Publicado:  23.03.2008 19:08 | Actualizado:  23.03.2008 19:08

Coladero de opio y talibanes

Los talibanes se mueven a su antojo entre Afganistán y Pakistán gracias a la dificultad de blindar la frontera

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El problema al que nos enfrentamos no es sólo la longitud, sino la gran porosidad de la frontera con Pakistán", comenta Alexander Weh, experto en seguridad fronteriza de la Misión de Asistencia Policial de la UE en Afganistán (EUPOL). "Además, es complicado impermeabilizarla cuando una de las partes -Afganistán- no reconoce su demarcación", añade este capitán de la Policía Federal alemana en alusión a la llamada Línea Durand.

Establecida por los británicos en 1893, esta línea divisoria responde al principio divide et impera -divide y vencerás-.Una división artificial de un territorio homogéneo, tanto geográfica como étnicamente, dominado por los pastunes y conocido como Territorios Tribales Administrados Federalmente (FATA, en inglés). El objetivo: debilitar la zona.
Esta región, junto a las llamadas Provincias de la Frontera Noroseste de Pakistán, se ha convertido en el principal centro de reclutamiento y rearme de los talibanes, así como en vía de paso para la transformación del opio y la exportación de la heroína. "Las organizaciones criminales se las han ingeniado para trabajar juntas tanto en lado afgano como en el paquistaní. Están íntimamente conectadas", señala un experto antidroga de la embajada alemana.

La falta de una Policía afgana de fronteras lo suficientemente numerosa y eficaz -actualmente la forman 9.000 agentes, aunque está previsto que pasen a ser 12.000-hace que la frontera se haya convertido en un coladero en ambas direcciones.

Por un lado, permite la huida de los talibanes al otro lado, donde se camuflan entre la población de las áreas pastunes. Por otro, su paso al país vecino facilita que se reorganicen, y vuelvan a penetrar en territorio afgano para atacar. "Aunque el Gobierno de [el presidente afgano, Hamid] Karzai no reconozca la frontera, desde el punto de vista práctico no le queda más remedio que aceptar la instalación de vallas y sensores en su lado de la línea", asegura Weh.

Sin embargo, el Gobierno afgano se ha negado en repetidas ocasiones al levantamiento de estas paredes de alambre; no parece confiar ensu utilidad para frenar las masacres. Una de las más recientes se produjo 18 de febrero, coincidiendo con las legislativas de Pakistán. Un conductor suicida detonó un coche-bomba al paso de un convoy canadiense de ISAF (Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad, liderada porla OTAN) en la localidad limítrofe de Spin Boldak, causando 40 muertos y varias decenas de heridos.No fue éste el atentado más violento. El día anterior otro suicida se inmoló durante una pelea canina en Kandahar, matando a más de un centenar de personas.

"Ambos atentados confirman el cambio de táctica por parte de los talibanes que, acosados por nuestras Fuerzas de Seguridad Nacional y por ISAF, están pasando a efectuar acciones suicidas similares a las de Irak", dice a Público por teléfono el portavoz del Ministerio del Interior afgano, Zalmay Bashary.

"Están desesperados", añade quizá con demasiado optimismo el general Branco, portavoz militar de ISAF en su cuartel de Kabul. "Con estos ataques sólo buscan salir
en las noticias pero al final se volverán contra ellos, porque la mayoría de las víctimas son civiles", continúa el militar portugués.

El mismo patrón se observa cada vez más en Pakistán, donde las últimas elecciones fueron también escenario de varios atentados suicidas. El registrado el día 16 contra la sede del Partido Popular de Pakistán en la también fronteriza localidad de Parachinar -en las que el Ejército estadounidense perdió la pista a Osama Bin Laden- confirma este nuevo modus operandi. Los extremistas se radicalizan a ambos lados de la Línea Durand.

Aviones Tornado

Para combatir la creciente insurgencia, las fuerzas internacionales se sirven de la más alta tecnología como la que incorporan los aviones Tornado alemanes. En sus vuelos de reconocimiento a ras de suelo, sus sistemas de detección, basados en cámaras de alta definición, proporcionan mucha información al Mando de Inteligencia de ISAF.

Los americanos van más allá. Sus tropas cuentan con unidades especiales que realizan operaciones encubiertas al otro lado de la frontera. Incluso, aunque el presidente Pervez Musharraf no lo haya reconocido en público, cuentan con su autorización para realizar asesinatos selectivos de supuestos terroristas mediante el uso de
cohetes lanzados por aviones no tripulados.

El control de las fronteras también resulta clave en la lucha contra el narcotráfico. Según explica a Público el asesor antidroga de una embajada occidental en
Kabul, el 53% de la heroína que exporta el principal productor mundial de opio se hace a través de la frontera con Irán. El contrabando vía Pakistán es del 28% mientras que el 19% restante viaja por el norte.

Teniendo en cuenta estos datos, la Línea Durand tendría una importancia más marginal en lo que a exportación de heroína se refiere. Sin embargo, resulta vital para la importación de las sustancias químicas que permiten la transformación del opio en la codiciada heroína.

"Patrullar dicha frontera es muy difícil, pues son miles de kilómetros. También la que tenemos con Irán es grande y difícil de controlar y los contrabandistas logran colarse por ellas", admite el general Daúd, viceministro de Contranarcóticos, en una entrevista en su despacho de Kabul. "Las capacidades de nuestra guardia de fronteras no son óptimas y debemos mejorarlas. Para ello necesitamos la ayuda de la comunidad internacional", señala.

Camuflado como arsénico

Entre los representantes occidentales, los hay que acusan directamente al general de ser uno de los capos de la droga en Afganistán. Algo parecido a las acusaciones que planean, eso sí, en círculos privados, sobre el hermano del presidente Karzai.

A día de hoy, los narcos llegan a transformar en heroína hasta un 75% en territorio afgano, según apuntan dos asesores antidroga occidentales que prefieren permanecer en el anonimato. Para ello, miles de kilos de sustancias químicas pasan la frontera, camuflados en cajas con otras etiquetas de productos legales. "Si el nombre que aparece en la mercancía es arsénico, nadie le presta atención y pasa con total libertad", asegura uno de los expertos. Según el general Daúd, "es cierto que en 2007 han entrado unos 10.000 kilos de productos químicos, pero hemos decomisado más de 80 toneladas".

En cualquier caso, tal como ha ocurrido en Irak con la frontera que tiene con Siria, el control de la frontera resulta imperativo para los países occidentales implicados en la estabilización y reconstrucción de Afganistán. De ello depende el éxito de la misión de ISAF y el prestigio de la OTAN.

Las persectivas no son buenos. Los combates entre la insurgencia talibán y las fuerzas internacionales y afganas son constantes. No hay fin a la vista para la insurgencia.
El año 2007 fue el más sangriento desde el comienzo de la operación Libertad duradera liderada por EEUU tras el 11 de septiembre. Más de 6.000 personas murieron víctimas de la violencia.

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