio (161) y, sobre todo, Texas (228).

“He demostrado lo que puedo hacer; estoy lista, hagamos que esto ocurra”, dijo Hillary ante los miles de simpatizantes que se habían congregado en la universidad de El Paso.

La marea Obama

Mientras, entre bastidores, el número dos de su equipo, Mike Henry, anunció su dimisión, dos días después de que la jefa de campaña, Patti Solis Doyle, también renunciara a su cargo. Henry fue uno de los asesores que aconsejó a Clinton, sin mucho éxito, que no se presentara en Iowa al considerarlo demasiado arriesgado. Los hechos le dieron la razón.

Los cambios de personal y estrategia auguran que la batalla será dura. Con el sistema proporcional de reparto de votos que mantiene casi empatados a los dos candidatos, Clinton necesita ganar por un amplio margen (60%) para contener la marea Obama.

Con las últimas primarias, el senador por Illinois supera por primera vez a su rival en número total de delegados: 1.215 frente a 1.190, según los cálculos de la cadena CNN. Sus victorias se han convertido en un argumento electoral que utiliza para confirmar su viabilidad como candidato y su capacidad de movilización en paisajes sociales y geográficos muy distintos.

“Éste no es un proceso estático”, comentó el analista político, de orientación demócrata, Tad Devine, ya que “los resultados generan su propia dinámica, que afecta al comportamiento de los votantes”.

Obama ha ganado en 21 Estados; la ex primera dama, en 10. El pasado martes, en las primarias del Potomac consiguió mejores resultados de lo previsto con amplias victorias en Virginia (64%), Maryland (60%) y el Distrito de Columbia (75%).

Mucho más preocupante para Clinton es el hecho de que Obama haya empezado a seducir a los que hasta ahora constituían la base de su electorado: los votantes blancos, hombres más que mujeres, y sobre todo los hispanos que en Nevada y California se pronunciaron masivamente a favor de la ex primera dama.

En busca del voto latino 

Este último dato es fundamental de cara a Texas, donde los latinos representan el 25% de los demócratas. Los dos contendientes ya han empezado su operación de acoso y derribo con una andanada de anuncios en español.

Obama, llevado por el momentum, ese factor tan intangible, mezcla de percepción y realidad, habla como el candidato oficial, posicionándose frente a los republicanos, sin mencionar a Clinton.

“John McCain es un héroe americano y ha servido a este país, pero sus prioridades no reflejan los auténticos problemas de los estadounidenses y sus políticas sólo pueden fracasar porque están atadas al pasado”, dijo en Wisconsin, donde ya ha empezado a hacer campaña. Este movimiento no va a parar hasta que las cosas cambien en Washington”.

El duelo Clinton-Obama está movilizando activamente a las bases demócratas. En Virginia, casi un millón de personas votó en las primarias, un 130% más que hace cuatro años. En Maryland, los colegios cerraron con hora y media de retraso, pasadas las nueve de la noche, para contabilizar el voto de todos los que se habían quedado atrapados en el temporal de nieve y hielo que azotó la región.