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Clinton da un tirón de orejas a Netanyahu por las colonias

Washington presiona para que no se edifique en los asentamientos

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Hillary Clinton dio ayer un tirón de orejas a Binyamin Netanyahu en la cumbre de paz de Sharm el Sheij (Egipto) que proseguirá hoy en Jerusalén. Las reiteradas promesas del primer ministro israelí de que la moratoria de construcción de colonias judías en territorio palestino no se prorrogará fueron claramente contestadas por los representantes de Barack Obama.

'Tiene sentido extender la moratoria, especialmente teniendo en cuenta que las conversaciones se mueven en una dirección constructiva', subrayó el enviado estadounidense y mediador, George Mitchell.

Los palestinos se levantarán de la mesa si Israel sigue edificando

Pero, mientras EEUU presionaba en la localidad egipcia para que se renueve el cese de la edificación y Netanya-hu posaba sonriente dando la mano a Mahmud Abás, los bulldozers israelíes reiniciaban la construcción de cerca de cuatrocientas viviendas para judíos en la colonia ultraortodoxa de Modin Illit, en el territorio palestino de Cisjordania. Al mismo tiempo, se conocía que el próximo 7 de octubre el Comité de Planificación y Construcción de la Alcaldía de Jerusalén se reunirá para debatir la aprobación de 1.362 casas nuevas en Givat Hamatos, en la ocupada zona Este de la ciudad. Aunque en ese territorio no rige la moratoria, el anuncio de construcciones masivas podría encender las llamas y llevar a los palestinos a tirar la toalla.

Abás y Netanyahu intentarán de nuevo hoy en Jerusalén acordar una solución a la disputa sobre el crecimiento de las colonias, que amenaza con ser un obstáculo insalvable en el camino hacia la paz.

Un 48% de los israelíes se opone al acuerdo que ha propuesto Israel

La posición de los palestinos es, en principio, inflexible: se levantarán de la mesa de negociación si se sigue construyendo en los asentamientos. Se niegan a seguir debatiendo quién se queda con la tarta, mientras Israel se la come.

'Si Obama quiere llegar a un acuerdo en un año, lo primero que tiene que hacer es frenar la expansión colonial. No estamos hablando de desmantelar los asentamientos, sino sólo de congelar la construcción', explicó a Público una fuente palestina cercana a la negociación. 'Netanyahu tiene presión de los colonos, pero nosotros también tenemos nuestro público interno, al que tenemos que responder', añadió dicha fuente.

Sin embargo, pese a las claras amenazas de Abás, es bastante improbable que el presidente Obama vaya a permitir que nadie abandone el proceso de paz antes de las elecciones parciales estadounidenses del próximo noviembre.

Los palestinos creen que las cartas están sobre la mesa y que le toca a Israel hacer juego y tomar medidas para 'garantizar que el diálogo pueda avanzar'.

La presión que tendrá que vencer Netanyahu para paralizar la expansión colonial no es baladí: la mayor parte de los miembros de su Gabinete le exigen que reinicie la construcción, una postura que apoya el 51% de la población israelí, según una encuesta difundida ayer por el diario Yedioth Ahronoth.

Si se atiende a la opinión de la calle, las expectativas para la paz no podían ser más negras. Un 48% de la población israelí se opone a un acuerdo de paz en el que se cumplan las condiciones de Israel (reconocimiento como Estado judío y devolución de la mayor parte de Cisjordania, a excepción de los grandes bloques de asentamientos, a cambio de intercambios territoriales). Sólo un 45% asegura que aceptaría esa solución. Y eso sin hablar del reparto de los lugares sagrados o del regreso de los refugiados palestinos.

La cuestión ahora está en la presión que decida aplicar Obama al Estado judío. Wa-shington retorció el brazo a los palestinos para que iniciasen un proceso negociador en el que no creían y les prometió tener más margen para manejar a Israel una vez que estuviesen sentados cara a cara en la mesa de negociación. El tirón de orejas de ayer podría ser el primer paso.