Publicado: 07.11.2016 19:55 |Actualizado: 07.11.2016 19:55

Clinton y Trump tratan de sobreponerse a su impopularidad

La investigación del FBI ha supuesto un revés para la demócrata, aún por delante en los sondeos. El magnate, a pesar de todas sus polémicas, ha logrado reducir la ventaja. 

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Un oso polar del zoo de Krasnoyarsk, Rusia, 'predice' el ganador de las elecciones en EEUU. - REUTERS

Un oso polar del zoo de Krasnoyarsk, Rusia, 'predice' el ganador de las elecciones en EEUU. - REUTERS

MADRID.- El sucesor de Barack Obama en la Casa Blanca será uno de los dos candidatos más impopulares entre los que los estadounidenses han tenido que elegir en su historia. Tanto la candidata demócrata, Hillary Clinton, como el republicano, Donald Trump, no parecen ser del agrado de los electores, quienes podrían optar por quedarse en casa este 8 de noviembre o incluso optar por dar su voto a los candidatos minoritarios.

El último sondeo publicado este lunes por The Washington Post y la cadena de televisión ABC pone de manifiesto que la inmensa mayoría de los estadounidenses no ven con buenos ojos a los dos aspirantes a llegar a la Casa Blanca. Así, el 60% de los probables votantes ven de forma desfavorable a Trump y el 56% a Clinton.

Lo que muchos creían que iba a ser un camino de rosas de Clinton hacia la Casa Blanca ha resultado ser un camino plagado de obstáculos. La antigua primera dama tuvo que pelear más de lo esperado para obtener la candidatura demócrata ante el senador Bernie Sanders, cuyo respaldo entre los jóvenes le permitió aguantar con opciones hasta bien entrado el proceso de primarias. Una vez designada por la convención demócrata en julio, los sondeos daban a la antigua secretaria de Estado una cómoda ventaja, que aumentaba o se reducía mínimamente, en función de las declaraciones, frecuentemente polémicas, de su rival.



En tanto, Trump, que muchos confiaban en que rebajaría el tono una vez designado, ha mantenido su carácter beligerante con distintos sectores de la sociedad y se ha visto salpicado por varios escándalos, el último de ellos, la publicación de un vídeo de 2005 en el que hacía comentarios obscenos y denigrantes sobre las mujeres. La grabación generó un alud de críticas, incluso entre algunos miembros del Partido Republicano que llegaron a retirarle su apoyo, pero no supuso, como se podría esperar, el fin de la candidatura del magnate.

De hecho, la caída momentánea experimentada por el multimillonario en los sondeos en los días posteriores pronto comenzó a recuperarse y entonces saltó una nueva sorpresa: el 28 de octubre el director del FBI, James Comey, anunciaba que su departamento iba a investigar una nueva batería de emails enviados por Clinton durante su etapa al frente del Departamento de Estado, a pesar de que en septiembre rechazó presentar cargos contra ella.

La noticia cayó como una bomba a menos de dos semanas para las elecciones, desenterrando el fantasma de los correos de Clinton que le ha perseguido durante toda la campaña y provocando una tromba de críticas hacia Comey, de quien se ha cuestionado incluso su intención de influir en el resultado del 8 de noviembre al hacer el anuncio y por la falta de base en la que sustentar la investigación. Todo ello para indicar este domingo nuevamente que no hay base para imputar a la antigua primera dama.

Hillary Clinton, durante uno de sus últimos mítines en Pittsburgh,  Pennsylvania. - REUTERS

Hillary Clinton, durante uno de sus últimos mítines en Pittsburgh, Pennsylvania. - REUTERS

Lo cierto es que se ha producido lo que se ha denominado como efecto Comey y Clinton ha cedido algo de terreno frente a su rival. Las últimas encuestas dan a la demócrata una ventaja de entre tres y seis puntos sobre su rival. Sea como sea, la brecha entre la antigua primera dama y el magnate se ha reducido y con ello han aumentado las opciones del segundo, para quien la Casa Blanca era en un principio un objetivo nebuloso al final del camino.

Charlie Cook, editor de The Cook Political Report, una web especializada, dice que su "corazonada es que es demasiado tarde para Donald Trump". "El jurado había deliberado largo y tendido y estaba llenando la sala para emitir su veredicto cuando se conoció la noticia", escribe en su blog. Por su parte, la conocida web FiveThirtyEight, especializada en hacer análisis y pronósticos sobre las elecciones, ha ido reduciendo a lo largo de la última semana las opciones que tiene Clinton de alzarse finalmente con la Presidencia, aunque sigue dándole ventaja con respecto a Trump.

Su último pronóstico, tras los nuevos sondeos, da a Clinton un 67,6% de opciones, frente al 32,3% de Trump. Según explica en su último artículo su director, Nat Silver, desde que Comey hizo su anuncio la ventaja de la candidata demócrata sobre su rival ha pasado de ser de unos 5,7 puntos a 2,9. No obstante, reconoce que es difícil de determinar cuánta de esta pérdida de apoyo se debe al anuncio del director del FBI.

Otro de los temores que planean en la recta final de una campaña especialmente agitada y marcada por las descalificaciones es que los sondeos no estén reflejando la realidad del electorado. Desde el Partido Republicano, algunos dirigentes han sostenido que existe un voto oculto que se resiste a reconocer públicamente que votará por Trump pero que el 8 de noviembre depositará en la urna la papeleta con su nombre.

Donald Trump abraza una bandera de EEUU durante un acto de campaña en  Leesburg, Virginia. - EFE

Donald Trump abraza una bandera de EEUU durante un acto de campaña en Leesburg, Virginia. - EFE

Así las cosas, Trump sigue convencido de que puede dar la campanada este martes, pese a que cuando se lanzó al ring en junio de 2015 pocos pensaban que llegaría tan lejos y mucho menos después de que en el último año haya acumulado tal cantidad de agravios contra diversos colectivos como los hispanos, los musulmanes o las mujeres que teóricamente le han restado votos. Además, ha amenazado con no reconocer el resultado si no es él el ganador, algo que no ha ocurrido nunca hasta ahora y que le ha granjeado no pocas críticas.

Su llegada a la Casa Blanca supondría la entrada de un outsider. Por norma general, los presidentes de Estados Unidos han ocupado previamente algún cargo electo, han pasado por el Ejército ─como fue el caso de Dwight Eisenhower─ o han ocupado algún tipo de cargo público ─como Hebert Hoover, que fue secretario de Comercio y director de la Administración de Alimentos─.

El magnate no cumple con ninguno de estos requisitos. En 1940 los republicanos también nombraron a un outsider cuya trayectoria es muy similar a la Trump: Wendell Willkie. Este empresario de Nueva York, que inicialmente había sido demócrata y cuyos discursos también eran incendiarios, tuvo que pelear para ganarse el apoyo de los republicanos para finalmente perder en las elecciones frente a Franklin D. Roosevelt.

Clinton aspira a hacer historia por varios motivos. En primer lugar, porque sería la primera presidenta de Estados Unidos, un país en el que la presencia de las mujeres en la política todavía es reducida. En segundo lugar, porque sería la primera vez que una antigua primera dama vuelve a la Casa Blanca, ahora como inquilina principal.

Además, una victoria de Clinton permitiría a los demócratas mantener tres mandatos seguidos la Presidencia, algo que no ocurre desde que en 1945 Harry Truman tomó el relevo a Franklin D. Roosevelt. Asimismo, si la antigua secretaria de Estado gana, las opciones de que los demócratas puedan recuperar el control del Senado, que perdieron en 2014, aumentan, puesto que su vicepresidente, Mike Pence, sería el presidente de la Cámara y sólo necesitarían arrebatar cuatro escaños a los republicanos.