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El club de 'groupies' de Kim Jong Il

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Un avión ruso Tupolev de la compañía norcoreana Air Koryo vuela entre Pekín y Pyongyang. A bordo, muchos occidentales, la mayoría diplomáticos o cooperantes, leen el único periódico en inglés del país, The Pyongyang Times. En portada, un retrato a toda página de Kim Jong Il con 30 años menos, con motivo de su 'reelección' como jefe del Partido de los Trabajadores. Al aterrizar en la ciudad, los occidentales tiran el diario al suelo del avión de cualquier manera. Excepto algunos, que comienzan a plegarlo de una manera extraña. 'No se puede doblar la imagen del Gran Líder Kim Jong Il', explica Martin Lötscher, el presidente de la Asociación de Amistad con Corea (KFA) en Suiza, mientras hace malabarismos para no alterar la foto del tirano.

Público se ha colado en una delegación de esta organización para recorrer durante 10 días de octubre algunos lugares autorizados por el régimen de Corea del Norte. La visita incluye fábricas, escuelas y, sobre todo, museos consagrados al culto a Kim Jong Il. Los miembros de la KFA adoran al dictador como si fuera un dios. Cuando el déspota se asoma al balcón tras el desfile militar del 10 de octubre en Pyongyang, estallan de júbilo. 'Me recuerdan a las groupies del club de fans de Bob Dylan', dice Luis Pedro López, un madrileño que viaja con la organización. Lötscher, que trabaja en una imprenta en Basilea, señala con lágrimas en los ojos, a 20 metros de Kim Jong Il, que 'moriría por el Gran Líder'.

Los miembros de la KFA niegan las torturas y las ejecuciones sumarias practicadas por el régimen norcoreano. Los vídeos de los fusilamientos o los documentales que recogen testimonios estremecedores de refugiados norcoreanos, como Kimjongilia o Acceso al terror, un reportaje de la BBC que desvelaba ensayos de armas químicas en cobayas humanas, son 'mentiras pagadas por las embajadas de EEUU'. Las denuncias de Amnistía Internacional, una organización que no acepta dinero de ningún gobierno y ha acusado a EEUU de ejecutar a personas con discapacidad intelectual, también son 'invenciones', como los informes del Programa Mundial de Alimentos de la ONU, que alerta de una hambruna en el país.

Acceder a la delegación fue sencillo: bastó un e-mail a Alejandro Cao de Benós, el español que fundó la asociación en 2000. Diez años después, la KFA presume de 'miles de miembros en 120 países'. Cao de Benós, pese a conocer la profesión de este periodista, gestiona el visado y exige la misma cantidad que a todo el mundo: unos 2.500 euros por un viaje de 10 días desde Pekín, a condición de no escribir nada. 350 euros por adelantado en una cuenta a su nombre y el resto en mano en un lujoso hotel de la capital china.

'Por favor, a todos los efectos, simplemente especifica que actualmente eres veterinario y ejerces tu propio negocio en Madrid, 'Veterinario Ansede'. Nuestras condiciones de entrada para cualquier persona que esté relacionada con el mundo del periodismo son superestrictas. El 99% son denegadas, y el 1% tardan unos 4 años en conseguir el permiso y los precios rondan los 1.000 euros por día. Por eso es mejor no mencionarlo', instruye Cao de Benós. Durante los 10 días de viaje, este periodista se hace pasar por veterinario de cerdos en pequeños interrogatorios con funcionarios norcoreanos.

El español, que presume de ser 'descendiente primogénito de los barones de Lés, condes de Argelejo y marqueses de Rosalmonte', tiene un puesto honorario en una institución de Pyongyang equivalente a Casa Asia. Dice que es el único occidental en el gobierno de Kim Jong Il y asegura que no ve un euro de Corea del Norte. Su negocio está en otro lado. La KFA organiza cuatro viajes al año para grupos de hasta 20 personas. Cada una de ellas paga 2.500 euros.

Cao de Benós asegura que Corea del Norte es 'un paraíso', porque 'no hay cocaína, ni grafitis, ni homosexuales, ni corrupción, ni islam, ni terrorismo, ni mormones, ni Testigos de Jehová'. Sin embargo, vive la mayor parte del año en Tarragona y tiene un blog y una cuenta en Facebook, privilegios proscritos por el régimen. No dispone de una vivienda en Corea del Norte, como se ha publicado en ocasiones. Cuando visita Pyongyang, duerme en un hotel céntrico, según sus colaboradores norcoreanos.

El discurso de Cao de Benós es contradictorio. Por un lado, se declara comunista y camarada ideológico de Kim Jong Il, aunque es muy dudoso que la dictadura megalómana y hereditaria de Corea del Norte se pueda tildar de comunista. Por otro, el español presume ante un empresario holandés de que el país asiático 'es un paraíso fiscal'. El emprendedor, interesado en los mínimos costes de producción de Corea del Norte (los trabajadores ganan unos dos euros al mes), escucha con atención. 'Es posible entrar en Corea del Norte con la cantidad que quieras en metálico y abrir cuentas con millones de euros en los bancos de Pyongyang', explica Cao de Benós con una sonrisa.