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COLOMBIA "Los acuerdos de paz son la gran esperanza para el pueblo colombiano, que va a luchar por hacerla realidad"

Huber Ballesteros, militante del movimiento político Marcha Patriótica, fue liberado el pasado enero de la cárcel colombiana tras pasar encarcelado tres años y medio por “falsas acusaciones” de revolución agravada y financiación al terrorismo.

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Huber Ballesteros en una manifestación en Colombia del Movimiento Social y Político Marcha Patriótica /Marcha Patriótica

Posiblemente la noticia del rechazo al acuerdo de paz de Colombia en el referéndum del 2 de octubre pase a la historia como una de los momentos más trágicos del Siglos XXI. Cuando se creía que el pueblo respaldaría el acuerdo, la opción del “no” ganó con tan solo un 50,21% frente a los “sí” del 49,78%. Pero esto no marcó ningún fin a los procesos de paz y continuaron las negociaciones. El Presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, y el jefe de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), ‘Timochenko’, firmaron el 24 de noviembre un nuevo acuerdo. 

Huber Ballesteros vivió gran parte de este proceso desde la cárcel colombiana. “Mi militancia política me llevó a ser preso político” - Ballesteros es rotundo y conciso, tanto para la denuncia del Gobierno colombiano como para plasmar la realidad política y social del país - “La comunidad está escéptica ante los acuerdos. El momento es muy complicado. Pero en todos los procesos de paz han existido dificultades y Colombia no va a ser la excepción. Los acuerdos de paz son la gran esperanza para el pueblo colombiano, que va a luchar por hacerla realidad”.

Ballesteros ha sido militante comunista durante 31 años. Actualmente es integrante del comité ejecutivo nacional de la Central Unitaria de Trabajadores y de la Junta Nacional del movimiento social y político Marcha Patriótica. Su militancia nunca ha parado: “he estado en todo el proceso de acompañamiento de los movimientos sociales y de las jornadas de protesta y movilización. Eso supuso que el gobierno colombiano me condenase a prisión en 2013. Hasta enero de 2017 no cobré la libertad. Ahora he salido de la cárcel porque el estado no pudo en esos tres años y medio probar sus acusaciones”.

“En el momento en el que fui condenado estábamos organizando el paro agrario de 2013” aclara Ballesteros. Este fue uno de los más masivos en Colombia, duró cerca de 50 días y se paralizaron las principales vías del país. “Estábamos en el día seis del paro, yo estaba en Bogotá oficiando como negociador y vocero del movimiento campesino cuando fui detenido por la policía colombiana acusado de revolución agravada y de ser integrante de la dirección nacional de las FARC y de financiación a la insurgencia” – denuncia Ballesteros - “el paro terminó con una negociación de un pliego por el que seguimos luchando para el que gobierno cumpla”.

Manifestantes colombianos pidiendo la libertad de Huber Ballesteros durante su tiempo de prisión /Marcha Patriótica

La esperanza del proceso de paz tras 53 años de conflicto

“Cuando yo soy hecho prisionero estábamos en el comienzo de un proceso de paz. Para ese momento, que el diálogo terminara con un acuerdo era algo bastante incierto. Todos teníamos el temor de que los diálogos se frustraran como se frustraron tantas veces desde el año 84, cuando comenzó el primer dialogo con las FARC. El proceso se fue consolidando y cuando cobro la libertad ya hay un acuerdo general firmado con seis puntos. Ahora la tarea es otra: reforzar e implementar”.

El conflicto armado en Colombia lleva alrededor de 53 años y hay muchas causas que lo mantienen en pie, pero principalmente, la pobreza y la inequidad son los motivos que han mantenido la lucha en el país. La llegada de Juan Manuel Santos al Gobierno colombiano dio paso a que comenzasen los procesos de diálogo con las FARC y el Ejército de Liberación Nacional (ELN). Ya se han firmado una serie de acuerdos pero “el proceso no está libre de dificultades” – aclara Ballesteros – “hay una ultraderecha opuesta al que el acuerdo se implemente porque va a afectar al estatus quo. El punto uno afecta al modelo de desarrollo rural al haber una reforma agraria parcial que entregará tres millones de hectáreas a los campesinos que no la posean. Este es un logro importante de los diálogos que va afectar a la clase más retardataria del país que son los latifundistas conservadores ligados al narcotráfico y paramilitarismo.”

“Es comprensible que un acuerdo que apenas lleva seis meses tenga estas dificultades. Todos los acuerdos de paz tienen dificultades, y Colombia no va a ser esa excepción. Lo que esperamos es que el pueblo colombiano vaya apropiándose cada vez mas de su contenido y que vaya siendo más consciente del alcance y de las reformas políticas, económicas y sociales de su implementación”.

Manifestación de Marcha Patriótica por la "Justicia Social" /Marcha Patriótica

“Más de 1.500 presos políticos siguen en cárceles colombianas”

Ballesteros recobró la libertad por el acuerdo de paz entre el gobierno y la insurgencia, pero denuncia que “no todos recobraron pronto la libertad y más de mil quinientos presos políticos continúan en las cárceles colombianas. Hay que seguir luchando por la libertad de los prisioneros políticos. Hay un grupo muy grande entre ellos que están en huelga de hambre desde hace dos semanas, y no vemos una voluntad del sistema judicial para aplicar las normas ya aprobadas sobre la amnistía e indulto y tratamientos penales especiales.”

Durante su estancia en la cárcel, ha sido reconocido como preso político. “Los años de prisión son difíciles. Las cárceles en Colombia tienen un hacinamiento muy grande. Las condiciones de sanidad son muy precarias, no hay atención en salud, la alimentación es muy deficiente y no hay espacios para la educación y el trabajo. El hecho de ser prisionero político hace que el tratamiento sea particularmente represivo porque el Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario al que pertenece el cuerpo de Guardia y custodia es entrenado bajo una concepción militar y al entrar a prisión con el carácter político el trato es más cruel y discriminatorio que hacia otros internos. Pero todo militante se acostumbra a esto en Colombia”.

En todas las cárceles existían los comités de prisioneros políticos y desde allí se seguía adelantando la labor: “no solo adelantamos la labor de la organización política propia, sino que desde allí desplegábamos una actividad hacia el resto de población carcelaria para luchar por los derechos. Así que uno termina haciendo la cárcel un lugar de trabajo y lucha, que es un atenuante para el tiempo de prisión”.

Marcha Patriótica, escenario de convergencia de la lucha y movilización social

El movimiento político ha cumplido un papel importante en los últimos cinco años que es el de ser un escenario de convergencia de la lucha y de la movilización social: “Hemos pretendido trascender hacia la lucha política por el poder, por eso participamos en las últimas elecciones y estamos desarrollando una estrategia electoral para participar en las elecciones de presidencia y congreso de 2018. Esa estrategia se desarrolla teniendo en cuenta que vamos a acompañar la propuesta que hizo el jefe de las FARC, 'Timochenko', de la convergencia hacia un gobierno de transición, pensando en las elecciones de 2018”.

¿Hay relación entre marcha patriótica y las FARC? – le pregunto aludiendo a las muchas acusaciones existentes hacia esta unión – “No existe una relación directa mas allá de los informes de inteligencia del ejército y de la policía colombiana, lo que pasa es que Colombia es un país con una desigualdad enorme de una población que desarrolla una resistencia de diversas formas. Marcha patriótica y el movimiento sindical son formas de resistencia civil ante las políticas del estado y las FARC una forma de resistencia político-armada. Sin existir una relación orgánica ni un pacto que indique este efecto, se tienen coincidencias. Es decir, la insurgencia luchaba por la reforma agraria y nosotros también sin ser ninguno de ellos dos apéndices del otro. Igual se luchaba por la reforma urbana, por la apertura democrática, por un cambio de régimen económico… así que hay coincidencias de luchas y de planteamientos políticos, pero no hay un acuerdo ni unidad orgánica. Es una coincidencia natural dando las condiciones de desigualdad que vive nuestro país. Pero esto no nos hace ser miembros de ninguna organización armada.”

Otro de los trabajos que está llevando a cabo Marcha patriótica es el desarrollo de los sectores sociales que deben asegurarse durante la implementación de los acuerdos de paz: El enfoque diferencial de género, el enfoque diferencial étnico que tenga en cuenta las comunidades afrodescendientes e indígenas y la recuperación de memoria histórica y de las víctimas de la Guerra.

Colombianos se concentran en diversos puntos del país para ver la firma del acuerdo y celebrar la paz /REUTERS

Amenazas a la izquierda y al proceso: La ultraderecha de Colombia

“Hay un movimiento social que está siendo perseguido y atacado por las fuerzas de ultraderecha, los grupos paramilitares, que buscan que no se logre el retorno de los desplazados a sus lugares y que no haya restitución de tierras. La comunidad esta escéptica de los alcances que pueda tener, no porque no crean en los acuerdos, sino porque consideran que no hay condiciones institucionales para que se desarrollen con normalidad porque hay una ultraderecha muy violenta que busca que no se implementen”.

El peligro de la ultraderecha colombiana no es nada nuevo, “es común la persecución y el asesinato a los lideres sociales y sindicales por parte de los grupos paramilitares. En particular, yo estoy ahora amenazado de muerte y se me exige la salida del país, cosa que yo evidentemente no voy a a hacer porque yo tengo un compromiso con la gente de mi país y es estar con ellos en la lucha política reivindicativa y revolucionaria”.

¿Cómo te llegan esas amenazas? “Las amenazas me llegan por mi cuenta personal de Whatssap y mi cuenta de Facebok, me anuncian que soy objetivo militar de un grupo denominado Autodefensa Unidas de Colombia. Grupo que realmente ya no existe pero que sigue siendo utilizado por grupos y personas de ultraderecha desde el establecimiento para amenazar a líderes sociales y para asesinarlos. En tres meses llevo ocho amenazas en las cuales también se amenaza a mi familia. Pero bueno, en Colombia esto es parte de la cotidianidad de la militancia, y hemos enfrentado esto desde hace muchos años y lo vamos a seguir enfrentando”.